miércoles, 6 de agosto de 2008

RELATOS DE AUTODIDACTAS

1. SCHEREZADE

De qué sirven las palabras, ves, es tan fácil escribir. Basta con un estilo, un estilo sencillo, cómodo, corriente. Basta con vencer algunas dificultades, inventar algunas agudezas, decir que la vida es más o menos algo verosímil o inverosímil según la conveniencia.

Dejar de poner palabras es una opción siempre y cuando se pueda resistir la vida sin hacerlo. Si se llega a apostar la vida por escribir.

No hay que matar a un hombre para matar sus palabras, hay que matar sus palabras y no quedará nada del hombre.

Me pregunto qué pueden saber ellos de lo que cuesta ponerse de pie, escribir algo, aunque sea una hoja estúpida y romántica como ésta. Nadie entiende que detrás de las palabras hay un éxodo, detrás de la huella borrosa de un lápiz una respiración se suspende.

Es fácil escribir para un hombre libre, pero no lo es para un esclavo. Para un esclavo escribir es la forma de alargar su vida.

Scherezade, en esos mil y un plazos de ficción y realidad, contaba cuentos para sobrevivir una noche cada noche. Aplazar la muerte es uno de tantos motivos para contar una historia.

Qué puede saber el lector de estas líneas acerca de la esperanza que pones al terminar una hoja, un párrafo o una línea.

¿Para qué te sirven las palabras sino es para borrarte detrás de ellas?

2. CAFÉ SITUACIÓN

Existen estos lugares parcos: los cafés. Las manos confluyen, los platos rozan, los cubiertos lanzan chispas.

A cierta hora chasquea la caja registradora y el cajero vive su ajetreo; las meseras van y vienen con todo cuanto pueden llevar en una charola o limpian con toallas arrugadas algo que se ha derramado sobre el individual.

Sentado aquí, pasmoso y ridículo como un oso amaestrado, escribo llevándomelas de interesante.

Mientras yo, que no conozco nada en el mundo tan destructivo como anotar y borrar, corrijo un legajo de páginas manchadas que pueden transformarse en algo o en nada, escribo pensando en desintegrarme en las palabras. Pasan las horas y la frontera de otra tarde abandona la luz. Ya va siendo hora de marcharme.

3. PARQUE

El sol quema hasta la epidermis. La gente descansa sobre las bancas, algunos extienden las piernas, otros lo hacen con cierta mesura, o sea, no se recuestan completamente. Cada quien tiene su muy peculiar manera de descansar. Muchos helados, también cigarros encendidos. Ancianos con zapatos tenis blancos.


4. PIENSO LUEGO INSISTO

Sentado y con un leve dolor de cabeza, tomo un jugo de naranja (o que sabe a naranja al menos) y trato de leer un poco.

Estoy con “Réquiem” de Tabucci. Su lectura es plácida y llena de sensaciones. Tampoco es un libro maravilloso. Recién dejé a un lado el periódico, una guía turística del crimen y la corrupción que francamente me tiene cansado.

A veces me aíslo. Aún dentro de mí mismo me siento lejano. Lejano de mi conciencia, de esa percepción exterior.

Las imágenes, las palabras. Cansa. Y de pensar ni se hable. Pensar todo el día. Abrir la boca y opinar como si uno ladrara.

Pienso luego insisto.

Ahora mismo, mientras escribo, ya estoy planeando otra cosa, no me detengo. No hay tiempo para esperar, voy de prisa.


5. HEMINGWAY FRENTE AL PEZ VELA

Anoche soñé que pescaba un enorme pez vela.

Era impresionante, pesaba muchísimo, casi hundía la pequeña embarcación en que yo navegaba.

Hoy, inconscientemente, tomé un libro con fotografías de Ernest Hemingway y lo primero que me encontré es la foto del escritor junto a un pez vela. Lo sostiene con una mano —la presa esté colgando de un cable de acero— y lo muestra con orgullo.

Hemingway ya estaba cansado de vivir, pero en la imagen (sólo en la imagen) se ve feliz.
De inmediato me conecto con ese sueño tan difuso de la noche anterior. Hago asociaciones inmediatas: el pez, el cazador, el viejo y el mar...

