miércoles, 30 de julio de 2008

DÍAS PERFECTOS


Mañanas y tardes que recibían generosos rayos del sol. Los veraneantes tomaban las playas para tostarse la piel en la arena. Escapaba el aroma de aceite bronceador y abundaban las manos para esparcirlos sobre aquellas espaldas desnudas. Era impensable un cuerpo viejo, era impensable que algo no-bello pusiera sus pies allí, sólo existían esas curvas zodiacales, músculos firmes y rostros celestiales.
Me encontraba en uno de esos días perfectos. Estaba perdido en uno de esos anuncios de playa, de verano. Sin saber cómo comportarme, me movía de un lugar a otro, sin saber qué hacer con tanta fantasía accesible, sin lograr asimilar tanta perfección.
Mi caminar era torpe, era el único vestido con un pantalón de casimir, con una camisa de mangas largas y mis lentes, sin contar que no soltaba un libro de Cioran. Yo era lo único sin color en aquel día perfecto.
Luego de tanto desear, ¡paffff!, llega el día en que uno atraviesa esa dimensión desconocida y el mundo feliz de los anuncios se hace una hermosa realidad. Pero ¿qué hacer en ese momento?
Tenía una grave elección: creer que todo aquello era completamente real y dedicarme al derroche de placer o bien desconfiar de todo y ayunar como un asceta buscando la perfección de mi alma. ¿Qué hacer? Me volvía loco ver aquellas mujeres vestidas únicamente con sonrisas, también me atraía tomar la cerveza congelada en la hielera, sentía ganas de salir en un velero, de atiborrarme de emociones como era capaz de ofrecerme ese instante...
Así que me decidí, tiré la porquería que estaba leyendo, me quité la ropa y me decidí por vivir aquello, fuera o no fuera cierto. Duraría un minuto, duraría lo que dura el destello desde la pantalla antes de cambiar de canal.

martes, 29 de julio de 2008

LA GENTE SERIA

No hay nada más difícil que posar para una fotografía.
A mí me pasa. Todo se me descompone cuando alguien saca la cámara. Me es difícil ponerme en pose; ni siquiera puedo sostenerme, me da vértigo y tengo que buscar algo estable donde asirme. Entonces me pongo serio, quiero lucir serio. Respiro profundo, contengo el aire en mis pulmones, me peino, me pongo la camisa adentro del pantalón y hago lo que yo creo el mejor acto de mi vida.
Luego de la asechanza del flash me quedo seco, como si algo me faltara, me quedo atolondrado, viendo luces y me cuesta mucho reintegrarme. Además me embarga un sentimiento de clonación. Sí. Clonación. Como si de pronto un mutante ha salido de mí y anda por y para desgracia del mundo.
Me alarma que de todas las expresiones que puedo gesticular, deba optar por la más avinagrada y predecible: la seriedad.
La historia es un largo panegírico de personas aparentemente serias que estaban aparentemente seguras de lo que hacían. Así las recordamos, posiblemente por los retratos que quedan de ellas.
Siglos y siglos nos han enseñado que la gente seria siempre tiene la razón o da la razón. Es el peso que nos agobia cuando tenemos que mantener la mueca ante las cosas más ridículas de la vida: hacer trámites, pedir un trabajo, hacer valer nuestra opinión o posar para un retrato.
No es fácil ser una persona seria, pero, ¿alguien quiere ser serio en realidad?

lunes, 28 de julio de 2008

DIÁSPORA

DESDE LA MAÑANA

No importa. No. La verdad no importa.
Porque el error es nuestro, ruido habrá en todos lados, el problema es siempre buscarlo en los mismos sitios.

ABC OF WRITING

El mismo aliento de la escritura.
Las novelas se escriben y se leen encendiendo la luz hasta la última frase.
La poesía, en cambio, se escribe como un inventario: anotando día a día un registro de pérdidas y ganancias.
Acumulación de tiempo, sólo eso.

TUPPER

Yo creo en los poemas herméticos
perfectamente guardados
en el refri.

