miércoles, 7 de septiembre de 2011

LIMBO (FRAGMENTO DEL PRIMER CAPÍTULO)

Limbo (Magnaterra editores, 2011)


... son las elecciones para Presidente de la República de Guatemala y todos, exceptuando al candidato del partido ganador, nos sentiremos más o menos Gregorio Samsa. No es un día muy relevante para mí, pero el sueño me despertó el deseo de retomar una libreta de apuntes y salir a vagar un poco. Divagar y ver gente.


Salgo de prisa, saco un muy longevo walkman Sony que compré hace casi una década, el disco Kid A de Radiohead y una libreta amarilla.



Había planeado quedarme leyendo, pero una enorme torre de libros reposando al lado de mi cama no me hacen sentir mejor. Desde que me separé de mi esposa, .1, -que se enamoró de otra persona- decidí convertirme en ermitaño. Me mudé a este apartamentito y no hago otra cosa que leer, sobre todo durante los fines de semana. Comienzo desde muy temprano por la mañana y termino hasta la madrugada del día siguiente. El resto de la semana corrijo textos publicitarios… no quiero hablar de eso.



Bueno, esta no es la Praga de Joseph K, tampoco es el Dublín del Bloomsday. Esta no es una isla rodeada por otra isla rodeada por otra isla: este es el centro de la Ciudad de Guatemala.



Mi casa queda en una calle cercana al Cerro del Carmen, el punto más antiguo de la ciudad y que hoy es territorio en pugna entre la policía, las maras, los hoteles de crack y las prostitutas.



Para llegar a la Sexta Avenida (digamos, la avenida principal) debo caminar seis cuadras. Así que decido ponerme los audífonos y avanzar por la calle vacía. Hace frío, es domingo y esto parece un pueblo fantasma.



Las aceras aún no se han repleto de vendedores de piratería y ropa de maquila. El viejo Portal del Comercio luce vacío sin sus indigentes y el aura de desolación del Centro favorece que pueda observar los detalles de sus edificios. Una abigarrada muestra de formas arquitectónicas bastante antojadizas: oficinas, zapaterías, ventas de saldos, restaurantes de comida rápida y papelerías.



Edificios parchados entre un muy refinado Art Decó y un improvisado amontonamiento de pisos. Pequeñas oficinas dentro de oscuros reductos llenos de tramitadores y abogados. Todo bajo el descafeinado cielo de estas horas.



Burger King de la 10 calle. Los lugares de fast food huelen a plástico, sus empleados parecen robots, sus baños apestan a jabón líquido y sus sillas son rígidas e incómodas.



Pido un “Combo 2” de desayuno. Atravieso el restaurante cargando mi charolita, me busco una mesa a la par de la ventana dispuesto a observar y anotar todo cuanto veo.



Afortunadamente el restaurante está vacío y me permite cierta calidez. Hago algunos círculos sobre la pequeña página con líneas. La catsup con sabor dulzón y el café aguado me resultan inspiradores. Algún infeliz decide ambientar el restaurante con música.



Una muchacha limpia una y otra vez el dispositivo donde se coloca la salsa de tomate. Pasa un trapo azul hasta que el chunche reluce como si fuera platería. Luego coloca una torre de coronas de cartón que muy democráticamente entregará a todos los niños que visiten el restaurante. La chica tiene una blusa roja y un pantalón café oscuro. No es bonita, pero se ve atractiva. Siempre encuentro similitudes entre las trabajadoras de los restaurantes de comida rápida. Quizá es un estereotipo, pero se ven siempre optimistas. Sonríen, son amables, pero sus miradas parecen distantes de su alma. Muy romántico.



Luego está el muchacho que trabaja como guardia de seguridad en la puerta. Muy delgado y bajito. Tiene un traje celeste y un revólver en el cinto. Tendrá a lo sumo dieciocho años. Él no se ve optimista, parece melancólico, sombrío. Su mirada está puesta en uno de los televisores que ambientan el lugar, justo en el video-clip de un cantante de hip-hop. Un mulato lleno de trenzas que pasea con cinco rubias de grandes tetas que mueven el culo una y otra vez frente a la cámara. El poli mira eso y medita. No sé qué piensa. Tal vez tiene una erección, quizá reflexiona sobre lo difícil que es conseguir un empleo en Guatemala o está maldiciendo a los candidatos a la presidencia. No sé. Se ve absorto y melancólico.




Dos mesas más adelante, un señor con patillas largas y vestido con un traje azul marino hojea el periódico. A un lado de su charola tiene una Biblia. No hace falta ser adivino para darse cuenta de que se trata de un pastor evangélico. Toma su café silenciosamente y pasa las páginas. ¿Qué estará pensando? Quizá en su congregación o en la decadencia que existe actualmente en el mundo o en los muchachos mareros que se entregaron a Cristo la semana pasada y cómo los asesinaron dos días después. O siendo menos optimista, puede que esté pensando en lo bien que se mira la hija de una de las hermanas de la iglesia y de cómo se le marcan los pechos cuando se desmaya en medio de la congregación.



Un ventanal rodea todo el restaurante. Detrás del vidrio se ve el transcurrir de la Sexta Avenida en todo su esplendor. Una mañana fría, pero llena de gente. Una mañana rara.



En medio de los ojos veo la avenida. La perspectiva se pierde entre uno que otro bus que avanza. Buses o “camionetas”, como les llamamos. Van por la avenida principal. Desperdician humo. Hoy están vacíos.



En días laborales los buses van llenos a reventar. Sus vientres vomitan docenas de personas en cada parada. Adentro son como micro infiernitos. Llenos de gente colgada, gente inclinada 180 grados. Gente con los pies martillados por no sé cuántos zapatos. Gente con canastos, bolsas, paraguas, pistolas o machetes. Niños que hacen brotar el llanto a cualquiera. Payasos que suben a contar chistes salados. Mendigos sudorosos y vendedores de toda índole. Todos los buses tienen una leyenda escrita en la entrada: Por favor córrase para atrás. Este es el eslogan del país. Avanzar hacia atrás es lo que hemos hecho desde el inicio. Una lógica que nos tiene donde estamos.

jueves, 25 de agosto de 2011

BOYS DON'T CRY (CONSEJOS PARA HACERSE MACHO)


(Polyester/John Waters)

Así es nene. La vida son mocos y sangre.

