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jueves, 11 de febrero de 2010

ME ACUERDO (MI VERSIÓN AL LIBRO DE GEORGES PEREC)


(400 golpes/Francois Truffaut)


  1. Me acuerdo del niño gordo de sexto año que se llamaba Danilo.
  2. Me acuerdo de los carritos a escala marca Majorette.
  3. Me acuerdo de Natasha, Boris, Rocky la ardilla y Bullwinkle Moose.
  4. Me acuerdo de la edición de Narraciones Extraordinarias que tenía grabados que me causaban pesadillas.
  5. Me acuerdo de “cuando llega Castellblanc, llega la navidad”.
  6. Me acuerdo del peinado de Madonna en Like a virgin.
  7. Me acuerdo de una discoteca en Panajachel que se llamaba algo así como ¿Kasashock?
  8. Me acuerdo de que las primeras happy meal de Mc Donalds tenían forma barcos.
  9. Me acuerdo de una pastelería en la Zona 1 que se llamaba “Austria
  10. Me acuerdo de los comics que publicaba Editorial Novaro.
  11. Me acuerdo de que mi primo Juan Carlos fue el primero en llenar el álbum de Star Wars en 1980
  12. Me acuerdo de La Juguetería.
  13. Me acuerdo que el ropero de mi abuela olía a talcos LeJardin.
  14. Me acuerdo de Doña Élida.
  15. Me acuerdo de las competencias por comerse el mango verde con más chile y limón en el colegio.
  16. Me acuerdo de un concierto de trash metal en una bodega de llantas en la Avenida Bolivar
  17. Me acuerdo de las maquinitas de video juegos Indianápolis 500.
  18. Me acuerdo de que las patrullas de policía en los ochentas eran marca LADA.
  19. Me acuerdo de los aviones de AVIATECA.
  20. Me acuerdo del anuncio de una tienda de ropa que ponía música de Alux Nahual (perdón Paulo, pero todavía lo recuerdo).
  21. Me acuerdo de la niña de mi clase que se llamaba Rita y que me pegaba.
  22. Me acuerdo del Big Wheel que me dio mi mamá para la navidad del 79.
  23. Me acuerdo de que el primer teléfono que tuvimos en la casa era color naranja.
  24. Me acuerdo de mi colección de tubos de televisor fundidos.
  25. Me acuerdo de las mañanas de los sábados en que me ponía a leer toda la mañana tirado en el sofá.
  26. Me acuerdo del programa de rock que dirigía Jorge Sierra cada viernes en Metro Stereo.
  27. Me acuerdo que con Arnoldo y Nery quisimos hacer una banda de punk en 1989.
  28. Me acuerdo de una banda que se llamaba Tzantoid.
  29. Me acuerdo que la maestra me castigaba por no participar en los intercambios de regalo para el día del cariño.
  30. Me acuerdo que mi perro se llamaba Dino.
  31. Me acuerdo del primer disco que tuve en mi vida, era un greatest hits de Queen.
  32. Me acuerdo que pasé 2 horas haciendo cola con mis vecinos para ver el estreno de Return of the Jedi.
  33. Me acuerdo que Mazinger Z lo daban a las tres de la tarde.
  34. Me acuerdo de una pistola galáctica que tenía cuatro sonidos distintos y que usaba una batería cuadrada.
  35. Me acuerdo que los primeros Walkman pesaban como 10 libras.
  36. Me acuerdo del los Casetes Maxell de cinta cromada.
  37. Me acuerdo de las calcomanías de Marvel que salían en las cajas de Corn Flakes.
  38. Me acuerdo de Tele-Match y Vision On.
  39. Me acuerdo que los canales de televisión empezaban a las 12 de la tarde con el himno nacional.
  40. Me acuerdo mi lonchera de aluminio.
  41. Me acuerdo del show de Benny Hill que veía a escondidas los jueves en la noche.
  42. Me acuerdo de los tenis Nike blancos con azul.
  43. Me acuerdo de un concierto de Caifanes en la Plaza Central (los metaleros querían apedrearlos).
  44. Me acuerdo de los posters de la primera película de Superman.
  45. Me acuerdo de la abominable música de Ray Conniff.
  46. Me acuerdo que luego de ver The Lost Boys, me creí vampiro durante varios días.
  47. Me acuerdo de que coleccionaba etiquetas de cohetes.
  48. Me acuerdo de los relojes de pulsera Casio con calculadora.
  49. Me acuerdo de los helados suaves del Portal del Comercio.
  50. Me acuerdo del toro mecánico de la Feria de la Cerveza.
