martes, 23 de septiembre de 2008

RETRATO DEL ARTISTA DEBUTANTE


SIEMPRE EXISTIRÁN los debutantes, incipientes luchadores que apenas pueden sostenerse sobre sus propios pies; que subidos al ring se obnubilan ante el público; que nunca gozan de la simpatía de los expertos frustrados (siempre dispuestos a arrojarse con todo tipo de injurias y menoscabos); que pueden ser vencidos antes de la pelea… si su espíritu es débil.


Donde hay público hay debutantes, hay noveles que lanzan sus primeros pinitos, donde hay público siempre hay críticos y también enemigos.


Claro, el debutante busca ganarse la simpatía del público, sin embargo, el contrincante es algo distinto y dejará maltrecho al amateur que desvíe el sentido de la pelea.


El debutante deja de serlo en el mismo momento en que, desoyendo el abucheo de los aficionados, se concentra en la pelea real: vencer a su contrincante.


3:03 A.M.


Vuelvo de madrugada, prendo la t.v., el aparato brilla silenciosamente en toda la sala. Saco una cerveza del refri.

El zapping me lleva directo a un diferido de James Bond que termina los miércoles antes de amanecer. Sólo para sus ojos: el hombre gigantesco corta el cable del teleférico con sus mandíbulas de acero, Bond escapa con la rubia por la puerta de emergencia...


Pienso en escribir algo:


EL ESCRITOR debutante encontrará un recelo casi generalizado entre Aquellos que conocen el oficio y en algunos casos lo dominan.
4:12 A.M.


SCHUBERT, vino barato.


Afuera, oigo trotar unos tenis, la vecina que sale a correr.


Vacío agua hirviendo en mi sopa instantánea, le doy un sorbo y me quemo la boca con un fideo.Muevo todo en mi escritorio hasta encontrar las hojas que corregí ayer. Recupero el libro que se fue en el hoyo del respaldo del librero. Me siento (a) escribir un retrato del escritor debutante:


EN LA literatura existe un prejuicio muy grande: es un oficio de viejos y los autores prematuros difícilmente poseen las cualidades que todo lector exige: claridad, erudición y trayectoria.


Soy tan mediocre. Arranco seis hojas de un tirón, me quedo viendo la lámpara. Comienza a llover. La música no se oye, Schubert me lastima, es más fuerte el ruido de la lluvia

4:55 A.M.


EL ESCRITOR debutante se ha convertido en una especie de mono de laboratorio, sometido a toda suerte de experimentos y nombres raros, está condenado a formarse en público. El oficio está lleno de trampas, puede convertir al escritor en un cortesano.


Siento rabia, no termino de romperlo todo. Llevo seis semanas tratando de escribir esto y no resuelvo nada.


Me acuesto, trato de dormir, empiezo lo que creo que es un sueño:


estoy en un salón, Balzac tortura a un niño presionando su cabeza contra dos planchas de metal, los espectadores se ríen y aplauden; luego estoy viendo una bombilla en el techo, el foco explota sorpresivamente, hace un ruido seco como un disparo y me quedo a oscuras, entonces se oyen risillas, como esas pre-grabadas de las comedias, siento miedo, terror…


me despierto de un sobresalto y regreso a escribir.


LA TEMPRANA alabanza tiende a acomodar al artista, que en el peor de los casos comienza a desdeñar su trabajo a cambio del efecto social que este produce, tenemos ejemplos claros de autores que nunca terminaron de prometer y reinciden continuamente en el autoplagio; es muy fácil detectar este tipo de corrección y complacencia, se tratará de artistas sumamente estériles que se convierten en una especie de oportunistas o cazadores de ideas exitosas, camaleonizándose con las modas y rehuyendo a la confrontación, cuando ésta no le garantiza estar del lado adecuado.


De seguir así voy a volverme loco. Hablo cuando hablo solo. Construyo un rompecabezas, luego lo destruyo.


Estoy sentado bebiendo café y haciendo anotaciones, la mesa está llena de azúcar que descuidadamente dejé caer, y llena de hojas de papel en blanco; quisiera volverme otra persona, un hombre rudo, un tipo armado, que buscara broncas y rompiera dientes con un tubo.


Veo la hoja sin poder agregarle nada. No tengo nada que decir. Escribo porque me siento solo y la soledad es un monólogo insoportable.


EL CRÍTICO profesional—por su parte—responde con su mejor arma, el escepticismo. Espera que las cosas se aclaren para poder dar un paso al respecto y esgrime el recurso más cómodo, la clasificación : habla de una generación literaria y plantea la creación como una característica general de la obra individual, el autor no funciona como individuo, sino como grupo contingente; sus características se diluyen dentro del discurso de generación.


Una vela en pleno sol. La mañana la tarde y la noche se apagan y se encienden.

Hace un mes abandoné mi empleo de años —publicista en una agencia importante.
Muy buen salario.
Compré todo cuanto pude y dejé atrás aquella rutina de escribir anuncios.


Cuando mis compañeros me preguntan, les respondo:
Ahora escribo.


Y lo creen.

2 comentarios:

Cristian Mejia dijo...

Mono de laboratorio,buscador del elixir, minero,torero,esclavo,penitente,
pacifista,conato de plaga,renacuajo y tanto otro ser que muta en el novato.

Ulises Bloomsbury dijo...

Hay que tomar en cuenta las biografias. El debutante añora una, una biografia sobre si mismo cuando apenas esta por las paginas más tristes de su feroz existencia. Pero lee entrevistas, lee sobre la vida de tal o cual escritor que vendia periodicos mientras se pasa la noche en vela, lee sobre un colombiano que pedia huesos en la Boucherie, para hacerse una sopa, y luego debe devolverlos, y no se alarma hasta que termina pidiendo francos en la Gare de Lyon.