Si te preguntan, todo lo que debes saber es…


Cómo hacerle cambio de aceite a un carro; cómo limpiar un arma; cómo llegar a La Embajada de Coatepeque; cómo durar cuatro horas con una chela en una teibol; cómo destapar un litro con los dientes; cómo sacarse una bala y coserse uno mismo con hilo de pescar; cómo se llega a Todos Santos sin usar un mapa; cómo darle mordida a un honorable miembro de la Policía Nacional; cómo lanzar patadas de tijera; cómo bajar la pelota con el pecho; cómo defender a tu viejita cuando te la saca a relucir algún desgraciado; cómo hacer armas hechizas; cómo marcar el número del celular del viejo para que te llegue a auxiliar a la carretera; cómo gritarle al empleado huevón que no te hace caso; cómo despedir a la cholera que se dejó embarazar por vos cuando gateabas por la casa; cómo se escoge una buena navaja suiza; cómo reconocer las corbatas de seda; cómo llenar un formulario de préstamo en el banco G&T; cómo hablarle a tus superiores con respeto; cómo comprar llantas (y aros de magnesio); cómo se llama el portero de la selección de Croacia; cómo superar la tragedia de no llegar nunca al mundial; cómo se llama el coronel que te puede librar del bote cuando manejés borracho; cómo quitarte la goma con ocho octavos y un limón; cómo disimular que estás hasta los toles luego de bajarte (vos y otro tu cuate) un gordito Botrán; cómo curarte el dolor de hombro para semana santa; cómo se llama el cuate que tiene un Lotus en La Cañada; cómo se le tocan las nalgas a tu compañero sin que piensen que en realidad te gusta; cómo reemplazar las comas por el "puta" intraducible; cómo echarte mentol chino para ponerte como pata de burro en bajada; cómo dejarte el condón puesto desde la mañana hasta la noche; cómo pronunciar todo el alfabeto en un solo eructo; cómo seleccionar una escuadra que no se encascabille; cómo traerte un carro rodado desde Texas; cómo manejar con el radio a todo volumen; (por supuesto) cómo pulir y encerar tu carro para no estar con tu mujer; cómo se bajan los aguacates; cómo romper los hímenes del corazón; cómo mandar a la mierda un culo cuando empieza a chingar; cómo decirle al doctor que tenés gonorrea; cómo patear a tu chucho (boxer, rottwailer o doberman), cómo bajar a vergazos de una camioneta a un chofer brincón; cómo conseguir el respeto de las amigas de tu abuelita; cómo justificiar tu vida aprendiendo artes marciales para romperte el hocico limpiamente; cómo corregir a los albañiles que te están construyendo un muro de block; cómo balear señales de tráfico; cómo comer carne hasta la saciedad y luego emitir flatulencias que hagan marchitar las flores…


Así es la vida, nene, y si te salen mocos y luego sangre, no llorés, hacele huevos, ya estás grandecito.

viernes, 22 de julio de 2011

LA DESESPERADA ESCRITURA DE UN TEXTO ILEGIBLE


Stranger than paradise/Jim Jarmusch

Las fracturas en el cemento son una escritura. El desgaste del color en las paredes, también es una escritura. Las líneas incidentales que dejan las llantas sobre el asfalto, son la desesperada caligrafía de un texto ilegible.

El paisaje se hace ver cuando se recorre, no cuando se observa a distancia. A la distancia cualquier ciudad asoma como una nube amarilla de donde emergen transeúntes. La hipnosis zombi de quienes se incorporan al paisaje. Un desfile de sombras que acometen -por ejemplo- la Plaza de la Constitución y permanecen durante horas observando ese exterior que les va calando profundamente adentro. La ciudad interior es inagotable. Se parte con la rutina, con la precariedad de ser mercenarios de la misma neurosis y de la misma tragedia compartida con los demás. El mismo poste de luz. La misma carretilla mancillada de naranjas. El mismo restaurante chino. La misma esperanza fascista. El mismo rostro de la misma dependiente de mostrador que asoma a la calle en medio del retumbar de un woofer. Un semáforo. Una empleada de oficina. Un sicario. Otros tantos de miles de días derramados en las aceras.

En todo esto se abre la ciudad de Guatemala como se parte una mandarina. Un ojo atravesado por alfileres. Todo es la misma secuencia de imágenes.

martes, 24 de mayo de 2011

RESACA (MÚSICA DE FONDO A CARGO DE MIKE PATTON)


(Holocausto Canibal/ Ruggero Deodato)


El dolor de cabeza y la sed te despiertan. La mancha amarilla del sol se borra lentamente y descubrís que este no es el techo de tu habitación, que llevás puesta la ropa del día anterior y que estás acostado sobre el sofá de una casa que no conocés.

Después de restregarte los ojos descubrís que a un lado tuyo, sobre una mesita llena de botellas vacías y de ceniceros llenos, está tu teléfono celular: son las 9 de la mañana, tenés 20 llamadas perdidas y ocho mensajes.

Hacés un esfuerzo increíble para levantarte y buscar tus zapatos. Un recuerdo te atraviesa como lejano zumbido: es la casa de la prima de la amiga del amigo que te llevó a la fiesta. Una casa de condominio. La memoria viene como relámpago: estás insultando al vecino que llegó a callarlos, todo en defensa del derecho a la integridad parrandera del sábado. Como premio a tu entereza te obligaron a beberte media botella de whisky en dos tragos.

Tímidamente te acercás a una puerta que está entreabierta. Ves a tu amigo que duerme plácidamente en brazos de la gordita que llegó de último. La habitación de la par está cerrada con llave, te imaginas que es el cuarto de la dueña de la casa.

Antes de salir, enfrentar a tu novia (con la que peleaste a gritos por teléfono) y sobrevivir al solitario y cruel domingo, revisas tu billetera para ver si te queda algo para tomar un taxi. Lo único que encontrás son las facturas de la fiesta que patrocinaste anoche, y entonces, poco a poco, te das cuenta de la verdad.





lunes, 18 de abril de 2011

UN LETRERO BENNETON


(Tarnation/Jonathan Caouette)

Una pietá posmoderna, algo indescriptible. David reposaba su cabeza en los brazos de su padre; su hermana gritaba con los ojos como en un cuadro de Goya; la madre secaba sus lágrimas con la sábana numerada del hospital.

David expiraba, llenaba el ambiente de una prerresurrrección de símbolos. Sentía el dolor de todo menos de la muerte. “No tarda”, le decía alguna parte conciente de su organismo mientras sus pulmones se vaciaban lentamente. El VIH evaporaba su saliva como si fuese querosén. David perdía. ¿ Qué banalidad merece terminar así? Rascaba su piel amarillenta que escamaba un óxido triste; por su sangre retozaba una mancha espeluznante; su barba contrahecha y de mal agüero goteaba sudor amargo.

La habitación recóndita, blanca y absurda, un odioso tráfico de médicos, enfermeras, curas y familiares; el pabellón de enfermos de sida es un sitio que siempre se ve así, fiel a su restallido de muertes rutinarias. En la cabecera, David, tiene el cromo de la virgen con el niño que le da un poco de consuelo .

Allí agonizaba David, frente a la lente de Oliverio Toscani, allí estaba Milán perplejo, viéndolo en una valla publicitaria. Eran sus últimos minutos y la ciudad estaba detenida y llena de furia, así se veía, frente a los ojos de millones que marchaban al trabajo con la confianza de que jamás les sucedería cosa semejante.

