jueves, 12 de julio de 2018

GENEALOGÍA



Charles Baudelaire engendró a Paul Verlaine, Verlaine a Arthur Rimbaud, Rimbaud a Stephane Mallarmè, Mallarmè a Guillaume Apollinaire a Marinetti que a su vez engendraron a Tristan Tzara, Antonin Artaud, Georg Trakl, Ezra Pound, Vicente Huidobro. Trakl, Pound, Tzara y Huidobro engendraron a Marcel Duchamp y a César Vallejo; Trakl a Alfred Doblin, Jorge Luis Borges, Fernando Pessoa y Thomas Mann; Pound a Mariane Moore, T.S. Eliot, Virginia Woolf y James Joyce. Woolf, Pessoa y Borges no tuvieron descendencia. Moore, Joyce y Eliot engendraron a Juan Rulfo, Julio Cortázar, Alejandra Pizarnik, Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William S. Burroughs que engendraron a Thomas Pynchon, José Revueltas y Kurt Vonnegut. Entonces fue que aparecieron las editoriales transnacionales que enviaron un virus de críticos-publicistas asalariados que destruyeron la creatividad a través de premios y autores sobrevalorados terminando así con la originalidad literaria.

miércoles, 6 de junio de 2018

RESISTENCIA


Isabel Ruiz / Río Negro


Pregúntele al ayudante de camión que estudia magisterio en una escuela nocturna.
Pregúntele a la empleada doméstica que dejó a sus tres niños pequeños en su pueblo.
Pregúntele al anciano que recibe 500 quetzales de jubilación.
Pregúntele a la viuda del piloto de bus que mataron la semana pasada.
Pregúnteles a los niños que caminan con una carga de leña a la orilla de la carretera.
Pregúntele a la mujer que espera el último autobús a las 10 de la noche en la 16 calle de la Zona 1.
Pregúntele al hijo del campesino de Huehuetenango que quiere estudiar en la universidad.
Pregúntele al que lleva seis meses sin trabajo.
Pregúntele a la familia que dejó su casa por huir de las pandillas.
Pregúntele a los que están trabajando de ilegales en Estados Unidos.
Pregúntele al policía que nunca ha aceptado un soborno.
Pregúntele al agente de seguridad que gana menos del salario mínimo.
Pregúntele a la madre y al niño con VIH.
Pregúntele al vendedor de lapiceros que se sube en las camionetas.
Pregúntele a los ex pandilleros que buscan un trabajo legal.
Pregúntele al hijo del campesino que se va a graduar de auditor.
Pregúntele al funcionario que prefirió ser despedido antes que corromperse.
Pregúntele a los bomberos, al soldado raso, al policía que está rescatando gente en las laderas del volcán de Fuego Pregunte,¿qué es para ellos vivir en Guatemala?,
"Es resistencia", le dirán.

martes, 5 de junio de 2018

GUATEMALA



Francisco Tún / Sin título

Guatemala es una grieta en la acera.
Guatemala es una espera interminable en las bancas del IGSS.
Guatemala es un Toyota 1000 lleno de verduras cruzando Chimaltenango.
Guatemala es un vasito plástico tirado en el piso de un mercado.
Guatemala es uno de esos globos manchados de colores.
Guatemala es una gota destilada de agua verde.
Guatemala es una comunidad que se derrumba en cada temporal.
Guatemala es una piedra pintada con propaganda política.
Guatemala es el primo que vuelve de Estados Unidos cada navidad.
Guatemala es una lancha llena de turistas y canastos.
Guatemala es la cerveza derramada en las puertas de un estadio.
Guatemala el murmullo incomprensible y el sollozo.
Guatemala es un tuc-tuc/moto-taxi sin frenos.
Guatemala es un barrilete que espera al viento.
Guatemala es la muchacha que lee en medio de un bus lleno.
Guatemala es una caja de pollo frito tirada en una manifestación.
Guatemala es una mujer que acaba de dar a luz en el Hospital Roosevelt.
Guatemala son dos niños Tzutuhiles fotografiados por un gringo.
Guatemala es un pan con chomín y un octavo.
Guatemala es un escritorio sin paleta.
Guatemala es una marimba de juguete.
Guatemala es el espejo roto de una radiopatrulla.
Guatemala es un zapato flotando en el lago de Amatitlán.
Guatemala es el limón al fondo de una bolsa de mangos.
Guatemala una carpa agujereada.
Guatemala es un volcán en erupción.
Guatemala es una olla con aceite hirviendo en medio de una feria.
Guatemala es la cal con que se pintan las iglesias.
Guatemala es un letrero que se borra en la pared de una tienda.
Guatemala es un pájaro detenido en el cielo.