DIÁSPORA
La hoja es la diáspora: la palabra y la soledad de esta habitación durante la madrugada. La hoja que destellaba ayer. La que hoy yace arrancada.

jueves, 24 de julio de 2008

CUANDO EN LA FICCIÓN NO HAY CIENCIA



Señores de Marte. Queridos hombrecitos verdes.

No tengo gente a mi alrededor, todos se han ido y me dejaron en mi planeta. La Tierra. Camino todo el día en calles donde no hay nadie. Entro por las puertas de todas las casas. Las carreteras son líneas nada más, no pasan carros, no se ve una sola alma. Las tiendas han sido abandonadas. Los edificios son cadáveres de polvo. Todo está tan solo y es tan basto.
El mundo es enorme desde que se quedó sin gente.
Se fueron por la noche y no me dijeron nada. Construyeron sus naves en secreto. Me ocultaron muy bien su plan de abandonarme.
No tengo nada qué hacer si en esta soledad solamente quedaron las cosas.
Se llevaron todos los animales, algunos árboles, algunos libros, fotos.... Todo lo que alguna vez fue mi vida, viaja ahora por el espacio. Allí van mis padres, mi esposa, mi hijo; la señora que vende el pan, también mis compañeros de trabajo, todos mis vecinos.
Me dejaron sus monstruos. Una huella de combustible. El surco de nubes en el cielo. Invierno en tenazas. Dos langostas gigantes. El bebé Godzilla. Algunas lombrices de respiración brutal. Una máquina con tetas. Una catedral de cohetes.
Las calles se quedan poco a poco sin luces y la lluvia está encharcando en todos lados. Ya no es tarde, ya no puede ser tarde, ya nunca será temprano ni nunca volverá a ser nunca. Se acabaron las promesas. También las contradicciones. Se fugo la depresión con potentes turbinas. Solo queda tiempo inútil para invertirlo inútilmente.
Cada quien sabe que al dejarlo todo siempre se corre el peligro de estar muerto. Sin embargo no pareció importarles. Se lanzaron con arrebato hacia otro mundo, otro sitio que ni siquiera imaginaron. Están por todo el cielo. Ahora saben a ciencia cierta que la ciencia no es cierta. Se estarán riendo de tantas mentiras y de tanta lógica.
No existía la ciencia ficción, solo el miedo al futuro, este futuro solitario.
Cada locura imagina de distinto modo lo que vendrá. A veces son máquinas, a veces plantas, simios, niños, ancianos, antimateria, clones. Nadie se imagina la soledad.
Señores extraterrestres, ¿qué saben ellos? Yo puedo decirles lo que es quedarse en la vida, remota y perdida, de este satélite de la luna.
2000

lunes, 21 de julio de 2008

UN NARRADOR SIN POESÍA ES UN NIÑO TONTO TRATANDO DE CONTAR UNA MALA PELÍCULA

Alguien te cuenta una película. Lo hace con torpeza e interfiere con lo que te imaginas. Te imaginas un cine, te imaginas un "patio lleno de sillones" te imaginas a todos respirando invisibles dentro del recinto. Tu interlocutor te relata lo que ve, lo que dice que ve y lo que cree que ve. Opina. Involucra su moral sobre los asuntos, además enjuicia, todo lo enjuicia con su lógica. "Buena película, vieras". Luego cuando va a la mitad decide apresurar la historia y concluir su descripción.
Total, es la historia lo que le interesa, no la forma en que puede contarla.
¿Quieres contar mal las historias? Terminarlas con un remate cómico, alargarlas hasta exasperar a quien tenga que ponerte atención.
Escribir es un oficio que busca la atención incondicional de los demás, pero cuando no cuentas nada, cuando no decís nada bueno, perdés la atención de la mayoría y tienen todo el derecho de dejarte, de abandonarte.

