viernes 31 de octubre de 2008

ONCE UPON TIME IN THE WEST



Basta rozar un hombro para prender la mecha de un macho y salir mancillado en una pirotecnia de trompadas que ni qué.
Una noche yo iba borracho, había una muchacha afuera de un restaurante que al acercarme y verla sola me pareció una puta.
Tenía un par de nalgas que se hacían más evidentes con su pantalón y las tetas casi se le salían por arriba del escote. Mi intención no era levantármela. Yo necesitaba fuego para un cigarro que llevaba en la boca desde hacía mucho rato, además con el jalado que cargaba era imposible pararme bien en mis dos pies y registrarme las bolsas del pantalón. Cuando pasé frente a la tipa le pregunté con mucha cortesía, cortesía inmerecida que sólo un alcohólico es digno de dar,
—¿Me regala fuego?
La perra no me volteó a ver. Yo no insistí, ni dije nada, seguí caminando. El callejón estaba oscurísimo, previendo asaltos saqué mis billetes y me los metí dentro de los calcetines. Entonces comencé a oír pasos detrás, me quedé paralizado, los ladrones del Centro son unos verdaderos hijos de puta, sienten el placer de matar por matar, no les interesa robar sino destruir, así que alcancé una botella de cerveza que estaba a la orilla de la acera, me la metí en la chaqueta y seguí caminando. Los pasos se hicieron más rápidos, sentí calambres en el estómago y sostuve fuertemente mi envase. De pronto escuché una voz de mujer
—Él es —dijo.
De inmediato un tipejo, enano y fornido se me puso enfrente
—Qué le dijiste a mi mujer.
Yo ni siquiera lo vi, pasé de lado. El enano me empujó y yo no hice caso y seguí caminando después de casi romperme la cara contra el piso.
—Te estoy hablando hijueputa.
No contesté, me sentía nervioso. Seguí sin voltear, hasta que la suela de sus tenis se me incrustó en la espalda y me lanzó hacia el piso. Pude verlo desde el suelo, se abalanzaba sobre mí haciendo todo tipo de movimientos de karate que apenas podía distinguir en la oscuridad. Lanzaba patadas de tijera y movía sus brazos hacia arriba y hacia abajo. Yo, que nunca fui bueno para repartir golpes y que las únicas veces que peleé salí perdiendo, me quedé parado, adivinando qué haría el tipo. Su puta le gritaba
¡¡Matalo Efraín!!
Y a medida que él avanzaba yo me hacía más para atrás. Él seguramente no podía ver que yo tenía algo guardado dentro de la chaqueta, así que cuando vino su primer tortazo (que dolió como si me hubiera dado contra un ferrocarril), tomé la botella y no esperé al segundo, se la estrellé contra la cara. El tipo cayó al suelo y lanzaba patadas mientras se agarraba el rostro. Con la mitad del envase en la mano, me acerqué al desgraciado y lo rayé una y otra vez hasta dejarlo hecho una mierda y por último le ensarté la boca de la botella en alguna parte del vientre.
Cuando levanté la vista, la tipa ya se había ido, seguramente a llamar a la policía. La borrachera se me había quitado, sólo me quedaba un nerviosismo que me hacía imposible detener un temblor de manos. Me fui corriendo, dejé tirada la chaqueta, la tenía toda salpicada de sangre. Bajé por una calle sin iluminación, y comencé a caminar despacio, tratando de relajarme para que ningún policía me viera y sospechara. No sabía si lo había matado, así que lo mejor era pasar desapercibido. Pero por la hora y porque en la noche los policías se dedican a levantarse travestis o a violar niños de la calle, no tuve ningún problema. Así que seguí tranquilamente hasta mi apartamento. Una satisfacción muy grande me comenzó a invadir, era como si de pronto se me destapara un sentido que ha pasado cubierto mucho tiempo. Llegué a prender la tele y me di cuenta que en realidad aquello no tenía importancia.

