lunes, 21 de mayo de 2018

PLANETA



No tengo gente alrededor, me dejaron en mi  planeta. Camino todo el día en calles donde no hay nadie. Entro por las puertas de todas las casas. Las carreteras son líneas nada más, no pasan carros, no se ve una sola alma. Las tiendas han sido abandonadas. Los edificios son cadáveres de polvo. Todo está tan solo y es tan vasto.
Mi mundo es enorme desde que se quedó sin gente.
Se fueron por la noche y no me dijeron nada. Construyeron sus naves en secreto, ocultaron muy bien su plan de abandonarme.
No tengo nada qué hacer si en esta soledad solamente quedaron las cosas.
Todo lo que alguna vez fue mi vida, viaja ahora por el espacio. Mi familia, mis vecinos, mis compañeros de trabajo...
Me  dejaron monstruos. Una huella de combustible. El surco de nubes en el cielo. Invierno en tenazas. Dos langostas gigantes. Algunos reptiles. Una catedral de cohetes y antenas. Plástico y basura cibernética. 
Las calles se quedan poco a poco sin luces y la lluvia está encharcando en todos lados. Ya no es tarde, ya no puede ser tarde, ya nunca será temprano ni nunca volverá a ser nunca. Se acabaron las promesas. También las contradicciones. Se fugó la depresión con potentes turbinas. Solo queda tiempo inútil para invertirlo inútilmente.
Cada quien sabe que al dejarlo todo siempre se corre el peligro de estar muerto. Sin embargo no pareció importarles. Se lanzaron con arrebato hacia otro mundo, otro sitio que ni siquiera imaginaron. Están por todo el cielo.
Cada locura imagina de distinto modo el futuro. A veces son máquinas, a veces plantas carnívoras, dinastías de simios, antimateria, máquinas o clones. Nadie se imagina esta soledad.


jueves, 8 de marzo de 2018

EN LA ÚLTIMA PÁGINA DE LARGO A LA SIGUIENTE ORILLA







Ojos cansados que intentan ver el final del documental luego de un largo y problemático día de trabajo.
Ojos que no pestañean mientras siguen la jugada que está a punto de terminar en un gol, mientras el restaurante chino grita: ¡Messi!, ¡Messi!, ¡Messi!
Ojos que arden enrojecidos, con una resaca de mil demonios y que apenas se despejan ven la hora: doce del mediodía.
Ojos que ven detrás de una vitrina la camisa y el jeans que serán la inversión del primer sueldo de la vida.
Ojos que titilan frente a un videojuego mientras las manos se mueven a mil por segundo en el teclado del teléfono.
Ojos que a la distancia reconocen al par de “pintas” que acaban de subirse en la camioneta y que seguro van a desvalijar a todos los pasajeros.
Ojos que terminan de leer una novela de Ernest Hemnigway llenos de admiración y deseos de escribir o de vivir.
Ojos que pasan de largo las columnas de opinión y se van directo a las páginas de clasificados buscando un carrito rodado que cueste los ahorros de dos años.
Ojos que ven la fotografía del compañero de toda una vida y le ponen una veladora mientras en silencio la vejez se come el llanto.
Ojos que circulan buscando una dirección para entregar un pedido de pizza.
Ojos que en la pantalla de televisión observan otros ojos.
Ojos que se encuentran y se transforman en algo imperfecto pero insustituible en la vida.
Ojos que se dejan atrapar por la luz.
Ojos para la oscuridad.
Ojos que se mantienen abajo del agua.
Ojos que buscan monedas en el piso.
Ojos que se adhieren en la pantalla de una computadora mientras que sueñan estar en casa.
Ojos que se vuelven cuadros o refugios; puertas de entrada o puertas de salida.
Ojos que hacen que el sueño se vaya a la droga.
Ojos que son espejos rotos.
Ojos que ya no hablan, porque adentro ya no existen razones ni palabras.
Ojos que escriben.
Ojos que leen.
Ojos que escuchan.
Ojos que sienten.
Ojos que se cierran siempre en la última página y que se van de largo a la orilla siguiente como en un sueño.

lunes, 5 de febrero de 2018

44



El fin de un relato. El inicio de uno nuevo. 
Abrir caminos, transformar el paisaje con formas y palabras nuevas. Vivir muertes para vivir vidas.
El agua no es fría para siempre. La luz en la ventana la entibia.
La luz borra las sombras.

