martes, 30 de septiembre de 2008

CANCIONES DE FE Y DEVOCIÓN



Me extendió la mano pidiéndome algo para ella y para el niño que llevaba en los brazos, me agarró justo cuando iba al chiclero a comprarme una cajetilla de cigarros. De un impulso le di a la madre indigente mi billete de a diez, ella respondió con mucha gratitud y me colmó de bendiciones y otras cosas lindas.
Regresé a la mesa del bar donde estaban mis cosas. Es curioso. Una sensación involuntaria comenzó a llenarme, me sentí un hombre bueno, una persona que merecía vivir, alguien que acababa de realizar algo admirable: sacrificar los cigarros de la tarde para que una infeliz pudiera comer ella y su niñito. Sonreí, di un trago a mi cerveza, sentí que debía lavarme las manos.
Mientras bombeaba el jabón líquido, levanté mi vista para verme en el espejo del baño. Me compuse algunos cabellos desarreglados, estiré mi camisa y salí de nuevo al bar. Me senté a reflexionar sobre la bondad y lo saludable que es sentirse bondadoso; los hombres grandes y poderosos son filántropos, por eso el destino los premia con prosperidad y premios Nobel, son hombres buenos que hacen buenas acciones, por eso merecen la vida, así como yo.
Terminé mi cerveza hasta la última gota y salí, había frío. Mientras buscaba las llaves de mi carro se me acercó de nuevo la indigente (ya sin el niño), le dije que no tenía más dinero que darle, ¡tan pronto se le había olvidado! Para serles sincero, admito que me molesté un poco.

9 comentarios:

El Aguafiestas dijo...

Desde hace un par de años que ayudo económicamente a algunas asociaciones. Te soy sincero, no se por qué, como que no tengo una razón específica.
Me hiciste reflexionar.

LuisRo (P*!!!) dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
MarianoCantoral dijo...

la paradoja de las buenas intenciones y los que agarran el brazo, esas descripciones hacen creer que uno mismo fue testigo, si. los premian con Nobeles!!!

Ulises Bloomsbury dijo...

Dar es dar (Fito Paez)

Ya lo ves yo te decia, en aquella melodia, no juzgues sin pensar, no quites si no tienes para dar (Bohemia Suburbana)

LuisRo (P*!!!) dijo...

Cómo pasa eso, a mi me sucedió una vez.
En el semáforo que está en la entrada de mi colonia hay un indigente de aquellos clásicos barbudos. Cuando lo vi por primera vez se me hizo familiar su cara. Se parecía al papá de aquel mi cuate que un día dispuso salir de su casa y vivir en las calles. Sí, la demencia se apoderó de él.
Todos los días que me lo encontraba le daba más de alguna ficha. Me lo propuse por pensar que se trataba de este personaje que conocía.
Hasta que llegó en día en que no tenía ni un centavo conmigo y se me acerco y le dije "hoy no tengo" y calurosamente me miro y me dijo "tacaño".
Nunca más le volví a darle una ficha por que pensé, les das la mano te agarran el pie.
Y sí, así de rápido olvidan.

Gabriel Arana Fuentes dijo...

yo por eso no ayudo... nuca es suficiente... nunca

Zorro Solitario dijo...

Por ahí leí en alguna parte que "aquello que sembres eso mismo cosecharas" de momento te sentiste bien con vos mismo y eso de por sí ya es recompensa.

Noé Rivera dijo...

los indingentes, de los indingentes, solo existen en una calle que puede ser cualquiera, sin embargo, no hay dinero que alcance... todos somos podioseros y con garrote, mala maña broder...

Paco de la Vulva dijo...

concuerdo que la ayuda jamas sera suficiente