Hace algunos años el publicista de Benneton, Oliverio Toscani, realizó una campaña de vallas que mostraban a un enfermo terminal de sida, agonizando en un hospital de Italia (N.A)

Publicado ogriginalmente en (...) y once relatos breves, Editorial X 2000. re-editado por Libros Mínimos en 2004: http://www.librosminimos.org/index.php?option=com_content&task=view&id=9&Itemid=20


viernes, 25 de marzo de 2011

LA GRAN NOVELA GUATEMALTECA: RAÚL ENELDO CHÁVEZ (ANTI-RESEÑA METAFICTICIA)


(Tokyo decadence/Ryu Murakami)

En el período histórico que corresponde a los años 1976 – 1979, una serie de anotaciones en el diario de Raúl Eneldo Chávez nos dan una idea aproximada de lo que por esos momentos sentía. El desasosiego ante las causas que llevaron al joven heredero de una acaudalada familia criolla guatemalteca a participar en diversas organizaciones guerrilleras, es un misterio. En su diario, escrito a lápiz y destruido parcialmente, hace algunos comentarios reveladores:


Comienzo a sentir que la lucha armada no corresponde a mis intereses poéticos (…), la vida tiene que ser algo más que caminar todo el día en esta selva de mierda (…), tengo los pies hinchados de caminar, además los indios no me entienden y creo que me odian sólo por ser canche

(Página 125)


Este tipo de comentarios anticipaban la disidencia disoluta de su yo-poético ante los ideales revolucionarios guatemaltecos. Nikittin y Harnecker, entonces tan celebrados, lo motivaron a la lectura de textos clásicos del pensamiento latinoamericano: María de Jorge Isaacs y el tomo 1 y 2 de las obras completas de Caridad Bravo Adams. En la apostilla del 29 de marzo de 1976 nos revela mucho de la reducción sentimental que le disminuía el apetito:


La vida y la revolución me asquean. Me asquea todo lo que no tenga que ver con la literatura en sí. Creo que mi participación dentro de esta estructura no es válida (…) creo que cumplí con mi tarea.

No más disparar, ni caminar cargando no solo mi mochila sino las de mis compañeros. Todos me repugnan. Además no puedo oír música, ni siquiera la radio. Les hablo de rock progresivo y ni lo oyen, sólo esa porquería ranchera (…)

(Página 278)


Podemos ver cómo está cifrada en Raúl Eneldo Chávez la influencia de Jean Paul Sartre y de José Milla y Vidaurre dentro de la formación de los intelectuales jóvenes que sentían más curiosidad por descubrir esa visión poliédrica de la izquierda.

Entre el 8 de abril y el 14 de septiembre 1977, alternaba sus largas estancias en el campamento con anotaciones que poco a poco se fueron construyendo La Gran novela Guatemalteca. Estos fragmentos construyen el más erecto homenaje a la Rayuela de Julio Cortázar, el rocanrol con mensaje y la influencia decisiva que la telenovela Los ricos también lloran tuvo en la intelectualidad burguesa del 70 y ochenta. A través de sus diarios íntimos alcanzamos a definir a un hombre con sed de informarse, de adentrarse en el fondo de los clásicos del Siglo XX, pasando obligatoriamente por Thomas Mann, James Joyce, hasta las artes visuales siendo Andy Warhol un descubrimiento donde se anexaba el universo de la repetición como una verdadera sima del pensamiento revolucionario:


12 de abril

Estos provincianos imbéciles parecen cada vez más arraigados a su caserío, se quedaron muy atrás. La verdad es que lo más importante es innovar dentro de la izquierda y sus argumentos corroídos por una militancia sin correspondencias. Creo que La Gran Novela Guatemalteca será por siempre despreciada por este país de ratas y de finqueros ladrones, ignorantes y malditos. Poliéster + zapatos de plataforma + camisa color tamarindo = montaña púrpura zona 4. La revolución no es para mí, el único auténtico revolucionario.

(Página 976)

Es contradictoria la relación amor-odio que lleva en su registro cotidiano. El hartazgo y su promiscuidad ideológica de intelectual comprometido fueron desgastando su encanto por la lucha armada. Aquí otro poema incluido en sus diarios:


soy en el minúsculo agujero negro de la historia

un albañil de mi laberinto de palabras

palabras corpulentas de miembros

sanchos y deliciosos

incandescentes donde todo el mundo

penetra en mí

(Página 1887)

Quizá los poemas incluidos por Chávez fueron mutilados por varias mujeres con las que mantuvo relaciones sentimentales y en sus apenas 2,996 páginas se construye la máxima aventura lírica de la literatura guatemalteca hasta ahora conocida, en ella encontramos desde la descripción de la naturaleza, el pensamiento marxista, la cura del susto y algunas recetas de cocina basada en las plantas halladas en las montañas del Quiché.

En el último cuaderno de La gran Novela Guatemalteca encontramos una de sus anotaciones más reveladoras, viéndose ante una posible postración etílica decidió escapar hacia la ciudad, donde deambuló, desheredado por su familia y desconocido por sus amigos de infancia —entonces embebidos por la disco dance— como una suerte de Edgar Allan Poe hispano atrapado en una incontrolable dipsomanía, sin que volviera a saberse de él. En 1984, año de importantes acontecimientos como lo fue el lanzamiento del disco We are the World y la primera emisión del canal de televisión Mtv, Eneldo Chávez enferma de cirrosis y es atendido en el Hospital Roosevelt, donde muere el 4 de julio. Muchos de sus editores, amigos y compañeros de la militancia política se acercaron a los medios impresos para manifestar su profunda admiración por el novelista más importante de la segunda mitad del siglo XX. Nadie se hizo cargo de los costos de su sepelio debido a la restricción ideológica impuesta por la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca y algunas de sus amantes con quienes tuvo cerca de doce hijos ilegítimos, sumado al desdén de las ignorantes y prepotentes nuevas generaciones de escritores guatemaltecos en el Siglo XXI.

Termino este comentario a los diarios de Eneldo Chávez, recién publicados en Estados Unidos y Europa por influyentes editoriales transnacionales (lo que reafirma que es un libro importante y digno de leerse) con un párrafo en clave poética inserto el día 20 de mayo de 1979, donde el poeta reclama la memoria de sus propias contradicciones como novelista revolucionario:


Cada vez que veas

Como los días asaltan

Los autobuses llenos de gente

Piensa que es por mí

Poeta, al fin de cuentas

Doloroso cuerpo de hiedra

Lamiendo la piedra

Izquierda y derecha: el sostén de nuestros pechos



2003

lunes, 7 de marzo de 2011

DECIR NADA: NEVERMORE, NEVERMORE: LEOPOLDO MARÍA PANERO


El desencanto/ Jaime Chavarri






1. CRÓNICAS MARCIANAS

Un hombre habla a la oscuridad, siendo un sapo, siendo una larva que se hunde y repta por la hoja en blanco, un hombre que huye del sol, un poema, la ceniza que se cae lentamente sobre el suicidio, un loco que ladra y ladra a la oscuridad, más feroz de lo que el hombre puede. Leopoldo María Panero, sentado en las gradas del hospital, habla con sus dientes amarillos y enciende un cigarro que a esta altura del día debe ser el décimo. Dentro de su saco mantiene otras dos cajetillas para continuar, mira al entrevistador y abre la boca, la abre porque nunca la cierra, nomás para hablar, mastica. El Anticristo y la cábala, un tema comodín, también la infamia que ha sustituido la poesía o el engendro diabólico de Lewis Carrol o el Doctor Mabuse. Se contradice y contrarresta a distancia “Es la CIA” y guarda silencio. Un hombre es más que veinte libros, veintitantos libros herméticos, clasificados, subrayados, algunas veces digeridos. Para cada respuesta se inhibe, la cancela, entonces piensa en Blake “ Si el loco persevera en su locura se convierte en genio”, niega el desencanto más se sirve de él, entonces llega a simular su transformación,

“ Un loco me robó los poemas de Samuel Beckett” “quiero irme de aquí”.