  51. Me acuerdo de la venta de discos que estaba en el Pueblito Zona 10.
  52. Me acuerdo que odiaba los desfiles del 15 de septiembre.
  53. Me acuerdo que estudiaba en un colegio cercano a la cervecería y que el olor llegaba hasta mi clase.
  54. Me acuerdo del día en que supe lo que era un cosmonauta y que el primer hombre en el espacio fue Yuri Gagarin.
  55. Me acuerdo de que la primera película para quince que pude ver en el cine fue a mis doce años.
  56. Me acuerdo que hice un caleidoscopio con un tubo de mani Planters.
  57. Me acuerdo de Linus esperando a La Gran Calabaza.
  58. Me acuerdo de que el maestro de educaión física me apodaba “El Seco”.
  59. Me acuerdo de un video de Robert Palmer.
  60. Me acuerdo que le reventé la cara a dos niños de la clase, a uno le decían Cabrera y al otro Masca Piedras.
  61. Me acuerdo de los tractores Tonka color amarillo.
  62. Me acuerdo de Esquilandia.
  63. Me acuerdo que siempre volvía deprimido del zoológico.
  64. Me acuerdo del partido Brasil-Francia en las semifinales del mundial 1986.
  65. Me acuerdo que el Santa Claus del almacén Casa Música usaba una máscara.
  66. Me acuerdo que llevar 10 quetzales al colegio era una suma inaudita para 1985.
  67. Me acuerdo que mi primer cedé fue el Ruido Blanco de Soda Stereo.
  68. Me acuerdo que el señor que manejaba el bus del colegio de mi primaria se llamaba Rocael.
  69. Me acuerdo que el logo del centro comercial de la Zona 4 formaba un 74 (año en que nací).
  70. Me acuerdo del carro Mini Cooper azul de mi prima.
  71. Me acuerdo que el primer libro que me regalaron era editorial Bruguera ¿Miguel Stroggof?
  72. Me acuerdo de las radionovelas de Kalimán.
  73. Me acuerdo de los ricitos con limón.
  74. Me acuerdo las protestas de "10 sí y 15" no en el Centro.
  75. Me acuerdo que los judiciales mataron a un estudiante durante esa huelga y que lo mostraron en la televisión como a un “dirigente estudiantil subversivo”.
  76. Me acuerdo que siempre perdía jugando Gran Banco.
  77. Me acuerdo del anuncio de B&B de navidad.
  78. Me acuerdo de la película navideña de un niño que quería un rifle.
  79. Me acuerdo del libro de Tom Sawyer usado que compré para una feria del libro.
  80. Me acuerdo de los comics del Fantasma que salían los domingos en El Gráfico.
  81. Me acuerdo de la primera antena parabólica que llegó a la colonia.
  82. Me acuerdo de la foto del Palacio Nacional y de la música de marimba que ponían cuando había un golpe de estado.
  83. Me acuerdo del primer video de Nirvana que salió en Canal 25.
  84. Me acuerdo de las excursiones de primaria en el Hipódromo del Norte.
  85. Me acuerdo de los poemas de Gabriela Mistral en mis libros de idioma Español.
  86. Me acuerdo de las bicicletas californianas.
  87. Me acuerdo de las guerras de canchinflines durante las quemas del diablo.
  88. Me acuerdo de las imágenes de guerrilleros muertos que pasaban en Aquí el Mundo.
  89. Me acuerdo de la primera revista porno que llevaron al colegio.
  90. Me acuerdo de los breaks y los anti breaks en la Zona 1.
  91. Me acuerdo de los Boliches Bell.
  92. Me acuerdo de los delirantes discursos de Ríos Montt los domingos por la noche.
  93. Me acuerdo de los conciertos de rock que hacía Vinicio Cerezo en la Plaza de la Constitución.
  94. Me acuerdo de los inalcansables records de Pac Man en las maquinitas del Centro Cápitol.
  95. Me acuerdo de los tableros que teníamos que llevar al colegio durante todo el año.
  96. Me acuerdo de Titanes en el Ring.
  97. Me acuerdo de la señora que vendía en la tienda del colegio.
  98. Me acuerdo del niño guatemalteco que era genio de las matemáticas y se lo llevaron a estudiar a la Unión Soviética.
  99. Me acuerdo de la canción de “un soldado es un hijo un amigo un hemano” que daban en Canal 5.
  100. Me acuerdo de la estudiante de la Usac que secuestraron en la esquina de la casa.
  101. Me acuerdo del eclipse del año 91.
  102. Me acuerdo…