lunes 27 de octubre de 2008

EL DESTINO NO SIEMPRE LLEVA UN RUMBO

Disuelto. Camino. Leo. Sigo anotando-respirando. Apagué la televisión con estática. Mi ex-madre y el gran cerco que siempre nos separó. Estoy en otro lado. Con mal carácter. Hablando tanto. Haciendo torpes explicaciones. Redactando en una sala de conferencias. Whisky con agua. Píldoras. Hielo en polvo. Nadie me conoce. Sólo me soportan. William Blake. Un buen lugar común para mi vida. Unas primeras líneas que van rotas. Perdido en el rumbo. Feliz dos veces. Luego regresar. Perdón. Suspenderme. Dormido. Borracho. Autómata. Dependiente de qué desagrado. Nuevamente. Dónde pensé el paraíso perdido- la calma aislada. El alma es un terreno desolado. La ultima conferencia, whisky con agua. El niño y el adulto retozan por todo el salón. Juegan a eso. Fiebre por fin gloriosa de escribir. Puerca vanidad. Se llega a ella de boca en boca. De mano en mano, como un billete, así llega. Medicina Amarga, saliva espesa. Joven y estúpido, soltando la lengua y viajando en convicciones pálidas, parafraseadas. Peleando contra el clima en los hoteles de la sobriedad. Sobriedad de salones vacíos. Todas las fotos falsas. Las imagen que inventa otra persona en nuestra imagen. El primer reflejo. Mudándome de ambiente. La atmósfera y la gente. Discos plateados. El contacto con las cosas que no dicen nada de mí, de nosotros. Memoria emputecida. Fotografías: historia. El nombre instalado en un diccionario enciclopédico. Hacerse un monumento diario, a diario. Sentarse junto a funcionarios acéfalos. Abrir con palabras decorosas odiosos congresos de literatura. Usar tres lentes. No orinar parajes simbólicos ni monumentos ni estatuas. Los malos trabajos. El destierro. Las parejas que se van o se hacen ancianas incluso. Incluso la noche que cae sin gracia. Dormir con el contacto de una pastilla bajo la lengua. Ir con un libro como amuleto. Hacerse de ideas nuevas. Exponer cosas fáciles de forma complicada. Insignificancia, insignificancia: (dos puntos fragilidad). Qué miedo existe a saberse distinto. Estar disuelto. No concordar con una célula y pensar que subir al altar de la inteligencia es conquistar un imperio. El afecto es sólo sencillez. Cada mañana espero que el jugo esté puesto en la mesa, que alguien me abra las cortinas. Espero la noche para despertarme a las cinco. La rutina hace que me levante temprano para sentir que moriré pronto. Buscar el agua fría. Luego adelgazar frente a la pantalla cubierta como un espejo. Desde que no existe impedimento para las manos, la fantasía es simple voluntad. Pienso en Alicia llorando en un rincón oscuro donde se rodea de seres que en el País de las Maravillas son los conductores de su destino. La rabia de no tener voluntad. La fertilidad es un violación. El morbo es intuir. Después del miedo uno se queda solo. Después del miedo uno se queda registrando las cosas. Viene el desvío en marcha. Entonces salgo a recoger el periódico y vuelvo mi vista hacia fuera. Hace frío. Las mañanas siempre distraen. Ovidio lo ve: “No debemos considerar más que el amor y los placeres; debemos creer que todo está permitido tomando por ejemplo a los dioses”. La gente sigue descansando. Las preguntas. Las preguntas siguen. Un perro que cruza la calle. Escurridizo. El destino lo ponen otros. No abro el periódico por convicción propia. Ahora, en este lugar anoto en las páginas. Este cuarto de gente que jamás conocí. El dinero que viene y va. La oscuridad en que veo. El aire acondicionado. El ruido horrible de los niños jugando. Todo lo demás. Pseudo filosofía. Puro intuir el tráfico de la lógica. No dormir y quedarse vigilando. La vida entre las grandes constantes. Hacer un registro y revelar una y otra vez la misma a fotografía. Ser amado y odiado al mismo tiempo. El arte de ser herido. Un derrame en el pulmón izquierdo El drama está en el periódico que leo en este preciso momento. La delicada gota de sudor frío. La fotografía del semen. La lágrima por construir, el banco de corbatas. Gobiernos ancianos y generaciones de detergentes. Café. Un poco de satisfacción. La soledad de este cuarto. Luego envejecer. Toda la existencia encerrada en pequeños préstamos. Ser validado como persona. El tiempo es dinero. Las frases. Escribir. La locura que la gente gusta aglomerar en sus manifestaciones. Realmente un poeta es el tipo más aburrido del mundo. Música japonesa hasta las 3 de la mañana. En la orilla de luz no hay otra escritura. Ni piedad retórica. Ni posibilidad que lo mejor de mí me sobreviva. A muy pocos nos es dado el privilegio de no escribir nunca.

viernes 24 de octubre de 2008

TRES POEMAS PARA PABLO


1


un día llegarán por mis cosas
y seguramente van a preguntarte
qué hacía con
fotos
papeles de china
y crayones

y se reirán de las palabras
que me hiciste escribir

me parece simpático
que sabiéndolo
te deje a cargo
de mis cosas
sin importancia


2



pequeño muchacho
soportar es la vida
también es correr tras de ti
llorar y quejarse solo

por qué soportar la soledad en sus fronteras
por qué demostrarte realidades tan temprano
por qué no hacerte fuerte despacio
por qué no dejarte reír
pequeño muchacho
que me miras con asombro
¿acaso no sabes que estoy tan necesitado
y tan triste como tú?