No es fácil ser un poeta maldito durante todo el día. Despertarse e ir al baño, tirar del agua en el inodoro y creer en la inmundicia como una respuesta infinitesimal. ¿Qué quiere ser un poeta el resto del tiempo?: un reptil que se mueve dentro de la página en blanco. Panero es un enfermo, un enfermo que no cree en su curación porque los que están afuera son los locos, allí es Erasmo. Vive un delirio paranoico por el fin del mundo y vive para incluir a toda la tierra dentro de su delirio. Un hombre que es más de veinte libros yace muerto. La ley del escándalo propone que se debe hablar exclusivamente del abuso. El abuso resulta llevarse las palmas y el sujeto merece ser arrojado como excremento. Se ha olvidado a Panero porque lo dejaron en el manicomio, haciendo apariciones repentinas en Crónicas Marcianas, bebiendo Coca Cola como un monstruo y aplastando niños contra el piso como si fuesen cigarros que caen del hocico de un rey. El escritor – maldito sea su nombre-, contrario a la verdad, es tan sólo el oficioso ventrílocuo, el que escribe la condena de escribir: “No escribo porque estoy condenado, sino que estoy condenado porque escribo” desde la inexistencia. En la Divina Comedia, Dante da a la inexistencia la significación de testimonio de la eternidad: eternidad del dolor, eternidad de la espera y eternidad de la dicha. Pero todo en la escritura se reduce a la inexistencia de ese “Yo”. Panero habla de una “ficción del yo”, escupiendo su propio epitafio: Leopoldo María Panero (Madrid de 1948) hijo de Leopoldo Panero y Felicidad Blanc, hermano del también poeta Juan Luis Panero... Hablar del maldito resulta una trampa para el lector ávido de ofertas y lujos: “no usen mi torpe biografía (...) Estoy harto de los malditos, harto de ser loco, harto de ser Leopoldo María Panero”, concluye la cita

2.CINEMATOGRAFÍA

Jaime Chávarri fue el primer cineasta español interesado en el caso de la familia Panero,en la película El desencanto, de finales de los años setenta, ventila las profundas cisuras entre los hijos Leopoldo Panero poeta “oficial” del franquismo. Veinte años después, Ricardo Franco, rememorando aquella incendiaria decadencia en la familia española llevada hasta la exasperación por Chávarri, usa como excusa el paso del tiempo para filmar Después de tantos años, película gris, de rebotes expresionistas, que entre diálogos y entrevistas, voyeuriza a tres de aquellos muchachos hoy convertidos en parte del antisistema español “democrático” y bien pensante. Los hermanos Panero, Juan Luis y Leopoldo María, aparecen como el eje de las entrevistas. Por un lado Juan Luis, sentado frente a un ventanal, la cámara en plano general se desvía hacia el enorme árbol detrás del poeta, mientras éste habla y recita solemnemente su obra, el director -haciendo un guiño al espectador- deja caer una pregunta relacionada con Leopoldo María; no sin demostrar su enojo, Juan Luis responde que se siente más hermano de Octavio Paz, con quien ha compartido una larga y fructífera amistad, que con ese señor que en su frenopático cree ser la reencarnación de Baudelaire y el gran tabú de la literatura española. En la misma película, Leopoldo María recorre de un lado a otro los corredores de una de las varias instituciones donde ha permanecido; fuma constantemente, tiene voz avinagrada, mantiene la boca abierta, una chaqueta negra, ve la ventana tras la cual sólo pasan médicos y dice “ me he peleado con toda España y toda España me ha metido aquí, es como estar muerto” .

3. HUESOS BRILLANTES

“Las Damas de la Caridad se dedicaban a enjaular ruiseñores, para que dejarán de cantar, y una muerte lenta, y así hacerse collares con sus pequeños huesos brillantes.”
Así se fundó Carnaby Street (1970)


Sobrevivir a una muerte lenta, un ruiseñor, y una jaula, una inyección de estricnina. Diabólicos cuentos de hadas que se realizan sobre los dioses crueles de la infancia. Así se fundó Carnaby Street (1970) es una obra que pone a prueba al prodigio o el enfant défunt que formó parte de la antología Nueve novísimos poetas españoles de José María Castellet, por el año 1970. Sus dioses crueles han sobrevivido a varios acontecimientos externos: las protestas del 68, la muerte del Ché, la muerte de su padre, su intento de suicidio. Y con todos esos huesos brillantes erige un altar pop a las noveletas policiacas, a la televisión inglesa, al salvaje Oeste, a Gregorio Samsa, Peter Pan, Rolling Stones y una oscura lápida a su padre:


In Memoriam Leopoldo Panero Torbado, 1909-1962 La luz del día vence sobre la llama de los cirios.

Cada encabezado es luego desarrollado mediante narraciones truncas, antiprosas, declaraciones negras lanzadas al lector. La muerte y el encierro va de la mano de la sociedad “bien pensante” a la cual Panero escupe una poesía hermética, totalizadora del nunca más, eructos territoriales de la infancia; como en una linterna de sombras o una radio encendida en un cuarto a oscuras. La voz over de un mundo muerto. Carnaby Street se funda en el cadáver que renace y lo re-escribe en la página. La escritura es la herencia de los muertos, quien escribe se servirá del plagio, una falsificación que sabrá guardar en clave para ser o no ser descifrada por los vivos demasiado listos que pretenden construir sus propios collares con aquellos huesos brillantes.


4.WILLIAM WILSON

Ann Done: Undone, así da inicio al análisis metódico del vacío, la destrucción y la elaboración teórica de la locura. El hombre caído.

Tantas veces tus pasos he creído escuchar
William Wilson, tus pasos, detrás de mí, a lo largo de los
interminables Corredores
Desnudos como el Invierno
Como el invierno propicios a fantasmas y a Ecos,
Tantas veces, tantas veces tus pasos he creído escuchar
William Wilson, detrás de mí
En los interminables Corredores como la sombra del Castillo
a que éstos conducen (...)

Los pasos de un hombre vienen borrándose por los corredores, alguien cree escuchar, voltea, se enferma en la ventana. Son pasos que descienden o hacen descender a verdaderos espejos que no conducen a nada, ni existen. En el eco se persiguen las sombras hasta construir una cadena, la cadena de pasos a través del Corredor, porque sólo eso queda, es la penitencia por escucharse en los interminables pasillos de un castillo. El castillo es la fiebre y recorrerlo evita la Caída. William Wilson deja de existir Porque la única verdad es aquello que no es verdad (...) No es verdad William Wilson el demonio que lo salva de la ceniza es quien lo convierte en ceniza. La locura devora a W.W., la vida en ese instante es la página, como el placebo, la heroína, que conduce a carruajes vacíos en el crepúsculo. Viene borrándose y desesperadamente busca militar en el mundo y sólo alcanza a deshacerlo WILLIAM WILSON NO EXISTE.