lunes, 11 de enero de 2010

BUSCAN ELECTROADICTOS EN CUARTOS DE HOTELES


(Tetsuo Iron Man/Shinya Tsukamoto)



Un total de 47 hoteles del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala fueron investigados por agentes de la Secretaría de Antinarcóticos de la Policía Nacional Civil dando como resultado la ubicación de más 28 centros de distribución de crack, cocaína y marihuana. Según informantes anónimos en estos establecimientos no sólo se vendían este tipo de drogas, también se consumía electricidad, permaneciendo algunos adictos durante días o semanas dentro de las habitaciones.

El trabajo de vigilancia dio como resultado la detección de esta clase de actividades delictivas a través de la observación directa de los contadores de luz en los centros de distribución de droga conocidos popularmente como “puntos” o “shockjauses”. Varias fuentes informaron que cuando se agota la droga, los clientes habituales y desesperados recurren a la energía eléctrica -ya sea metiendo la lengua en los tomacorrientes o bien chupando los cables de las lámparas cuando están conectados- dando como resultado fuertes descargas que aceleran el metabolismo y dejan al adicto en estado de semi-inconsciencia.

Expertos analistas opinan que la relación entre la corriente eléctrica y la sobre-estimulación causada por las drogas guarda similitudes en cuanto a la intensidad y al daño generado en el sistema nervioso. Sin embargo el impacto o “morongazo” (como le llaman los electroadictos) que genera la fluído eléctrico es superior al que pueden provocar estimulantes comunes.

Horacio Alegría, psicólogo especialista en electroadicción, indica que el tratamiento para esta enfermedad es muy complejo, porque la electricidad puede conseguirse en cualquier lugar con un mínimo de condiciones domésticas. Aconseja que lo más recomendable para las personas con esta conducta compulsiva es que se retiren a municipios distantes de la capital, a departamentos como Huehuetenango, Petén, Quiché o San Marcos, donde los electroadictos estén aislados. El experto señala que afortunadamente en Guatemala es muy fácil encontrar sitios que carecen de este servicio, por ello se puede ofrecer un excelente tratamiento de desintoxicación a personas de países desarrollados que viajen al país. “Es importante que los padres vigilen que sus hijos no lleguen a casa con objetos como cintas de aislar, cables de diverso calibre ni que pasen demasiado tiempo estudiando los sockets, las regletas, tomacorrientes, alambres de plancha u otro tipo de resistencias, ya que son claras manifestaciones de este tipo de adicciones”, señala. Según Alegría su clínica atiende a muchos electricistas que por su trabajo se han visto expuestos a descargas involuntarias y que desgraciadamente han ido enganchándose al punto de abandonar a sus familias, permaneciendo durante meses en la shockjauses buscando voltajes cada vez más potentes: "muchos de ellos han muerto buscando un impacto más fuerte en los postes de alumbrado público, donde succionan cables de alta tensión y caen fulmiandos luego de un éxtasis similar al de una sobredosis" nos informa.

