lunes, 18 de abril de 2011

UN LETRERO BENNETON


(Tarnation/Jonathan Caouette)

Una pietá posmoderna, algo indescriptible. David reposaba su cabeza en los brazos de su padre; su hermana gritaba con los ojos como en un cuadro de Goya; la madre secaba sus lágrimas con la sábana numerada del hospital.

David expiraba, llenaba el ambiente de una prerresurrrección de símbolos. Sentía el dolor de todo menos de la muerte. “No tarda”, le decía alguna parte conciente de su organismo mientras sus pulmones se vaciaban lentamente. El VIH evaporaba su saliva como si fuese querosén. David perdía. ¿ Qué banalidad merece terminar así? Rascaba su piel amarillenta que escamaba un óxido triste; por su sangre retozaba una mancha espeluznante; su barba contrahecha y de mal agüero goteaba sudor amargo.

La habitación recóndita, blanca y absurda, un odioso tráfico de médicos, enfermeras, curas y familiares; el pabellón de enfermos de sida es un sitio que siempre se ve así, fiel a su restallido de muertes rutinarias. En la cabecera, David, tiene el cromo de la virgen con el niño que le da un poco de consuelo .

Allí agonizaba David, frente a la lente de Oliverio Toscani, allí estaba Milán perplejo, viéndolo en una valla publicitaria. Eran sus últimos minutos y la ciudad estaba detenida y llena de furia, así se veía, frente a los ojos de millones que marchaban al trabajo con la confianza de que jamás les sucedería cosa semejante.

Hace algunos años el publicista de Benneton, Oliverio Toscani, realizó una campaña de vallas que mostraban a un enfermo terminal de sida, agonizando en un hospital de Italia (N.A)

Publicado ogriginalmente en (...) y once relatos breves, Editorial X 2000. re-editado por Libros Mínimos en 2004: http://www.librosminimos.org/index.php?option=com_content&task=view&id=9&Itemid=20


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