El poema borra la mano que lo escribe, la vida real es la verdad en la mala literatura, allí la ficción en los pasos de William Wilson que lo siguen por los corredores, donde la fiebre es la vida real y donde los pasos se hacen cadenas para evitar la caída interminable. El primer Panero que coincide con Foucault engrosando los volúmenes de la historia de la locura y la psiquiatría como delirio, el segundo Panero que cita a Mallarmé con la poesía ultimista sin evocación, buscando la nada. Entre ambos Paneros se suspende el acto, escribir poesía, como en Hölderlin o Celan, el delirio se aprehende al acto de la escritura, sólo poéticamente habita el hombre en la tierra.

5. AMORES ANORMALES



“El acto del amor es lo más parecido
a un asesinato
En la cama, en su terror gozoso, se trata de borrar
el alma del que está/ hombre o mujer
debajo.
Por eso no miramos.
Eyacular es ensuciar el cuerpo
y penetrar es humillar con la
verga la
erección del otro yo.
Borrar o ser borrados, tanto da, pero
En un instante, irse
dejarlo
una vez más
entre tus labios”
(Necrofilia, El que no ve, 1980)

Amores “anormales” parecen instalarse en poemas sospechosamente escandalosos que recuerdan al Artaud que detrás de Le Momo preña el excremento de la vida con la radiografía del lenguaje. Panero dentro de todo este despojo surrealista, agita poemas memorables donde no inhibe su homosexualidad ni su lodosa interpretación del acto amatorio. Acaso no es en el amor donde se desterritorializa el narcisismo, se lava el crimen en la cópula y salta como un chorro de semen dentro del oscuro pasillo de la vida.
El poeta en esta ocasión habla por otro, el otro que posee, que domina; Panero reconoce en el sexo los matices de la supresión, la dominación, el tratar de borrar al que está abajo, penetrándolo, haciéndolo beber por la fuerza su semilla. Otras prácticas que caben dentro de las prácticas del loco son la coprofagía, coprofilia, golden shower (dejar caer orines sobre el cuerpo desnudo), sadismo, masoquismo e incesto: «y, no sé, a mí, en todo caso, lo que me gustaría es acostarme con mi pa... con mi madre, que es la negación del Edipo, porque el Edipo es una represión de lo que yo justamente tengo plenamente consciente y deseante» (El desencanto, 1976). La materialización del deseo se convierte en una recreación de la obra artística, prácticas que dentro del territorio de la anormalidad manifiestan un desahogo desencadenante de cambios dentro de la construcción social capitalista.

6. KLEINES KONZERT

Georg Trakl una cabeza dorada asediada por águilas, la imposibilidad de decir “nada” que
es distinto a decir nada. El último verso del poema “Pequeño Concierto” es al que recurre Panero para titular su libro “Narciso en el acorde último de las flautas”. Una obra de revancha. Si Eliot tenía razón, lo único que queda es valerse de la decadencia del lenguaje para reponer las fuerzas perdidas, re-escribiendo lo ya escrito, como si se repasase lentamente un tatuaje:

“Yo contemplaba, caído
mi cerebro
aplastado, pasto de serpientes, a
vena de las águilas,
pasto de serpientes
yo contemplaba mi cerebro para siempre aplastado
y mi madre reía, mi madre reía
viéndome hurgar con miedo en los despojos
de mi alma aún calientes
temblando siempre
como quien tiene miedo de saber que está muerto,
y llora, implora caridad a los vivos
para que no le escupan encima la palabra muerto. Vi digo
mi cerebro en el suelo licuándose, como un excremento
para las moscas. Y mi espíritu convertido en teatro
vacío, del que todo pensamiento ha desertado (...)
(Ma Mére, Narciso en el acorde último de las flautas, 1979)



7. APOCALIPSIS A POE


Sobre la ceniza del hombre sobrevuelan aves de rapiña: Se ha terminado la literatura y
sólo queda un libro por interpretar: el Apocalipsis –dice Panero. Agorero o no, hará falta el poeta en quien la poesía se ponga a graznar “Nevermore, nevermore” y hará falta también una piedra que le rompa el pico.


Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) hijo de Leopoldo Panero conocido poeta del franquismo. Hizo estudios en Filososofía y Letras, a partir del año 68 publica su primer libro “Por el Camino de Swan” al que le siguen, a la fecha, más de veinte obras; así mismo formó parte de la mítica antología de José María Castellet “Nueve novísimos poetas españoles. Su vida ha estado marcada por largos períodos de reclusión en hospitales psiquiátricos. Se dice que es el primer tabú de la literatura española.


Ciudad de Guatemala, noviembre 2002

lunes, 21 de febrero de 2011

ENTREVISTA CON OSWALDO J. HERNÁNDEZ

Alineación al centro
(El Tren de las Sombras/José Luis Guerin)

¿Por qué novelar el periodismo amarillista?
– Primero, lo real y lo fantástico. Segundo, la forma en que sobrevive un artista en un país como este. Tercero, la relación entre sensibilidad, frustración, miedo y barbarie. Un periodista es capaz de cohesionar estos elementos. Un verdadero periodista es una persona sensible, aunque está condicionado por factores complicados, como los intereses de los grupos de poder que existen detrás de los medios de comunicación o la lucha por mantener siempre una objetividad ante las cosas de las cuales es testigo. Vive constantes episodios en los que el elemento humano se convierte en algo verdaderamente complejo. En el periodismo hay cierto balance literario, una viñeta documental, un registro de la existencia. “El periodismo es la única manera de estar cerca de las palabras”, dice el personaje en una de las páginas iniciales.

La nota roja, cruda, ¿es una forma de trivializar la realidad?
– La pobreza en Guatemala es como un campo de concentración sin paredes. La gente que está cerca de la muerte se blinda, se construye una barrera. La experiencia de la muerte deja de tener un halo místico cuando estás expuesto a ella todo el tiempo. Sabés que la mayor parte de la gente que habita áreas marginales es una especie de sobreviviente. Sobrevive a las maras, a los grupos paramilitares, el abuso de las empresas, del Gobierno, el desempleo, etcétera. No creo que sea trivializar la realidad. En este caso (Días Amarillos) debe entenderse como literatura. Tampoco podemos decir que el arte tiene que estar exento de estos temas o que no los utiliza de manera oportunista. Pero no los simplifica.

¿Cómo plantea la realidad y la imaginación “Días Amarillos”?
– Tengo la tendencia de usar a la ciudad de Guatemala como protagonista principal de mis novelas, de manera implícita (nunca la menciono). Esta novela surge a partir de una interrogante: “¿cómo es capaz de sobrevivir un individuo con cierta pasión en un ambiente tan hostil?”. Lo único verdadero que existe en Guatemala es una violencia que destruye la imaginación. Cuando la imaginación no es creada para algo estético ni aspira a un humanismo, se traslada a formas concretas de barbarie y usura. La brutalidad de las cosas que suceden te hace ver la manera en que piensan las cabezas que manejan la ciudad. Las únicas personas que presentan imaginación son aquellas que se dedican a tratar de generar un lugar habitable.