viernes, 18 de julio de 2008

MÁS DE LO MISMO


No es fácil idearse una personalidad dentro de ese laboratorio de inutilidades que es la vida productiva.
El artista no duerme.
El artista no pide préstamos para construir una casa.
El artista no se mete los dedos a la nariz.
El artista no viaja en autobús.
El artista no camina diez cuadras buscando alguien que le haga cambio un billete de a cien.
Las personas comunes y corrientes padecen todo esto como castigo por carecer de talento. Es gente sin grandes conocimientos que rumian día y noche su mediocridad. Abren la boca para reírse de cualquier tontería y atiborran las salas de cine para ver películas tontas.
La grandilocuencia dicta que el artista debe estar vacunado contra ese tipo de alergias y presume —de forma ridícula— que es más importante sostener una efectiva conversación con poderosos impulsores de su obra, que perder el tiempo con personas comunes y corrientes que pueden expresar de una forma honesta, pero sencilla la valoración que sienten por su trabajo.

martes, 15 de julio de 2008

BUENA SUERTE

Un día treinta.
Resulta que no pagaron el viernes como esperabas y lo harán mañana, resulta que ninguno tenía un quinto (ni siquiera la vieja usurera, prestamista), resulta que se te enfermó el niño y tu esposa con sarcasmo te sirve un plato vacío, resulta que llevás la misma camisa y el mismo pantalón de ayer, resulta que tu hermano no mandó remesa, resulta que hay que pagar el cuarto, resulta que te cortaron la luz, que no hay agua en la colonia, que no hay medicinas en el IGSS. Resulta todo eso y en la fábrica pagan el sábado 31.
Allí vas de nuevo sin hablar con nadie, atravesándote las calles, ya son las siete y no querés llegar a tu casa. Al caminar te ahorrás un quetzal en camioneta, la parada del segundo trasbordo no está tan lejos. Empieza a lloviznar, arrecia un poco, sacás un suéter de la mochila, le sacudís las migas de pan, te lo ponés. Llegás al arriate, pasa un carro a toda velocidad y te escupe agua y lodo, todo se queda escurriéndote. La rabia.
En la parada está la camioneta completamente llena. Pagás y el chofer te mira con su proverbial desencanto por la vida. Adentro hace un calor húmedo y huele como a hocico de perro. Te quedás cerca de la puerta para poder respirar un poco, la gente no se corre. El bus despega con un rechinido de latas viejas, casi te bota el movimiento abrupto, la mochila se te cae en las piernas de una tipa neurótica y te maltrata. Con el tiempo, y mientras todo se adentra en la oscuridad de un asentamiento, la camio se va quedando vacía. Lográs un asiento y recostás tu cabeza en la ventana, casi dormís, oís algo en el sueño, no sabés qué te dice y despertás. Tres tipos subieron: uno va sentado junto al chofer, otro va parado en la puerta de adelante y otro en la de atrás. Como era de esperarse sacan una pistola y comienzan a despojar a los pasajeros, meten todo en una mochila roja. Hacen una minuciosa requisa, allí van celulares tarjeteros, van lentes oxidados, van billeteras viejas, chumpas de lona, anillos de graduación y llegan hasta vos, ¿qué les vas a dar?, el tipo te mira y te vomita un montón de palabrotas. Metés la mano en la bolsa en el pantalón y le das tu billetera, cuando la abre se da cuenta de que sólo hay cinco pesos y se enfurece, te pega y te apunta con su arma, vos ni siquiera te inmutás, muy dentro de vos deseas que la pistola se dispare y te deje bien muerto en medio de todos los sillones, así como se ve en las noticias de la tele todos los días, pero no, sólo te pega en la cabeza y te saca un poco de sangre, desvalijan al chofer y se bajan. Se hace un silencio en el bus, alguien atrás llora quedito. Mejor te bajás, aún está lloviendo y el golpe te tiene adolorido y mareado, es mejor irse caminando y tardarse un poco, total, ¿para qué vas a llegar temprano?, mañana será sábado y pagan. Sabés, lo sabés muy bien, hoy tuviste buena suerte.