lunes, 21 de mayo de 2018

PLANETA



No tengo gente alrededor, me dejaron en mi  planeta. Camino todo el día en calles donde no hay nadie. Entro por las puertas de todas las casas. Las carreteras son líneas nada más, no pasan carros, no se ve una sola alma. Las tiendas han sido abandonadas. Los edificios son cadáveres de polvo. Todo está tan solo y es tan vasto.
Mi mundo es enorme desde que se quedó sin gente.
Se fueron por la noche y no me dijeron nada. Construyeron sus naves en secreto, ocultaron muy bien su plan de abandonarme.
No tengo nada qué hacer si en esta soledad solamente quedaron las cosas.
Todo lo que alguna vez fue mi vida, viaja ahora por el espacio. Mi familia, mis vecinos, mis compañeros de trabajo...
Me  dejaron monstruos. Una huella de combustible. El surco de nubes en el cielo. Invierno en tenazas. Dos langostas gigantes. Algunos reptiles. Una catedral de cohetes y antenas. Plástico y basura cibernética. 
Las calles se quedan poco a poco sin luces y la lluvia está encharcando en todos lados. Ya no es tarde, ya no puede ser tarde, ya nunca será temprano ni nunca volverá a ser nunca. Se acabaron las promesas. También las contradicciones. Se fugó la depresión con potentes turbinas. Solo queda tiempo inútil para invertirlo inútilmente.
Cada quien sabe que al dejarlo todo siempre se corre el peligro de estar muerto. Sin embargo no pareció importarles. Se lanzaron con arrebato hacia otro mundo, otro sitio que ni siquiera imaginaron. Están por todo el cielo.
Cada locura imagina de distinto modo el futuro. A veces son máquinas, a veces plantas carnívoras, dinastías de simios, antimateria, máquinas o clones. Nadie se imagina esta soledad.


jueves, 8 de marzo de 2018

EN LA ÚLTIMA PÁGINA DE LARGO A LA SIGUIENTE ORILLA







Ojos cansados que intentan ver el final del documental luego de un largo y problemático día de trabajo.
Ojos que no pestañean mientras siguen la jugada que está a punto de terminar en un gol, mientras el restaurante chino grita: ¡Messi!, ¡Messi!, ¡Messi!
Ojos que arden enrojecidos, con una resaca de mil demonios y que apenas se despejan ven la hora: doce del mediodía.
Ojos que ven detrás de una vitrina la camisa y el jeans que serán la inversión del primer sueldo de la vida.
Ojos que titilan frente a un videojuego mientras las manos se mueven a mil por segundo en el teclado del teléfono.
Ojos que a la distancia reconocen al par de “pintas” que acaban de subirse en la camioneta y que seguro van a desvalijar a todos los pasajeros.
Ojos que terminan de leer una novela de Ernest Hemnigway llenos de admiración y deseos de escribir o de vivir.
Ojos que pasan de largo las columnas de opinión y se van directo a las páginas de clasificados buscando un carrito rodado que cueste los ahorros de dos años.
Ojos que ven la fotografía del compañero de toda una vida y le ponen una veladora mientras en silencio la vejez se come el llanto.
Ojos que circulan buscando una dirección para entregar un pedido de pizza.
Ojos que en la pantalla de televisión observan otros ojos.
Ojos que se encuentran y se transforman en algo imperfecto pero insustituible en la vida.
Ojos que se dejan atrapar por la luz.
Ojos para la oscuridad.
Ojos que se mantienen abajo del agua.
Ojos que buscan monedas en el piso.
Ojos que se adhieren en la pantalla de una computadora mientras que sueñan estar en casa.
Ojos que se vuelven cuadros o refugios; puertas de entrada o puertas de salida.
Ojos que hacen que el sueño se vaya a la droga.
Ojos que son espejos rotos.
Ojos que ya no hablan, porque adentro ya no existen razones ni palabras.
Ojos que escriben.
Ojos que leen.
Ojos que escuchan.
Ojos que sienten.
Ojos que se cierran siempre en la última página y que se van de largo a la orilla siguiente como en un sueño.

