lunes, 17 de enero de 2011

OK OCTUBRE


(Octubre/Sergei Eisestein)

Hace once años un grupo de artistas creó una extraña mixtura entre café literario y galería experimental que llamaron “Casa Bizarra”. Un viejo caserón neoclásico y en pleno abandono en el centro de la ciudad. Guatemala por ese entonces vivía una de sus tan acostumbradas oleadas de optimismo, pues muchos creían que los Acuerdos de Paz anunciaban nuevas reglas en el tablero del ajedrez político, lo que no fue más que otra vana ilusión que duró lo que dura un Latin American Idol en las listas de popularidad. Sin embargo la vitalidad que los nuevos artistas traían al medio cultural guatemalteco parecía no claudicar con el vaivén ideológico de la posguerra. Se trataba de la primera verdadera generación emergente de artistas desde hacía muchas décadas: con la rabia situacionista de la década del sesenta, pero sin la militancia y censura que impuso la Guerra Fría. Digamos que todo apuntaba al predecible destape contracultural luego de la represión. El término “Arte Urbano” se impuso y por todos lados comenzó la explosión de las formas contemporáneas de exhibición y apreciación de la cultura: performance, rock y poética-graffiti, la epifanía generacional de los años noventa dentro de ese espacio zombi conocido desabridamente como Zona 1.

La verdad es que la ingesta de video clips, algunos alucinógenos y mucha literatura de culto fueron suficientes para iniciar todo un movimiento alrededor de la juventud y su necesaria búsqueda de la irreverencia ante el canon. La Casa Bizarra duró muy poco, para el año 98 ya había cerrado, sin embargo todas sus huestes se trasladaron al Festival de Arte Urbano. Dos ediciones, la del año 98 y 99, fueron suficientes para asentar las bases para que nuevos intelectuales y gestores culturales perdieran el miedo al espacio público y privado, y se montara la nueva escena posmoderna: el Festival Octubreazul en el mes de octubre del 2000.

Octubreazul no agradó a los añejos escépticos empeñados en negarle al arte ese ingrediente vital que transforma las sociedades, tampoco a los afectados puristas de la cultura oficial; muchas críticas, algunos aplausos y demasiada terquedad lograron lo que nunca hizo el fútbol con sus hinchadas y repugnantes representaciones nacionales: 2 premios en la Bienal de Venecia, logros de los artistas conceptuales Aníbal López y Regina José Galindo, ambos parte integral del movimiento.

Durante la úlitma década el movimiento de artistas contemporáneos iniciado por los bizarros y la contracultura, lejos de fracturarse, ha ido creciendo y renovándose. Festivales en Sololá, San Juan Comalapa y Quetzaltenango dan la visión de que algo está sucediendo. El arte se desfolckloriza y se abre a nuevas formas de exhibición y creación: editoriales independientes, páginas de Internet, muestras de arte-objeto, conciertos de música fusión y una creciente cartelera cultural (desgraciadamente invisibilizada por algunos medios de comunicación ortodoxos y caducos) son el resultado de la incorporación de gente joven con pensamiento crítico, pero con ganas de hacer su trabajo de transformar las cosas. Por mi parte, me siento orgulloso de haber formado parte del inicio y continuidad de todo esto.

3 comentarios:

Lucha dijo...

Que grueso este pedazo: "Guatemala por ese entonces vivía una de sus tan acostumbradas oleadas de optimismo, pues muchos creían que los Acuerdos de Paz anunciaban nuevas reglas en el tablero del ajedrez político, lo que no fue más que otra vana ilusión que duró lo que dura un Latin American Idol en las listas de popularidad." pero me gusta la forma en que lo enlazas todo con el presente. Yo también me siento orgullosa de pertenecer a ese movimiento que hoy en día aún tiene (si no el optimismo) si la fuerza y la energía para enfrentar estos tiempos de guerra y apatía cultural.

Fabricio Estrada dijo...

Javier, qué bueno que des testimonio de este movimiento que tuvo mucho que ver, en su radiación, con lo que por aquí decidimos organizar en cuanto a espacios públicos.

Nos dieron un gran ejemplo a seguir.

Un abrazo!

Zaratustra Sidharta dijo...

Pura mierda con Carlos Peña.