3



un papel recortado de la noche
un reloj sin cadena
un barrilete de fuego
una bicicleta de oro vaporizando el firmamento
el ruido de la lluvia
una foto amarilla y sagrada
los apretados dientes de la luna en un cuaderno
el futuro que sigue comenzando
las palabras
las fechas
las horas que arrojé en un mar de silencios
para que les plasmes
todos los cuerpos celestes
que pueblen el día
para que no me extrañes
en esta parte del cosmos
que no pudo romper
el paso del tiempo

martes 21 de octubre de 2008

LA RESIGNACIÓN Y LA ASFIXIA

1

Recorrer el país buscando un poco de lluvia. Los rincones. Las pequeñas ciudades doradas. Las luces de las islas donde apaciblemente los labios se mueven tras el motor de las palabras. La luz cruza sin tregua. El gris de esta tarde es tan sólo un color errático. Lo exacto. Las hojas llenas de humedad.

2

Asoman limpios los dedos de la brisa. Es difícil vivir como un sobreviviente de la vida.

3

Foto: Un pájaro disecado en el cielo

4

Un libro de poemas que leo con la música de fondo de un motor encendido. El sol se pega a la pared, lejano y distinto.

5

Mis notas hacen fricción y las palabras son un murmullo. Voy lento, atropellándome, armando líneas de un idioma destrozado.

6

Como un haikú infinito. La religión de nuestro tiempo.

7

Verse en el deterioro de la cultura. El pasado es irrespirable. Fumar, luego leer un fragmento de un libro, que puede ser de Pasolini.

9

Mantener un secreto es más difícil que escribir un libro. Lo extraordinario está en saberse ocultar.

10

Queda siempre la última hoja en blanco.

martes 14 de octubre de 2008

NOTICIAS GUATEMALTECAS


MINISTRO DE SALUD PIDE AL CONGRESO SE APRUEBE LEY PARA VITAMINAR EL ALCOHOL

Como “Etiqueta Roja” es conocido entre los borrachines la famosa botellita plástica de alcohol etílico. La iniciativa que promueve el Ministerio de Salud es la de mejorar el producto agregándole un complejo vitamínico.
Con el nombre de “Borrachos sanos construyen la democracia” se lanzó esta campaña nacional que dio inicio el día de ayer y que contó con la aprobación del Congreso de la República en pleno.


BURÓCRATAS SON DESPEDIDOS POR BRUJERÍA

Dos empleados de la Municipalidad fueron destituídos de sus cargos por ejercer la brujería en los sótanos del ayuntamiento. Gerardo Galicia y Francisco Lemus, según el vocero de la comuna, fueron sorprendidos in fraganti, mientras realizaban el enfrascamiento de una fotografía del alcalde capitalino. Ambos pertenecían al sindicato de la institución y según analistas políticos esto puede ser parte de un complot para eliminar a políticos de derecha a través de rituales paganos.


TESTIGOS DE JEHOVÁ ADVIERTEN SOBRE VENTA DE REVISTAS FALSIFICADAS POR DROGADICTOS

Los religiosos advierten de que no se compren publicaciones como Atalaya o Despertad, sin sello de garantía, ya que adictos al crack están falsificando el producto con tal de distorsionar a su favor el mensaje de las Escrituras.

ADOLESCENTE DESPECHADO SE SUICIDA CONTENIENDO LA RESPIRACIÓN

Manuel Monroy, de catorce años de edad, dejó de existir el día de ayer, luego de contener la respiración por casi una hora.
Según sus familiares, Monroy decidió dejar de respirar al enterarse que su novia lo engañaba con otro muchacho de la escuela donde estudiaba.
Al parecer no atendió ni siquiera los ruegos de su madre, que le suplicaba, entre gritos y llanto, que volviera a inhalar aire.

jueves 9 de octubre de 2008

CONCATENACIÓN



EQUILIBRISTA
Por ser expuesto salto una y otra vez del alambre. Equilibrista, sí. También tengo una foto tomada del cielo. Alguna luz llena de migajas. Las pocas cosas que duran más que un salto a esta altura.

DESPUÉS DE FRESAS SALVAJES DE IGMAR BERGMAN
Toda la vida: 2 ó 4 lugares imposibles de dejar.

NOCTURNO
Un vaso con tinta deja un círculo en el ojo. Tengo un vaso de ojeras. Colmillos blandos, perros sedientos de whisky.

GIGANTES
Participo de una hora con píldoras. Es el mar este plato sonoro. Son mis huesos que pelean una galaxia con tanta rabia ¿Vale algo sentirse vivo?