Tengo muchos asuntos pendientes. Escribir y destrozar el silencio. Alejarme de la orilla, lanzar el anzuelo y esperar.

6. EL RESPLANDOR

Cuando no estás es feo…
Andrés Calamaro


Hay cosas malas que se escriben porque no se soportan más. Un escritor desocupado es peligroso. Puede hacer cosas sin ningún valor, como vivir acosando personas que lo detestan, bebiendo torpemente o buscando cierta pornografía sentimental.
Un escritor más, es un asesino menos; así lo veo.
Si no existiera un Bret Easton Ellis novelista, posiblemente habría otro miembro de la R.F.A. disparando a los perros callejeros en Manhattan. Si no existiese Fight Club, habría un Chuck Palanhiuk sindicalizando violadores en la salida de los aeropuertos. Si no hubiera un Estuardo Prado tendríamos otro torturador de colegiales.
Un escritor más, es un fundamentalista menos; así lo veo.
Un tipo que escriba poemas de amor que hagan brotarle escamas hasta al más frígido intelectual, salva la poesía de las catástrofes del ensayo y de la novela aeroportuaria. Escribir es jugar, ni más ni menos que eso. Play the game. Nada mejor que reclutar poetas para evitarle males físicos a la sociedad, en demérito de los bosques y las toneladas de papel que luego serán abortadas en piñatas de los Power Rangers.
Por favor, si su hijo le dice que quiere hacerse literato no lo censure, puede que en realidad quiera matarlo a usted, degollar al vecino o mancillar braguetas en algún callejón oscuro, y tal vez esa vocación por el lenguaje neutralice ciertos instintos decadentes. Déjelo que raye hojas. Regálele libros. Invite a sus amigos artistas a la casa, lo peor que puede sucederle sería una cena saturada de errores y de plagios donde todos los comensales saldrían hartos de sobre valoración.
A mí me gusta escribir porque el mundo se ve chiquito atrincherado detrás de una página. La vida es simple y los deseos parecen cercanos. Todo sería miserablemente feo sin este desalojo ocasional de la imaginación, pues no tendría gracia alguna vivir de técnicas macabras que sustituyeran esta soledad y este olvido.

6 comentarios:

tetrabrik dijo...

vi lo de la antología de narradores. salú broder

Lunatika Lu León dijo...

Dejo este comentario antes de que se evapore el sentimiento y piense demasiado lo que voy a decir... Creo que ya lo hice, ya sobrepense jeje. Hay algo de mágico en dejarse llevar y aferrarse a un segundo de la realidad que no sea como el que pintan los periódicos. Antes buscaba un vacío mental para huir de todo... Ahora sigo buscando con qué llenarlo. No se tiene sentido, pero igual.
Saludos!

Luis Pedro dijo...

gracias por el comentario en mi blog.
yo te admiro y te respeto mucho.
es el mejor regalo personal en el aniversario de mi blog.

Sergio Espada Umaña dijo...

Hola Javier, soy Sergio Espada, el amigo de Claudia N.. Al pasar por tu blog no pude resistir el dejar un comentario. Para ser sincero comienzo familiarizarme con tus relatos, ya que lo que más he leído ha sido tu trabajo como columnista. En la feria del libro recordarás que apenas pudimos saludarnos, vos estabas con Paco Méndez, ese día me compré tu último libro "Lectura Menores", el cual me ha parecido una guía recomendable para las personas que tienen cierto "empacho" o animadversión hacia los novelistas norteamericanos. Muy buena recomendación para internarse en otras lecturas; estaré comentándote un poco más próximamente.

Saludos.

Luis Villond dijo...

Ay Dios!, yo si no hubiese querido ser escritor o me hubiera suicidado a los 16 o posiblemente estaría lanzando bombas molotov hacia los malditos colegios donde estudié.

Denise Phé-Funchal dijo...

mano, no sabía que tenía blog su mercé!! jeje, qué bueno verte y leerte por acá!