Volverán las uvas y los prados.


miércoles, 25 de octubre de 2017

LA PLUMA (FINAL ORIGINAL DE DÍAS AMARILLOS)



Llevo estas cosas anotadas en un cuaderno rojo, me siento durante un buen rato en el Burger King  y me quedo hasta que llega alguien y se sienta a la par mía; alguien que siempre me dice lo suficiente sobre mí mismo. Entonces escucho a la gente que sabe. Yo no sé nada, pero tengo ganas de aprender, sólo los ignorantes tenemos la vida destruida. Hoy me sucedió, me senté en una mesita junto a la puerta, saqué mis notas, el libro de Coetzee que estoy leyendo y la pluma que me regaló mi ex esposa. No tenía ganas de escribir, así que me dispuse solamente a leer, por si de pronto llegaba una idea. Este autor tiene ese tipo de talento narrativo que logra hacer visible todo lo que escribe, es muy difícil que alguien lo atrape y lo traslade a uno de esa forma. Estaba completamente concentrado en la lectura, cuando sentí que me tocaron el hombro. Levanté la vista y vi que se trataba de una muchacha morena, bajita y regordeta, que llevaba puesta una gorra de lana, una camiseta de fútbol y unos pantalones anchos que arrastraba en el suelo. Esos personajes que abundan por la calle, se meten a los restaurantes a pedir dinero. Pero ella no lo hizo, fue más directa, me pidió que le prestara mi pluma.

A la par mía estaban dos hombres con apariencia de abogados y que había visto en un par de ocasiones en el mismo lugar. Mientras estaba la muchacha conmigo, uno de ellos corrió su maletín de cuero y lo puso a resguardo.

No lo pensé mucho, así que le dí mi pluma y continué la lectura. Luego de pasar un par de páginas, comencé a pensar que realmente todo era una mierda; le había dado a una desconocida una parte importante de mi vida, una pluma dorada que había mantenido conmigo durante ocho años. Se la entregué a alguien que la irá a vender o a cambiar por droga, y me dejará sin escribir. Me entró un mal presagio, soy una persona supersticiosa, la sensación de que había regalado algo más que eso, mi esperanza de escribir, me despojaron de lo último.

Estoy seguro que mis vecinos de mesa pensaron que soy un imbécil, y que me pude haber negado. Total, ya estaba hecho. Seguí leyendo y dejé atrás mis presentimientos.

Pasaron quizá 45 minutos, concluí el libro y comencé a guardarlo todo dentro de mi mochila. No había cerrado el zíper cuando vi entrar de nuevo a la misma muchacha, se dirigió a mí y me extendió la mano entregándome la pluma, me di cuenta  que tenía algunos tatuajes en el antebrazo, luego me dijo “gracias” y me pidió disculpas por la demora.  Le sonreí, puse el lapicero junto a mis demás cosas y salí del lugar. 


Enero-Octubre 2007

lunes, 11 de septiembre de 2017

LA SOLEDAD DE TODOS





La soledad de los mapas.
La soledad de los méritos.
La soledad de las religiones.
La soledad de las familias.
La soledad de las carreteras.
La soledad de las bibliotecas.
La soledad de las oficinas.

La soledad de los artistas.
La soledad de quien redacta las noticias.
La soledad de los que lloran junto al cadáver.
La soledad de los asesinos.
La soledad de las víctimas.
La soledad de los vivos.
La soledad de los muertos.