Debido a que no existe una legislación que procure controlar el voltaje y que vele porque no se extienda este flagelo, se hace imposible cuantificar la cantidad de población afectada. Lamentablemente fue imposible localizar a personeros de la Empresa Eléctrica de Guatemala para pedir su opinión respecto a este tema.

jueves, 24 de julio de 2008

CUANDO EN LA FICCIÓN NO HAY CIENCIA



Señores de Marte. Queridos hombrecitos verdes.

No tengo gente a mi alrededor, todos se han ido y me dejaron en mi planeta. La Tierra. Camino todo el día en calles donde no hay nadie. Entro por las puertas de todas las casas. Las carreteras son líneas nada más, no pasan carros, no se ve una sola alma. Las tiendas han sido abandonadas. Los edificios son cadáveres de polvo. Todo está tan solo y es tan basto.
El mundo es enorme desde que se quedó sin gente.
Se fueron por la noche y no me dijeron nada. Construyeron sus naves en secreto. Me ocultaron muy bien su plan de abandonarme.
No tengo nada qué hacer si en esta soledad solamente quedaron las cosas.
Se llevaron todos los animales, algunos árboles, algunos libros, fotos.... Todo lo que alguna vez fue mi vida, viaja ahora por el espacio. Allí van mis padres, mi esposa, mi hijo; la señora que vende el pan, también mis compañeros de trabajo, todos mis vecinos.
Me dejaron sus monstruos. Una huella de combustible. El surco de nubes en el cielo. Invierno en tenazas. Dos langostas gigantes. El bebé Godzilla. Algunas lombrices de respiración brutal. Una máquina con tetas. Una catedral de cohetes.
Las calles se quedan poco a poco sin luces y la lluvia está encharcando en todos lados. Ya no es tarde, ya no puede ser tarde, ya nunca será temprano ni nunca volverá a ser nunca. Se acabaron las promesas. También las contradicciones. Se fugo la depresión con potentes turbinas. Solo queda tiempo inútil para invertirlo inútilmente.
Cada quien sabe que al dejarlo todo siempre se corre el peligro de estar muerto. Sin embargo no pareció importarles. Se lanzaron con arrebato hacia otro mundo, otro sitio que ni siquiera imaginaron. Están por todo el cielo. Ahora saben a ciencia cierta que la ciencia no es cierta. Se estarán riendo de tantas mentiras y de tanta lógica.
No existía la ciencia ficción, solo el miedo al futuro, este futuro solitario.
Cada locura imagina de distinto modo lo que vendrá. A veces son máquinas, a veces plantas, simios, niños, ancianos, antimateria, clones. Nadie se imagina la soledad.
Señores extraterrestres, ¿qué saben ellos? Yo puedo decirles lo que es quedarse en la vida, remota y perdida, de este satélite de la luna.
2000

viernes, 27 de junio de 2008

INOCENCIA




Los bomberos le echaron la chamarra encima, no recuerdo mayor cosa. Mi vieja me agarró del brazo, a pura verga quería que llorara por mi ruco. A mí me daba lo mismo verlo vivo o verlo allí, hecho mierda sobre la carretera. Mi carnal estaba jalado por esos días. Cuando mi centenaria le contó, dijo que “Ya era hora que se muriera ese hijo de puta”. Mi broder tenía razón. Mi viejo chingó durante años. Llegaba bien a talega a sacarnos de la cama a eso de las tres de la mañana y todo el tiempo andábamos con miedo. Una vez le pegó a mi ruca con la plancha. Cuando mi hermano se metió a salvarla, le quitó la plancha y le zampó una patada en el hocico a mi ruco; mi vieja de turbia lo que hizo fue llamar a la tira y mandar a mi carnal al bote.

Lo que no puedo negarle a ese viejo cerote era que mejor zapatero que él no había. Cabrón para eso. Cuando de chirís me ponía dis que a ayudarlo, me dí cuenta de que era pesado. Los chances se hacían bien o no se hacían. Antes que ese carro lo mandara al hoyo, estaba trabajando duro para poner un tallerón lujo. Me acuerdo que la primera vez que llegué bien loco a la casa —yo tenía unos doce años y mi viejo llevaba rato de muerto— entré en su tallercito y chillé. Casi lo podía ver sentado trabajando como animal, porque bretiava grueso, aunque se pusiera a moronga nunca dejaba de echar punta. El recuerdo me hizo mierda. Me puse la chumpa y como le hacía a la cacha salí a ver que onda.

