viernes, 26 de julio de 2013

.1

Joy Division/Closer



tengo un número inexacto
de cosas en mi cabeza

quizá porque carezco de memoria
y siento la nostalgia de mañana

tengo los sueños que me hacen hablar dormido
también un dolor sistemático que llaman sensibilidad

tengo amigos que van conmigo hasta la madrugada

soy el padre que no tuve

también el naufragio
solitario

a veces tengo mi combustible
lo sabes
la poesía

mis rodillas sostienen a mi hijo
y mis manos levantan gruesos libros sagrados

ten
recibe este poema y jamás lo olvides



martes, 2 de julio de 2013

LA MUCHACHA DEL PÓSTER



Julio Hernández Cordón/ Polvo

La muchacha del póster muestra su sonrisa blanca. Micro traje de baño, piel dorada, cabello rubio y liso... anuncia licor, pero sostiene una pelota de fut y sigue con sus ojos azules a quienes entran y salen de la tienda.

Detrás de la reja y del mostrador, una señora con un niño pequeño (seguramente su nieto) está pendiente del noticiero del medio día. Entra una anciana indígena, le pide azúcar y huevos, la mujer se levanta despacio, sin despegar la vista del televisor, recibe el billete y saca vuelto de una cajita de metal llena de monedas y billetes. Regresa con el niño que está jugando en el piso con algunas tapitas y tazos.

Junto a la puerta de entrada hay una mesita de pino, con un mantel plástico y un cenicero con sal. Una moto se parquea y entra un muchacho delgado, moreno, con bigote ralo. Se quita el chaleco numerado y pone su casco junto al maletín de cuero lleno de papeles que tiene atravesado por el hombro: “Doña Mati... Doña Mati... me regala un octavo y dos tortrix”, la mujer lo saluda y corta cuidadosamente el encargo de la tira de frituras que cuelga de un lazo plástico. Pone el pequeño envase sobre el mostrador junto una botella plástica de cola a la mitad, un vaso y las bolsitas con chucherías. El mensajero se sienta justo frente a la chica del póster, que desde una playa lo saluda sensualmente. Mezcla el trago y mastica sin despegar su mirada del póster. “Rubén ¿Sólo eso va a almorzar...? mire que después uno se enferma si no come.” le dice la mujer mientras se sube al niño al regazo. Él se ríe y le dice que no alcanza para el almuerzo.

Luego de un rato levanta sus cosas, paga con un billete de a diez y se despide. Da el último vistazo a la muchacha del póster, recoge los papeles, se coloca de nuevo el maletín, el chaleco, el casco y se sube a la moto para continuar con la chamba de todos los días.

(De imágenes para un View-Master)