viernes, 1 de septiembre de 2017

SEPARACIÓN DE BIENES: SERGIO VALDÉS PEDRONI




Muy pocas cosas resisten a nuestras relaciones. Acaso los pactos de convivencia que alguna vez fijamos como ruta para salir de nosotros mismos. El valor de algo seleccionado por dos, como una manera de fijar un futuro. Se devienen las promesas en derrumbes y todos los tratados de armisticio luego de los primeros errores. Todo eso que, tarde o temprano, nos lleva hacia un Vietnam sentimental.

Vivimos modos de muerte en cada renuncia, porque en cada decisión que tomamos por amor nos jugamos la libertad de un sueño. Partir la casa en dos, llevarse lo poco que queda, intercambiar llaves, acometer un camión de mudanzas o un taxi rotativo, conseguir cajas o bolsas de basura o una maleta o una pequeña mochila. Cruzar la puerta como si fuera la última que atravesamos en vida. Hacer silencio para que nuestra decisión no se arruine de buenos recuerdos.

Tanto por decir, pero en la constante de ese rumbo queda lo que fue alguna vez ternura. La fe rota siempre es nuestra criptonita, nuestra vulnerabilidad. Los vicios son consignas y lo que con gran torpeza justificamos en un inicio. Con todo eso y con la sensibilidad poética de Sergio Valdés Pedroni para captar en su muy propio e ínitmo género de películas, Separación de Bienes es acaso su primera obra realmente narrativa.


Luego de ver este trabajo me quedo con un nudo de palabras qué decir. Un afiche de Jean Luc Godard y las pequeñas cosas que al final se  parten y reparten. La imagen de una impecable Patricia Orantes actuando como la derrota en la ternura de ambos o Valdés vociferando respuestas a preguntas que nadie comprende. Una Guatemala que perdió la paz luego de firmarla. Una comedia triste, una tragedia cómica, como todo en este país. Vale la pena cada minuto de la reciente película de nuestro imprescindible escritor, maestro y entrañable revolucionario del afecto cotidiano. 

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