lunes, 14 de julio de 2008

BUROCRACIA


El día se derramó sobre la mesa, practicando a caerse del borde. La burocracia es un acercamiento ingrato con la vida. Es necesario beber dentro de toda esa rutina, para no ahogarse y para sonreír. Quizá no hay ningún éxtasis sobrenatural en una vida así, como la de ellos, sólo hay focos y horas y calendarios, cheques por cobrar, contratos, contadores, cierres, aperturas y todas esas cosas de las cuales no puede salir algo poético. Pienso en Lord Byron perdido en la municipalidad reclamando a la señora de los recibos -por qué me cortaron el servicio si lo tenía pagado hasta la última fecha-, luego todo el ruido de los edificios públicos, el olor de la gente encerrada dentro, ningún ventilador, ninguna ventana. El paso previo a llegar a la ventanilla, revisar las firmas, llevar en orden los papeles y siempre falta algo, la firma de un abuelo, el codo del último cheque, la foto de graduación y salir y volver a comenzar otra cola para regresar a esa misma y seguir así la escalera mugrosa, compartiendo vida con esas hormigas, clonándose si es necesario para no sentir náusea. Me jode tanto quedarme allí, esperando con cara de idiota, peleando por cosas que no debería necesitar, en lugar de hacer algo que valga la pena, aunque sepa que de tener tiempo tampoco haría algo verdaderamente valioso. Total es inútil, ojalá la burocracia no alcance mi facultad de imaginar y escribir cosas. Creo que preferiría hacer cualquier otro asunto menos quedarme inventariando hojas que serán caducas.

martes, 8 de julio de 2008

EL NOVATO SUBE AL RING

Es difícil comprender porqué el novato mira al público y no al contrincante. El primer golpe lo deja mudo, el segundo le cierra un ojo. Sale ominoso, con un diente quebrado y el labio colgando en la parte inferior de su quijada. Vuelve a su casa sin nada que dar. Su esposa le esculca las bolsas, le siente olor a hierba y alcohol, lo deja tirado en el sofá.

CERVEZA

El novato busca un bar donde le pongan una sonda en el cráneo y le bombeen cerveza, inmediatamente cesa una migraña china. Hace años leyó a Hemingway a la orilla del lago, ambos estaban borrachos, Ernest lo abrazaba y caminaban en zigzag: escribir una novela debe ser como matar un tigre y comérselo en el desayuno. Caen los cigarros como si fuesen enanos. El tigre no llega y está por amanecer.


PÁNICO

Hace frío a las tres de la mañana, el novato saca un suéter. Fuma y simultáneamente hace cosquillas al mouse, el logo de Windows aparece como un fantasma. El amanecer trae los ojos rojos. La pasión según San Mateo, angelicalmente, un coro de turistas japoneses viajan por el cordón de la grabadora. El escritor no soporta, la lluvia rompe la teja con tanta dulzura que es horrible.


DE DÍA AL DÍA SIGUIENTE

Delete or not delete, this is the cuestion. Mira detenidamente la pantalla. Se queda hasta tarde transcribiendo y cribando las notas de su libreta. Una página, otra, regresa a la primera y las dos se hacen una, luego un párrafo, una oración con sujeto implícito. Le sale una úlcera. El novato cae en la cuenta que es en vano y prende un cigarro, da un par de vueltas, abre un libro, lo cierra, sale a buscar un poco de comida. Allí dentro siente que se asfixia. Comienza a tachar las palabras desde la inicial “A”¡Qué maravillosa erección de los sentidos le causa tachar! cuando logra deshacerse de toda esa vibra sexual, sale a una casa completamente a oscuras y su mujer duerme en el sofá, la hace a un lado y ella murmura en un lenguaje gutural .



COMIENDO UNA SANDÍA

Escupe las semillas en el cenicero, carraspea, retoma la hoja en un día bastante caluroso, el ventilador gira de un lado a otro y el aire cae a ventarrones sobre los folios. El novato comienza a trazar pequeños dibujitos sobre lo que ha escrito. Sigue devorando su sandía; mientras lee, ruedan gotas hasta el plato donde permanece la miel roja de la fruta.



LA LIBRERÍA

Encuentra sus libros con las pastas abiertas, persiste en ver cuántos hay. -Un muchacho preguntó por su libro- le indica el dependiente, el novato se ruboriza, abre el libro y lo relee rápida y profesionalmente, encuentra los errores de siempre, huye despavorido, llega a su casa y quema sus notas, se sienta junto al fuego tratando de hacerse calor.