lunes, 5 de febrero de 2018

44



El fin de un relato. El inicio de uno nuevo. 
Abrir caminos, transformar el paisaje con formas y palabras nuevas. Vivir muertes para vivir vidas.
El agua no es fría para siempre. La luz en la ventana la entibia.
La luz borra las sombras.

Volverán las uvas y los prados.


miércoles, 25 de octubre de 2017

LA PLUMA (FINAL ORIGINAL DE DÍAS AMARILLOS)



Llevo estas cosas anotadas en un cuaderno rojo, me siento durante un buen rato en el Burger King  y me quedo hasta que llega alguien y se sienta a la par mía; alguien que siempre me dice lo suficiente sobre mí mismo. Entonces escucho a la gente que sabe. Yo no sé nada, pero tengo ganas de aprender, sólo los ignorantes tenemos la vida destruida. Hoy me sucedió, me senté en una mesita junto a la puerta, saqué mis notas, el libro de Coetzee que estoy leyendo y la pluma que me regaló mi ex esposa. No tenía ganas de escribir, así que me dispuse solamente a leer, por si de pronto llegaba una idea. Este autor tiene ese tipo de talento narrativo que logra hacer visible todo lo que escribe, es muy difícil que alguien lo atrape y lo traslade a uno de esa forma. Estaba completamente concentrado en la lectura, cuando sentí que me tocaron el hombro. Levanté la vista y vi que se trataba de una muchacha morena, bajita y regordeta, que llevaba puesta una gorra de lana, una camiseta de fútbol y unos pantalones anchos que arrastraba en el suelo. Esos personajes que abundan por la calle, se meten a los restaurantes a pedir dinero. Pero ella no lo hizo, fue más directa, me pidió que le prestara mi pluma.

A la par mía estaban dos hombres con apariencia de abogados y que había visto en un par de ocasiones en el mismo lugar. Mientras estaba la muchacha conmigo, uno de ellos corrió su maletín de cuero y lo puso a resguardo.

No lo pensé mucho, así que le dí mi pluma y continué la lectura. Luego de pasar un par de páginas, comencé a pensar que realmente todo era una mierda; le había dado a una desconocida una parte importante de mi vida, una pluma dorada que había mantenido conmigo durante ocho años. Se la entregué a alguien que la irá a vender o a cambiar por droga, y me dejará sin escribir. Me entró un mal presagio, soy una persona supersticiosa, la sensación de que había regalado algo más que eso, mi esperanza de escribir, me despojaron de lo último.

Estoy seguro que mis vecinos de mesa pensaron que soy un imbécil, y que me pude haber negado. Total, ya estaba hecho. Seguí leyendo y dejé atrás mis presentimientos.

Pasaron quizá 45 minutos, concluí el libro y comencé a guardarlo todo dentro de mi mochila. No había cerrado el zíper cuando vi entrar de nuevo a la misma muchacha, se dirigió a mí y me extendió la mano entregándome la pluma, me di cuenta  que tenía algunos tatuajes en el antebrazo, luego me dijo “gracias” y me pidió disculpas por la demora.  Le sonreí, puse el lapicero junto a mis demás cosas y salí del lugar. 


Enero-Octubre 2007