martes, 16 de septiembre de 2008

NADA ESTÁ DEBAJO DE LA SED (A LA MEMORIA DE D.F.W.)





La mañana estará gris, los libros seguirán en las estanterías. Las mismas caras circunstanciales.

El agua clara envejeciendo en los vasos. Los mismos cuadernos. El cenicero, el mismo. El mismo ruido de los negocios a punto de abrirse. Los mismo autobuses color rojo. El mismo mar de gente esperando una lluvia de hojas.

Cada día sube al cielo un collar de flores secas.

Soleado patio. El detergente limpia las gradas y aplasta a pequeños insectos.

Blasfeman con la boca llena de huya. Se estiran y vienen pies tras pies. En este rincón apartado de la escritura, anomia. Una verdadera vocación es el obstáculo.

Ante las puertas abiertas, los ojos son cartones húmedos.

El sol. Clarea el día en un círculo vicioso. La luz vegetal.

Son lanzas que viajan a la basura y nada tengo que añadir a estas notas. Un vaso de ron. Un hielo secándose en mi garganta.

El lapicero vomita sobre la hoja. El estertor. La respiración. Un demonio de tinta se caga sobre la página.

Unas manos liman los bordes de este acantilado.

Los lunes se suicidan los reventados en vitaminas. En los baños de las oficinas hay cartas de auxilio. Resaca. La misma mecánica. Derecha sanitario de hombres. Izquierda, mujeres.
Los ojos corren detrás de los días y la vanidad se va lejos. Abundan los satélites en mi vida. Soy un insecto escribiendo a las orillas de una familia.

A dónde van las gotas de semen. Alguien barre la vida y la tira dentro de una bolsa plástica negra. Cada madrugada viene un nuevo envejecer.

Dedos que van en hileras por el viento. Hileras de miedo y habitaciones oscuras. La pantalla de la memoria que se limpia con arena gris.

Ocupa tiempo caer despacio.

Visten de plumas llenas de cáncer. Acaso quien muere no es similar a la sirena de la ambulancia que se apaga.

Nada está debajo de la sed.

La soledad se repite tanto. No hay pastillas.

El gusano viaja, cruza la manzana como una flecha lenta. La bala lenta de sentir. Sentado y reposando. Inclinado. A punto de caer.

La risa adelgaza. Nos mastican los dientes de los minutos.

Volver al patio más húmedo. la retina de un niño. Los minutos terminan los días incompletos.
Sin ganas de respirar. Ni de encontrarme con nadie. Ni siquiera de salir a dar una vuelta y volver con libros nuevos. Nada. Ni chistes nuevos. Únicamente tedio.

Hacia arriba hay un abismo

Palabras que abotonan los ojos. Promesas sin cumplir.

Familias rebosantes de salud y encerradas en la más oscura monotonía.

El día y su fina navaja. Los platos hacen estruendo al caer. La vacuna en el corazón. La lluvia es fría desde aquí.

Ausencia. La mano llega tarde y el corazón es un músculo maloliente en la distancia. ¿Con cuántos dientes llegará la aurora?

Blando y oscuro el cine se proyecta. Las muecas de los que observan están llenas de impaciencia y obsesiones. Todos los rostros retoñan en la costumbre.


5 comentarios:

Ulises Bloomsbury dijo...

Oda al desamparo, solo la poesia es clarividente segun Neruda, por eso las brujas saben donde está el botin de los ladrones y cuando va a llegar el dia con cuchillos, odas al tedio en una ciudad alienada con su banderita de juguete... en fin Payeras, viene al caso.

Noé Rivera dijo...

la monotonía trata de cautivar nuestras conciencias, sedientas del cambio incesante, cada día. la rutina no es más que un tedio agobiante que nos hunde cada vez más, en ese agujero de la mediocridad. apropiendome de tus palabras: abrazos broder...

Los Evangélicos dijo...

Algún día tendremos primavera.

MarianoCantoral dijo...

sogas rotas llevandose nuestros bajones, lo libros premiados tambien se quieren quitar la vida.

rodrigo dijo...

uh
demasiado bueno.



simple, directo y veridico.