jueves, 6 de junio de 2013

UNA COLECCIÓN DE MARIPOSAS DISECADAS: ENTREVISTA DE JUAN DIEGO OQUENDO ALREDEDOR DE UN VIEW-MASTER





J. O. ¿Cuánto tiempo llevabas sin acercarte al relato breve? 

J.P. Pues muy poco, el relato  breve es quizá el (odio esta palabra) “género” que agoto usualmente. Lo que yo considero novelas, son para algunos escritores cuentos, lo que yo considero cuentos, para otros quizá son poemas, lo que pienso que son poemas, me dicen que son  relatos o aforismos... En fin. 



J. O.¿Qué te permite esta narrativa instantánea que no posee el verso? 

J.P. No creo en el verso como no creo en la novela ni en el cuento actual. Creo en los relatos donde el lenguaje está cargado de sentido. Veo la novela como la posibilidad de narrar amenamente un ensayo.  La poesía derrapa en todo lo escrito. Un narrador que no escribe con poesía es como un niño tonto contando una película.



J. O.. ¿Cómo es el proceso de escritura, de creación, de estos textos? 

J.P. Es azar. Textos publicados por aquí y por allá. Es como una colección de mariposas disecadas. Encuentras los especímenes más extraños, les clavas un alfiler y los exhibís. Los relatos complementan algo, lo difícil es interpretar qué tipo de imagen reúnen. Hice una antología de lo que creo es capaz de decir algo a través de las imágenes, como las diapositivas o los negativos insertos en las ruedas de un View-Master.



J. O.¿Hubo alguna lectura de cabecera durante dichos momentos?  

J.P. Un lector  con mucho recorrido encontrará algunas claves: Thomas Berndhard Raymond Carver,  Augusto Monterroso y Franz Kafka… esos creo que son los autores que tengo en mente.



J. O. El espacio tiende a ser urbano en tu obra, en particular esta ciudad. Pero hay  momentos en donde salís a otros sitos. ¿Qué hay allá afuera desde la visión del  capitalino? 


J.P. Recurro a lo que tengo cerca. Me gusta cuando quienes me leen piensan  que yo soy el protagonista, que todo eso es autobigráfico. Me halaga que lo piensen, porque es como una manera de decirme que es creíble, que sólo viviendo una historia uno es capaz de escribirla.



J. O.Parece que todos tus personajes caen en la nostalgia, en la imposibilidad del encuentro o en la incomunicación. ¿Es la cotidianidad tan desoladora? 

J.P. Los libros que más me gustan tratan exactamente de eso. Mi intento es escribir algo que a mí me gustaría leer.  Soy cautivo de un karaoke lleno de referencias al desencanto y a la incomunicación y nostalgia.



J. O. Para vos, ¿qué es la trascendencia?  

J.P. Quedarse en la memoria de pocos,  pero trascendentes.  Uno intenta escribir para los inteligentes, para los grandes.  Las mayorías están muy ocupadas en sus asuntos y prefieren lo pasajero. Es difícil a travesar el blindaje de mediocridad que protege a las masas, escribir es un modesto ejercicio de persistencia creativa.  No se escribe mucho redactando mucho.  se  escribe más pensando y trazando una Vía Láctea personal. Haciendo cosas que luego, al verlas citadas o referidas por otras personas, uno piensa que jamás las hizo, 
que eran como piezas que estaban desperdigadas por el piso y que uno tan sólo las recogió y las puso sobre la mesa…