KARAOKE
El escritor escribe cómo escribir: para morirse hay que desconectar el teléfono, y tomar una trinchera. A solas la página en blanco, un animal cruza frente a sus ojos, no tiene presa. Escribir es cantar, con música de fondo, la misma tonada una y otra vez.


MANICOMIO
El novato dice noche de bodas cuando la última gota de champaña se ha derramado, lo golpea innecesariamente la tristeza y sabe que de cualquier forma celebrar es un vicio añejo. Dos manchas han crecido como continentes sobre su cabeza calva, es el sereno de los días de veneno en que adquiría en compañía de mejores mujeres y mejores hombres un posible pero solitario vino; a veces lo entrampa el viejo color, el pasatiempo lleno de vericuetos y no practica la verdad por ser una pésima política, el veneno de todo es esa verdad llena de maletas de mudanza, con una sonrisa tierna pero de cartón, una verdad que deja sólo migajas en el vaso de propinas.

lunes, 7 de julio de 2008

UNA CAJA CON REVISTAS AMARILLENTAS


1
En las revistas viejas permanecen los cadáveres de los inmortales prematuros. Sus cascabillos, sus perfumes europeos y sus rostros de gloria. Paréntesis y pelucas pasadas de moda.

2
Frank Zappa no había muerto. Modelos sin proletariado. Inocencia cruel antes que se inventara el amor virtual, mi madre se llevaba chocolates a la boca mientras suspiraba por Al Pacino

viernes, 4 de julio de 2008

BARBA

La barba viene con los días. Los malos y aburridos. Siempre con sabor a grasa de trailer. Afuera doy la apariencia de un fantasma. Comezón, calor, impuestos, multas, la música miserable del vecino. Paredes que leen a hijos de puta con focos en el cráneo. Tengo barba y ronchas en la cara, un lagarto verde babea sobre lo escrito. Al escribir me ahorro molestias. Me ahogo en mi barba. La nata del poema, eso, el poema es la circunstancia cursi de lo inútil. Lo inofensivo de morir. Diluyendo la vida en el extravío. Todos los días colgados de mi barba como caspa. La abstinencia. También las estrellas tantas veces contra el vidrio. Años de intoxicación

jueves, 3 de julio de 2008

ALGUIEN ME DIJO: ESCRIBÍ TODO EL DÍA


Y movía el dedo. Movía el dedo haciéndose pasar por listo: talento Payeras, inténtalo, interprétalo. Me reí como estúpido. Agarré mi chaqueta mojada con el vino y tomé una servilleta para limpiarla. En la noche, al llegar a mi cama, me di cuenta que soy idéntico a lo que más odio: ladrar sabiduría. Los perros sólo vienen a cagarse en mi jardín.

martes, 1 de julio de 2008

PALIMPSESTO



Al principio asentí. Mmmmmhhh. No sabía de lo que me hablaba. No sé por qué me quedé escuchando. Pasaba el mesero. Yo jalaba un trago. Cruzaba las manos. Le demostraba mi interés. Mientras, adentro, yo hacía listas. Pintaba todas las superficies, suspendía objetos desde alturas enormes. Horas y horas con un artista. Luego esa palabra: palimpsesto. La mencionaba exageradamente. Por la mañana él viajaría a Nueva York. Palimpsesto. Palimpsesto. Palimpsesto. Estábamos borrachos. Javier, aún no me voy espera que termine esta historia. Una hora más tarde seguía hablando de sí mismo. Qué desagradable. Di una vuelta con los ojos por la galería de arte contemporáneo. No había más que artistas. No había gente brillante. Sólo palimspestos quietos y temerosos, en las paredes y en los rostros. Palimpsestos que se me borraban en las manos.

COMIENDO EN HUNGRÍA

Esta tarde,
para matar el tiempo
saco un libro escrito por Asturias y Neruda.
Un par de gordos con suerte.
Un mal libro.