viernes, 18 de julio de 2008

MÁS DE LO MISMO


No es fácil idearse una personalidad dentro de ese laboratorio de inutilidades que es la vida productiva.
El artista no duerme.
El artista no pide préstamos para construir una casa.
El artista no se mete los dedos a la nariz.
El artista no viaja en autobús.
El artista no camina diez cuadras buscando alguien que le haga cambio un billete de a cien.
Las personas comunes y corrientes padecen todo esto como castigo por carecer de talento. Es gente sin grandes conocimientos que rumian día y noche su mediocridad. Abren la boca para reírse de cualquier tontería y atiborran las salas de cine para ver películas tontas.
La grandilocuencia dicta que el artista debe estar vacunado contra ese tipo de alergias y presume —de forma ridícula— que es más importante sostener una efectiva conversación con poderosos impulsores de su obra, que perder el tiempo con personas comunes y corrientes que pueden expresar de una forma honesta, pero sencilla la valoración que sienten por su trabajo.

1 comentario:

Olga A. de Linares dijo...

Hola... No sé cuándo dejaste tu mensaje sobre mi cuentito en Químicamente Impuro, pero yo acabo de verlo. Para retribuir la gentileza, me vine hasta acá a visitarte, y leer algo de lo tuyo. Me ha gustado mucho lo que encontré, especialmente este relato, tan inteligente y desmitificador. Aprovecho, entonces, no solo para agradecerte por tus palabras acerca de lo mío, sino también para felicitarte. Un abrazo desde Bs. As.