La soledad de un niño.
La soledad de un adulto.

La soledad del círculo.
La soledad del cuadrado.
La soledad del día.
La soledad de la noche.
La soledad de la lluvia.
La soledad del verano.
La soledad de la tormenta.
La soledad del mar en calma.

La soledad del que sirve.
La soledad del que impone.
La soledad del que gobierna.
La soledad del que es gobernado.
La soledad del que grita.
La soledad del que oye.
La soledad del que tira el dinero.
La soledad de quien apenas tiene para una bolsa de agua.

La soledad del que aguarda un juicio.
La soledad del que juzga.
La soledad del perseguidor.
La soledad del perseguido.
La soledad del inocente.
La soledad del culpable.
La soledad del inteligente.
La soledad del triste.
La soledad del mundo entero.

La soledad de los padres.
La soledad de los hijos.
La soledad de la las madres.
La soledad de los abuelos.
La soledad de los tíos, primos, sobrinos, hermanos…

La soledad del que escribe estas líneas.
La soledad del sobrio.
La soledad del político.
La soledad del desempleado.
La soledad del idealista.
La soledad del corrupto.
La soledad de la mesura.
La soledad del exceso.
La soledad de los caídos.
La soledad de los que viven en la cima.

La soledad de los odiados.
La soledad de los amados.
La soledad de la victoria.
La soledad del fracaso.
La soledad de los genios.
La soledad de los mediocres.

La soledad, la de ellos, la de aquellos, la de nosotros.
La soledad de todos

viernes, 1 de septiembre de 2017

SEPARACIÓN DE BIENES: SERGIO VALDÉS PEDRONI




Muy pocas cosas resisten a nuestras relaciones. Acaso los pactos de convivencia que alguna vez fijamos como ruta para salir de nosotros mismos. El valor de algo seleccionado por dos, como una manera de fijar un futuro. Se devienen las promesas en derrumbes y todos los tratados de armisticio luego de los primeros errores. Todo eso que, tarde o temprano, nos lleva hacia un Vietnam sentimental.

Vivimos modos de muerte en cada renuncia, porque en cada decisión que tomamos por amor nos jugamos la libertad de un sueño. Partir la casa en dos, llevarse lo poco que queda, intercambiar llaves, acometer un camión de mudanzas o un taxi rotativo, conseguir cajas o bolsas de basura o una maleta o una pequeña mochila. Cruzar la puerta como si fuera la última que atravesamos en vida. Hacer silencio para que nuestra decisión no se arruine de buenos recuerdos.

Tanto por decir, pero en la constante de ese rumbo queda lo que fue alguna vez ternura. La fe rota siempre es nuestra criptonita, nuestra vulnerabilidad. Los vicios son consignas y lo que con gran torpeza justificamos en un inicio. Con todo eso y con la sensibilidad poética de Sergio Valdés Pedroni para captar en su muy propio e ínitmo género de películas, Separación de Bienes es acaso su primera obra realmente narrativa.


Luego de ver este trabajo me quedo con un nudo de palabras qué decir. Un afiche de Jean Luc Godard y las pequeñas cosas que al final se  parten y reparten. La imagen de una impecable Patricia Orantes actuando como la derrota en la ternura de ambos o Valdés vociferando respuestas a preguntas que nadie comprende. Una Guatemala que perdió la paz luego de firmarla. Una comedia triste, una tragedia cómica, como todo en este país. Vale la pena cada minuto de la reciente película de nuestro imprescindible escritor, maestro y entrañable revolucionario del afecto cotidiano. 

miércoles, 9 de agosto de 2017

SUMMERTIME










Caligrafías instaladas,
el amor no ha sido sencillo.
Ese pasaporte para cruzar 
las vidas pasadas y presentes,
esa fila de rostros grises
donde a veces asoma un color nuevo.
Pero de tantas cosas aprendí
que no hay callejones sin salida,
si en sus esquinas existe
algo de belleza.