miércoles, 19 de noviembre de 2008

CARTA DESDE UN RADAR (PRÓLOGO PARA UN LIBRO DE ISABEL DE LOS ÁNGELES RUANO)



Mis palabras no llegarán a sus oídos; tal vez serán leídas por otros y silenciadas entre las estanterías de una biblioteca, pero difícilmente podrá escucharlas.
Seguramente no me recuerda, ¿por qué habría de hacerlo?, hace tiempo le entregué un pequeño folleto con mis poemas, usted lo guardó dentro de una bolsa plástica y me dijo que llevaba prisa y que después vería de qué se trataban. Me dejó diez años esperando. Ahora, de nuevo frente a usted, estoy seguro que tampoco logrará reconocerme. Soy uno de los miles de seres que ve caminar apresuradamente por las calles del Centro; otro ser anodino que al verla, baja la vista y sigue de largo.
Hace unos días la encontré sentada al lado de la fuente de la Plaza Central. Metía la mano en el agua. Su maletín estaba tirado en el suelo y sus cosas rodaban por todos lados. Me acerqué para recogerle los lapiceros y separadores, y al entregárselos ni siquiera me hizo caso, simplemente seguía viendo el reflejo de su mano en la fuente. En otras ocasiones la veo caminando por la Sexta Avenida o parada frente a la vitrina de algún almacén, inmediatamente viene un recuerdo de infancia, la vez que se acercó a mi madre para venderle una pequeña loción, y mi mamá después de comprarla me explicó quién era usted. Pasarían varios años para descubrirla en un libro, Torres y Tatuajes, para leer sus palabras y entender de qué se trataba eso de ser poeta.
Ha tomado esta ciudad como todas las cosas: su luz mostaza, su ruina, esa mercenaria sobrevivencia de quienes la transitamos y la vivimos. Ha logrado precisarla, cartografiar con ella su geografía interior. Y le devuelve palabras. Le arroja sus dedos para que no los congele el desencanto o el ruido; usted mejor que nadie sabe que para escribir en Guatemala se necesita demasiada vocación. Voluntad o masoquismo. De eso que al leerla uno se encuentre una y mil veces con versos deshechos, con líneas dispares entre murmullos, dobleces de hastío o de ira deslindando en la soledad o la ternura. Coincide en los lugares de esa ciudad secreta, esa que cada día se nos construye adentro; donde afluyen figuras del pasado, espectros que vuelven luego de deambular sin tiempo, de trepar durante años entre los edificios y pedir asilo en los letreros luminosos. Cada transeúnte que la encuentra a su paso vuelve hacia usted. Cada biógrafo suyo evade verbos y enumera adjetivos: talentosa, sufrida, arrogante o —llanamente— loca; la dejaron suspendida en la mujer de hace cuarenta años, la niña genio que saludó León Felipe, la estudiante de letras. Poco sabemos qué pasa ahora, sólo alcanzamos a verla deambular.
La voz de un poeta que camina; que nunca se le ve arrellanando un sofá y aporreando profesionalmente una computadora, se convierte en un registro de la voz de todos.
Algunos de sus versos ha quedado en el paréntesis de las páginas que me sorprendieron:
Estoy frente a un espejo sin límites
Contemplo mis contornos en penumbra
Estoy en mi habitación oyendo los ruidos
De la ciudad
Contemplando los árboles de los arriates
Y las rotondas
Y veo aparecer un caracol de siluetas que aborrezco.
(...)
Olvido la carga de la vida
Y el dolor de la muerte.
Vivo en el centro de la ciudad
Con una mecánica isocronía
Con un compás terrible repitiéndose
Con la regularidad de los motores
Que atraviesan calles y avenidas
Con la insomne agonía de días esparcidos
Con esta coloración de mi sangre tormentosa
Y estos días moribundos
Y tediosos
De qué sirve la buena poesía, cuando en la vida no es perfecta. Puedo leerla detrás mío, puedo sentir cómo coincido con usted. Así se inmolaron Whitman, Vallejo y Miguel Hernández. Las palabras son un fuego eterno que se alimenta de vida. Hoy es para mi un honor dirigirle las mías, tan torpes y deleznables.

6 comentarios:

Ulises Bloomsbury dijo...

PUta!!! como nos duele ver la sencillez con que la vida transtorna nuestros diarios, y hace novelas de la nada, big-bangs de unas voces tatuadas en una hoja, gracias por hacerme llorar...!!!

Me habían contado de esta señora. ¿No imaginó que sentido de sobrevivencia la empujo al mundo complejo del inconciente? ¿La realidad? ¿La suya propia, o la de los demas?

Wingston González dijo...

cursi y otro, soy otro que llorar javier. la encontré regresando de el salvador frente a la torre de tribunales y fue increíble estar quince minutos en el arriate central de la calle, sucia, sepia manchada, viendo a esa mujer. torres y tatuajes es así. ahí me hubieras visto, intentando armar las palabras para decirle "hola". así de torpe me sentí. gracias por el texto. creo que hay algo de él en nosotros.

MarianoCantoral dijo...

INCREIBLE, ES UNA BIOGRAFIA HERMOSA PARA UNA VIDA IRRESOLUTA,ISOCRONICA, YO LA VI EN EL AÑO 2005, FRENTE A UNA FARMACIA SIMILAR DE LA ZONA 1, NO DIGO CALLE NI AVENIDA PORQUE NO LO RECUERDO, PERO SI, VI EN SUS OJOS ESA POESÍA QUE ES, MI MAMÁ ME DIJO "ELLA FUE POETA" YO AHI NO TENIA INTENCIONES DE PROFUNDIZAR EN ESOS TEMAS NI SABIA LO QUE ESO SIGNIFICABA, PERO SON LOS AVATARES INEXPLICABLES QUE NOS MANTIENEN OSCILANDO SOBRE LA CUERDA FLOJA, ES LA ADRENALINA QUE NOS DICE, ESTA VIVO, ES LA LOCURA QUE NOS DICE: VOS SOS UN GENIO, PERIPECIAS, EPIFANIAS, MAÑANA QUIZA ESTAREMOS POR FIN BAJO EL MISMO TECHO...

PD.

JAVIER TE INVITO A QUE VISITÉS MI BLOG MASQEXPRESO, GRACIAS!

MarianoCantoral dijo...

quiero agregar un texto de Isabel

"Y de súbito un caos interior,
la tempestad, la locura, toda la rebeldía,
lo indescriptible se te mete dentro,
tensos los nervios, los dientes encorajinados...
... y el tedio invencible de las horas vacias..." Isabel de los Angeles Ruano.

ES ESTA LA POESIA LQUE TEJIÓ SU DESTINO, NO HAY ANTINOMIAS NO HAY FALSEDADES...ESCRIBIR A PRIORI DE VIVIR...

Anna dijo...

Que excelente texto , se saborea desde el inico y se desea más al terminarlo y aparte de todo narrado de cierta forma cursi y tenue.

Luis Pedro dijo...

Isabel es, sin duda alguna, una de las mejores poetas de los últimos tiempos. Me uno a las personas que hemos tenido la oportunidad de verla, y llorar con este prólogo.