Ese día vi a un chavo que pintaba de feria y lo hice bajado, después lo hice atravesado con un filero y lo deje boqueando sangre en la banqueta. Al bajarme el pedo sentí rabia por mis muladas. Pero de veras me sentí turbio.

La primera vez que caí al refor me hice compadre de un chavo. Nos poníamos a flexear cuando los tichers se descuidaban y nos escapábamos por la pared de atrás que daba a unas milpas. Cuando regresé, mi ruca me echó de la chante. Me dijo un montón de muladas que ya no me acuerdo. Total paré durmiendo en el parque. La tira nos llegaba a levantar a media noche y se llevaba a la güisas flexeras para cogérselas en las patrullas. Desde chirís mi vieja nos mandaba a talonear a mi carnal y a mí a la imprenta del hijueputa del Chema. El muy cerote nos tenía trabajando hasta que le roncaba la gana, pero con todo y eso me puse las pilas y sacaba los chances al chile. Se me quedó cómo se cortaba, se encuadernaba y toda esa paja. Eso fue antes de que jaláramos al norte con mi carnal.

Mi brother sabía cómo era que corría el agua, toda la casaca para llegar a la frontera sin coyote. Pero unos mierdas nos pusieron allí por Beiquers... o Bakers... no sé qué pisados. Mi hermano quería pasar un cacho de cois y cuando la migra le dio color, no nos la acabamos. Aquí hicieron un gran mate, que era narco y demás pajas. Salió en la tele, en la prensa, todo el mundo hablaba de él.

Mi hermano siempre fue pilas ¡qué trances se discutía! Una vez vaciaron una bodega él y otro su compadre. Ese día me llevó a libar. Ahora está jalado por homicidio, se quebró a dos tiras. Cuando se lo llevaron al Preventivo le metieron una gran verguiada como diez chontes y lo dejaron vomitando coágulos de sangre. Él me enseñó a no andar en maras “esos son huecos, todos los quesos hay que discutírselos uno solo” –dice.

Mi vieja hasta nos niega, le preguntan por nosotros y dice que estamos muertos; tiene vergüenza de decir que somos gruesos. Algún día me va a ver en un buen cherris y con buenas chivas y la voy a llegar a sacar del hoyo donde vive. ¡Si yo soy la neta! Lo que pasa es que hay que sacar el día, hay que ser chinche sino a uno le cae. A mí lo que me llega es andar de rollo. Si hubiera sido un bato de feria sería de esos engasados que van a la Universidad, pero ni así se les quita lo mula... nel, prefiero así, callejero, ahí está todo.

Hay un tira que tengo choteado. La vez pasada me sembró mota y me llevó jalado. Pura gana de chingar. Una granada le voy tirar a la pachuca. ¡Nel, si yo soy grueso!
Ayer soñé que estaba jalado. Ni Diosito lo quiera. Me prometí que cuando cumpla 19, voy a cuadrarme. Neta.


1996

(Este fue el primer cuento que escribí )

miércoles, 21 de mayo de 2008

VERDUGOS



Un hombre fue ejecutado en la guillotina, el verdugo colocó la cabeza desmembrada sobre una mesa; pero la multitud gritaba tan fuerte el nombre del condenado, que los ojos del decapitado se abrieron y comenzaron a moverse buscando a quienes lo pronunciaban.

Los verdugos entraban con guantes a la iglesia para no manchar la casa de Dios con sus manos desnudas. Cuentan de uno que, desde que un chorro de sangre de un inocente saltó y le mojó las palmas, no pudo dejar de frotarse las manos tratando de borrar aquel vestigio.

La voluntad del verdugo no puede ser comprada con nada; muchas fueron las mujeres que en el último momento se desnudaron y pusieron sus cuerpos jóvenes a sus pies, pero jamás lograron el perdón o el soborno.