No obstante, la realidad induce a la fantasía y el cinismo.
– Sí... La fantasía es un elemento que ayuda a eludir la moral. En el periodismo amarillista encontrás cierto tipo de fantasía. Una niña de dos cabezas, un travesti embarazado, los ovnis por ejemplo. Estamos necesitados de recibir algo sagrado, un mensaje, cualquier señal. Te introducen a la leyenda urbana necesaria. Pero detrás de cada una de las leyendas urbanas amarillistas hay un escritor. Se explota el dolor, la religión, el miedo de la religión, la religión como miedo y el erotismo. Cuando hay tanto miedo no asumís una conducta moral. La sociedad da la cara a otro lado. No quiere saber de los asaltos y muertes cotidianas. Lo vemos a diario en los periódicos. La gente que lo sufre mira entonces hacia esa bizarra fantasía. La correcta reacción moral sería en todo caso una revolución, un levantamiento. Pero poco a poco se han perdido las conductas éticas. Sin embargo contamos con la esperanza –entre comillas– del fin del mundo. Que esto se acabe y se dé cualquier tipo de continuación.

¿Qué sucede cuando el soñador confronta la circunstancia?
– Este es el conflicto esencial de la novela. Son dos novelas en una: la novela del personaje sumergido en un medio provinciano, con amigos aspirantes a escritores, que mantienen el arribismo y la ilusión de ser trascendentales; digamos, el sueño de la detestable cultura universal. Y la otra parte que aborda la realidad concreta, llena de personajes delirantes (policías, editores, fotógrafos…) y visiones apocalípticas. La saturación de la muerte convierte cualquier tipo de optimismo en delirio, ya no es sólo cuestión de sobrevivir la circunstancia, sino vivirla e incomprenderla con el mejor de los delirios.

¿Cuál es el delirio de nuestra sociedad?
– Hay guatemaltecos que viven sus propias paranoias al borde de barreras artificiales. Alguien que vive en carretera a El Salvador, o en una colonia detrás de una talanquera no se imagina ni siquiera entrando por el Mezquital, o caminando por el Centro. Todo parece amenazar a la cultura de confort. El amarillismo cómodamente llega con esa intimidación y vende. A mí me fascina ese miedo que plantea Días Amarillos a toda esa sociedad de confort. La cultura de bienestar nunca va a ver hacia sí misma. Saber que todo está y estará bien genera al mismo tiempo un sentimiento paranoide de estar bajo una constante amenaza desde afuera. Integrar el amarillismo en esta situación literaria ha sido delirante y satisfactorio.



viernes, 11 de febrero de 2011

ENTREVISTA CON BYRON QUIÑÓNEZ


(My own private Idaho/Gus Van Sant)



Su hábitat cotidiano es el Centro Histórico, donde lo podemos encontrar en el momento menos pensado, tomándose un café o curioseando en los puestos de películas piratas. "Creo que un buen relato lo hacen sus personajes. Si sus contornos están bien definidos. Si quien lo lee es capaz de reconocerlos en cualquier parte e imaginarlos como algo vivo" afirma en su nueva novela, "Días Amarillos". Y estamos de acuerdo con él.

- Byron Quiñónez: ¿Cómo se originó "Días Amarillos"?

Javier Payeras: Creo que se originó en un largo desempleo y una obsesión constante por caminar todo el día por el Centro. Es un relato que surge de la observación y de la lectura. La lectura de un entorno extraño, rudo y enredado en una relación masoquista con el abuso, la intoxicación, el delirio y la violencia.

-BQ: ¿Cuánto tiempo te llevó esta novela, desde su concepción hasta la última revisión?

JP: Más o menos un año para escribirla, otro año para borrarla, otro para añadirle y otro para que me la publicaran.

-BQ: Te desempeñás igual en la poesía, el ensayo y la narrativa. ¿En qué género literario te sentís más cómodo y cuál te ha dado mayores satisfacciones?

JP: La poesía creo que es todo. Me interesa la poesía, porque un narrador que no lea ni intenta escribir en clave poética es como un niño tonto que trata de contarte una película.

-BQ: Una pregunta inevitable: ¿cómo ves el panorama actual de la literatura guatemalteca, qué libros nacionales te han gustado últimamente?

JP: Me gusta. Está consolidándose una literatura muy vital. Es una rara muestra de novela corta, novela policiaca, novela histórica, poesía barroca y profana. Aparte de Ronald Flores, Francisco A. Méndez y Mario Cordero, se extraña mucho el ensayo.

-BQ: Hablando de ensayo, me gustó mucho tu libro "Lecturas Menores". Repasándolo, en tu prosa veo cierta influencia de Chuck Panahuik, John Fante, Franz Galich y Charles Bukowski.

JP: Sí, ese libro es una bitácora de lecturas que pueden resultar interesantes a lectores más jóvenes. Lectores que no sienten la nostalgia de la vieja guardia europea ni el boom latinoamericano. Me gustan los autores más cercanos a lo que yo pienso de la vida. Claro, admiro a los escritores que escriben como si se tratara de hacer aeróbicos cada mañana, ya sabés: esos que producen libros de más de 500 páginas cada año, pero mucho de lo que dicen se me hace un regodeo entre lugares comunes y palabrerío sin poesía ni sustancia. Creo que un escritor no tiene otro compromiso más que decir lo que piensa de forma clara y concisa. Los autores que elegí para este libro de reseñas, ensayos y viñetas se acercan mucho a mi perspectiva de lo que a mí me gustaría llegar a producir.

-BQ: El personaje principal de tu novela afirma que "el amarillismo es lo que mantiene viva la industria periodística". ¿Creés que la situación del país está realmente tan mala o la ha inflado el sensacionalismo?

JP: El amarillismo vende. Lo sabe bien un novelista americano que admiro, Stephen King. Las teorías de la conspiración. La amenaza latente a ese culto de comfort que le llena de aire la cabeza a la clase media. Imaginate: las maras, los asesinatos rituales y los secuestros exprés, ¿qué cabida tienen dentro de esta sociedad de vitaminas y de minúsculos aparatos tecnológicos? Creo que el periodismo noticioso -me refiero al que va dirigido al analfabetismo funcional, donde solo importa el impacto y no el fondo- garantiza su éxito a través del miedo. Entre más miedo haya a "los otros" -esa barbarie desconocida-, a los locos, a los ovnis, a los niños de dos cabezas, a los mensajes cifrados en el cielo o en la tierra, más arriba se disparan las cifras en las ventas. Desgraciadamente, el periodismo más atrasado es siempre el que depende estrictamente del gusto del lector más mediocre.

-BQ: El detective Washington Chicas es un personaje muy bien logrado que apenas aparece en un par de capítulos de "Días Amarillos". ¿Pensás utilizarlo en futuras novelas?

JP: Creo que al igual que el detective Pérez Chanan de Francisco Alejandro Méndez, y al Rosanegra de tu libro "El Perro en llamas", Washington Chicas se va incorporando dentro de una escena de novela negra que va consolidándose. Me gusta mi policía, es un poco yo y es mucho este país. Ya lo dije en la novela misma: un policía es un diagnóstico exacto de lo que es una sociedad, su cultura está reflejada en la clase de policía que tiene. Y claro, también en su periodismo.

-BQ: ¿Escuchás algún tipo de música en especial cuando escribís? Hablanos un poco de tu gusto por bandas tan distintas como The Smiths, Primus y Godflesh.

JP: Es preciso escuchar libros y leer música. Mis poetas contemporáneos favoritos son los músicos que han compuesto mi soundtrack personal: Morrissey de The Smiths, Ian Curtis de Joy Division, Tom Waits, Gustavo Cerati, Thom Yorke de Radiohead, Robert Smith de The Cure y -por supuesto- David Gaham y Martin Gore de Depeche Mode, que es quizá el grupo de rock que más ha influido en mi concepción del arte. Si Cortázar tenía el Jazz como el motor de su inspiración para escribir, en mi caso es la música inglesa New Wave y algún tipo de Punk. Con esto no sería raro que ahora me tildaran de fascineroso y alienado. Pero la verdad, me tiene sin cuidado.

-BQ: El personaje principal, un escritor desempleado, comenta que se metió a trabajar a un semanario de nota roja porque "el periodismo es lo más cerca que se puede estar de las palabras" y me recordó que César Brañas, Francisco Méndez, Horacio Castellanos Moya e incluso García Márquez han pasado en algún momento por las salas de Redacción. ¿Qué opinás al respecto?

JP: Es una manera honesta de ganarse la vida con la deshonestidad. Creo que ser un escritor y no tener dinero es un pecado capital en estos tiempos, en que ser un autor latinoamericano significa ser un junior que estudia en universidades gringas y se dedica a lanzarse piropos con los escritores más exitosos de la farándula literaria. Me parece que hemos creado esa atmósfera lite respecto a la literatura porque le tenemos miedo al presente, porque nuestros países apestan a pobreza y a subdesarrollo y no queremos que nos relacionen con ellos.

-BQ: Hablando de periodismo, ¿qué tal recepción ha tenido tu columna El Intruso, en Siglo 21?

JP: Buena. Me interesa escribir una columna sin ese estorboso requisito de tener que hablar de los temas que están agendados. Tengo mucha libertad y mucho aprecio por parte de los lectores y del directorio del diario.

-BQ: "Días Amarillos" entreteje horror urbano con situaciones realmente chistosas, como la de Shakira y el Camello. Es algo muy guatemalteco hacer chiste de las desgracias. ¿Qué opinás de este rasgo de la personalidad chapina, es fortaleza, debilidad, o el cinismo del desencanto?

JP: En ninguna parte del libro se menciona a Guatemala. Sólo se describe la ciudad y se intuye que hablo de ella. Creo que es un libro con ese sentido negro del humor que tanto nos define. Nosotros nos reímos de cosas que aterrorizarían a personas de otro país. El libro tiene una atmósfera macabra, pero también cómica y sentimental. Yo soy así. Bastante gótico y bastante sentimental; incluso, lloro en el cine. Creo que me parece simpática la crueldad de algunos enunciados que pongo en boca de los personajes. Esa doble moral y ese resentimiento que nos define tan bien a los guatemaltecos.

-BQ: "Días Amarillos" afirma que "la gente, curtida de temas como la miseria y la violencia, ni siquiera se espanta con lo que lee y ve en las noticias diariamente. Ya no busca drogas, porque se intoxica con la realidad"?

JP: Claro. Es parte de nuestra rutinaria militancia en el fracaso.

-BQ: En cierto pasaje comentás que los centros comerciales son modernas casas de opio y los cines un montón de siniestros receptáculos de pop corn y basura acaramelada; que hasta da vergüenza andar con un libro. ¿Creés que ahora hay más lectores en Guatemala, o somos una especie en extinción?

JP: Hay lectores, pero a nadie le interesa acercarse a ellos y fomentar su interés. Las editoriales guatemaltecas hacen lo suyo, pero se necesita que también influyan los funcionarios de Educación y los empresarios. Se necesita una fuerte red de apoyo para que la gente deje ese apego a la ignorancia que nos tiene tan jodidos.

-BQ: Aunque distintos, "Días Amarillos " y "Ruido de Fondo" comparten la misma tónica y en algunos momentos mueven a la risa, mientras que "Afuera" tiene un ambiente más opresivo y carece del humor de las otras dos. ¿Cómo ves la utilización del humor en la nueva novelística guatemalteca?

JP: "Ruido de Fondo" y "Días Amarillos" forman parte de una trilogía que estoy trabajando, donde el personaje central es la ciudad. Son libros distintos que van a formar parte de una sola novela, eso quiero. "Afuera" es parte de otra trilogía que voy a continuar cuando concluya la parte final de estos libros sobre la ciudad. Ese libro es uno de las mejores cosas que he hecho en la vida.



Fuente: www.lahora.com.gt - 140409





miércoles, 2 de febrero de 2011

ENTREVISTA CON ELMER TELÓN


(Control/Anton Corbjin)

Irreverente y provocador, son dos de las definiciones que podrían pintar en un cuadro decente la obra literaria del escritor Javier Payeras (1); él no tiene tapujos en admitirlo, se ha afanado en la búsqueda de sentencias, mismas que no en pocas ocasiones le permiten ser lapidario al servir sus argumentos de lupa ante acontecimientos cotidianos.

Así es como al desnudar la pasividad de muchos de sus paisanos uno de sus ensayos denuncia que "Es muy guatemalteco quedarse en suspenso y en silencio esperando la caída del otro," trágica radiografía de un pueblo que no canta. En ocasiones su agudeza se alza contra blancos poderosos revelándolos como "típica burguesía guatemalteca ignorante, vulgar, sin talento ni criterio, sin nada más que sus costumbres coloniales y provincianas".

Sentencias que recordé en un encuentro casual con el escritor, ocasión que sirvió para proponerle una entrevista, ésta que a continuación se presenta, la cual sirve, a su vez, de pretexto para recordar los diez años que Payeras lleva dedicándose de forma simultánea a la literatura y el trabajo ocasional que en la última década va de profesor de educación media, publicista, periodista o promotor cultural.

El punto de encuentro fue en una cafetería del Centro Histórico, justo cuando la tarde está marchándose; llegó media hora después de lo acordado, protegiendo bajo su brazo "La universidad desconocida", libro de Roberto Bolaño, después de una disculpa que no hacía falta y ya con el café servido la entrevista inicio con una auto pregunta.

¿En que punto del camino estoy?

Javier Payeras: Creo que en la actualidad estoy empezando a escribir; de alguna forma he tenido cierta honestidad intelectual que me ha permitido que los libros publicados no sean del todo deleznables; Pero es ahora cuando tengo una forma de ver las cosas y la escritura en un contexto más claro, con el tiempo vas descubriendo cuáles son tus temas.

Elmer Telón: ¿Y cuáles son esos temas?

J.P.: El que más me ha movido dentro de lo que he escrito es cómo la sensibilidad humana y la capacidad de crear cosas, buscan imponerse ante la circunstancias más adversas; es decir, cómo a pesar del país en que nacés, de la familia, la condición social, la violencia, la pobreza y los problemas individuales, la forma poética de ver el mundo trata de imponerse ante esas dificultades.

E.T.: ¿Cuán adversa es la vida de un escritor en "una sociedad llena de faltas ortográficas"?

J.P.: (Se ríe, reconoce que el texto entrecomillado es de su autoría) Me gusta encontrar ese tipo de metáforas, aunque a veces sin tenerla muy claras. Pero, ¿cómo podés definir una sociedad llena de faltas ortográficas? Es decir, ¿llena de errores?, ¿una sociedad poco limpia?, ¿sin rumbo?, ¿con un sentido abigarrado?, ¿improvisado?, ¿torpe?, ¡eso es! la guatemalteca es una sociedad torpe.

E.T.: ¿Te adversa vivir en una sociedad torpe?

J.P.: No, no lo es, ya que soy parte de esa torpeza; más bien creo que me da herramientas para experimentar y escribir sobre temas que en otras partes del mundo serían inexplicables e insólitas. Ejemplo de ello, la forma tan metafórica de hablar y el humor negro, ese humor violento que nos hace reír a los guatemaltecos.

E.T.: ¿Recordás haber escrito que celebrás la falta de piedad?

J.P.: Sí.

E.T.: Viviendo en una sociedad tan despiadada, ¿por qué celebrar la falta de ésta?

J.P.: Porque el escritor suele ser muy hipócrita; hay libros políticamente correctos tratando de guiar a las masas hacia la lucidez, no hay ningún tipo de censura moral sobre el tema. Además, esa aseveración está formulada en un ensayo del libro "American Psycho", de Bret Easton Ellis, quien es un escritor descarado, sucio y mal intencionado, rompe las reglas, hace una buena novela, y es un best seller, el cual es una apología a la crueldad, únicamente que Pat Bateman, su personaje principal, un individuo adicto a cazar gente, tiene en apariencia todas las características "admirables" de esa sociedad que lo ha creado.

E.T.: En el contexto nacional, la sociedad guatemalteca está inmersa en la violencia y en la "caza de gente" ¿Qué visión tenés al respecto?

J.P.: Se está descubriendo que la gente más adaptada al sistema es la gente más enferma, aunque sin ser una generalidad, esa población "exitosa" son quienes navegan por las páginas más oscuras de la Internet, por ejemplo. Lo más torcido que puede existir en la actualidad es la normalidad, y esto es resultado de habitar en una sociedad absurda. Las normas bajo las que nos educamos y vivimos son absurdas, eso es precisamente lo que libros como "Ruido de Fondo" (2) trata de plantear.

E.T.: En el caso de tu último libro, "Lecturas Menores" (3), el prologuista señala que muchos de los escritores citados "están marcados por el pesimismo, la frialdad, la desilusión, lo escabroso"; más adelante agrega "cabe decir que varios de ellos terminaron suicidándose hastiados de la vida"

J.P.: (Se ríe, y luego de una pausa contesta) Pues, sí (sigue riéndose). La intención de escribir un librito como éste, es introducir nuevos nombres y puntos de referencia, acercar la distancia del lector que por lo regular lee obras de 20 o 30 años atrás. Los suplementos culturales van dos tres pasos atrás de lo que está sucediendo.

E.T.: ¿Cuáles son las características de la literatura abordada en "Lecturas Menores"?

J.P.: Una literatura seca, directa, con un humor interesante y crítica, sin tratar de hacer demasiados juegos con el lenguaje, y es que las narrativas también cambian. Los jóvenes lectores del futuro están siendo educandos por un modelo muy veloz de imágenes y procesos mentales; lo que antes eran ideas demasiados complejas, ahora van reducidas a un par de minutos, y en mi opinión la riqueza de los textos no te la da el volumen; los grandes escritores son escritores para lectores, en esta época necesitamos libros llave, porque la lectura se ha alejado de la gente.

E.T.: ¿No es la gente la que se ha alejado?

J.P.: Sí, pero influida por las condiciones sociales y educativas que van restándole tiempo a la lectura; ahora todo está orientado a lo tecnológico. Un libro llave es el que logra sacudir a las personas y es eso lo que necesitamos.

E.T.: ¿Tiene el escritor que preocuparse por tener un público y gustar?

J.P.: No entiendo qué sentido tiene talar árboles para no tener ningún lector; por lo regular el escritor que dice que escribe para él y que le importa poco si lo entienden; es una especie de narcisismo con una gran dosis de miedo al fracaso y desconfianza a su propio talento.

E.T.: ¿Tenés apego por los escritores trágicos?

J.P.: Me gusta la rudeza, esa forma de plantear realidades tremenda mente humanas; soy un fanático de Albert Camus, que es padre de muchos autores que han hecho una literatura ruda, creando personajes que viven y pelean en realidades tan complejas que llegan a superarlos.

E.T.: Ante la afirmación, "me gusta la rudeza", citemos el caso de las tragedias de la modernidad, ¿qué tiene esa rudeza y tragedia que te seduce?

J.P.: En "Factotum", Charles Bukowski narra la vida de un empleado mal pagado laborando en una maquila, quien por tener problemas con la bebida lo terminan echando; ese humanismo me gusta. Si yo quisiera hacerme famoso, escribiría un libro sobre W. Bush, pero, ¿qué es más importante? Escribir sobre un presidente de Estados Unidos o sobre el transporte urbano guatemalteco y los casos de asesinatos que se dan en ese servicio, o cómo la gente vive en esta ciudad hacinada, o cómo viven los ricos de nuestro país; son las críticas de tu tiempo, de las cuales los lectores pueden aprender mucho.

E.T.: Vos escribiste que "vivir en Guatemala requiere rigor y metafísica"

J.P.: Como te dije con anterioridad, ésas son sólo sentencias, que no lo pretenden ser; pero en cuanto a la cita, quiere decir que en este país se necesita rigor para atravesar una calle, para caminar en la noche, para subirte al trasporte urbano, tenés que estar muy vivo, si no te lleva la chingada; vos no podés estar dentro viviendo un mundo abstracto, aquí se necesita un rigor vital, astucia, malicia. Y metafísica, porque de alguna forma se necesita una visión para soportar la vida en un ambiente tan absurdo.

E.T.: En el mismo contexto recuerdo que uno de tus personajes asevera que no quiere morir en Guatemala, ¿sabés dónde querés vivir o morir?

J.P.: Ronald Flores tiene una línea que dice "Guatemala no existe, Guatemala es un estado mental," si vos falleces en ese estado mental, estás perdido, lo que te hace resistir quizá es la esperanza aunada con la otra alternativa, escapar.

E.T.: ¿Hay lugar a dónde escapar?

J.P.: No. (Guarda silencio) Es el sueño lo que te alienta o te alimenta; es el sueño de escape, como los personajes kafquianos encerrado siempre en el sueño de escapar, todos quieren escapar.
Anotaciones

1 Javier Payeras es un escritor guatemalteco, nacido en 1974. Ha publicado poemarios, compilación de cuentos, novelas breves y ensayos. Actualmente, realiza labores culturales, y es columnista de Siglo XXI.

2 Payeras, Javier. "Ruido de fondo" Segunda edición. Guatemala: Piedra Santa, 2006. Novela breve sobre la visión de un poeta en la ciudad de Guatemala (nota del editor).

3 Payeras, Javier "Lecturas menores". Guatemala: Cultura, 2008. Ensayos, reseñas y anotaciones en torno a obras literarias y escritores.

Fuente: www.lahora.com.gt - 041008