BRUJAS
La batalla por el candil. Mujeres que amenazan, orinan el pozo y saludan con el culo la luna.

BRUJAS II
Levanta tu rabo es el beso pactado. Veleidosa arranca tu vestido y el cebo ¿Te ves? Te has arrojado al piso. Dormida también llorabas. Ojalá que nadie te inflame con lágrimas.

EL MARTILLO DE LAS BRUJAS
Ya lo he dicho: el miedo es un torbellino hacia adentro. Se miran las luces y los ojos. Se desconoce tanto el día cuando se pone oscuro. Demasiada luz. La agonía es pensar y dejar de pensar.

ATRÁS LA NOCHE

Un observatorio. Una plataforma para despegue. Algunos lápices. El papel. La lámpara de siempre.

CRÍTICO DE LAS ALMAS
Es difícil ver dentro de las hojas secas, a veces traen gusanos secos también. El lado común. El lado del corazón. Las horas que caen en desuso. Es difícil no destripar la botella precisa en el lugar preciso o negarle un abrazo al que nos escupe en la mano y nos revela lo que siempre negamos: que vemos el teléfono esperando una respuesta, que deseamos dormir para siempre y soñar el mar.


SONIDOS
Una hoja blanca es este jueves.

PLATILLO VOLADOR
Se oyen ladridos de gente furiosa. Se oye el tric trac del cielo. Salen las personas y comentan una mala película en inglés. En los oídos sus disparos. Sordos pechos.

BLACK
La escritura en el sueño, cuando el motín toma la casa.


RATIO
Descubrir la tarde, el homicidio, la tristeza. Descubrir la página que pone su cara en blanco.

LO QUE HAY
Lo que hay es todo esto: del establo a la cantina, de regar el patio a oscurecer. Lo que hay es el parloteo —cuánto tienes, cuánto das—, ya se sabe el resto, no es necesario. Si vale algo morirse, tiene que ser cuando llueve y el pulmón artificial del cielo se abre como una mandarina.

NOTICIA
Un sacrificio es un diagrama del cerebro. Da pereza encontrase en los diarios, la noticia de que somos los bocados devorados.

LLAVE
Sólo un día se olvida la llave. El mismo día se llega a la puerta. El justo momento en que acabas por cansarte. Dos horas después de haberlo comprendido.

CENA
Llena de huesos. Llena de buitres que roen la carne.

VISIÓN
La calle está en su sitio. Sustantivos pateando adjetivos. Oficinas de banco, temblor de vidrios. Pasan las ambulancias arrojando muertos a los pies de los hospitales.

CÁMARA
Aplazas la pequeña paciencia, te demoras y sigues adelante. Vamos cayendo al vacío. De nada sirvió esperarnos, si en el fondo lo que hallamos es el silencio.

VIAJAR EN LA NOCHE
Las cosas aprietan si se amaron. Todo ahoga. Cada trazo de los ojos que cierran la desazón de una larga prisa triste.

PROSEGUIR
Caminar hasta acabarse el cielo.

martes 7 de octubre de 2008

LOS RECURSOS DEL SIMULACRO (PARA MARIO, IGAL Y JAIME PERMUTH)




El cielo en la noche parece la carpa de un circo. Una de esas carpas llenas de agujeros donde se cuela la luz del sol. Así, las estrellas se ven como pequeñas perforaciones redondas. El espectáculo está debajo, es el mundo.
Uno puede presenciar la vida o complicarse en ella. Tarde o temprano viene nuestro papel. Tenemos un turno para actuar, y lo hacemos sin tener claro en qué momento sucede.
A veces, detenidos frente a nuestra imagen, nos damos cuenta que esa presencia que vemos es la consecuencia de un simulacro. Somos el personaje que nos abriga. El que decidimos ser.
También decidimos el espectáculo. Nadie se queda a la fuerza, todos queremos ver el final. Pero el show siempre continúa.
Sobre el suelo desfilan los personajes. Sus cuerpos son la duración misma de esa extraña sincronía entre las cosas y el tiempo. Uno a uno va realizando su acto magistral. El público clama desgañitando su voz. El personaje se envuelve con la mirada de los otros y repentinamente, ebrio de vanidad, destierra lo mejor de sí: saca un truco o un chiste o muestra su habilidad pura o desgaja su corazón.
El corazón del circo está en los graderíos. Debajo de los andamios que lo sostienen. En el subsuelo donde se desmigajan las risas y los gritos de tensión y asombro.
Los ojos de los niños sostienen al equilibrista que dibuja una línea horizontal en la gravedad.
Desde el trapecio la cadencia nos rompe el pecho en su deambular de un punto a otro. El trapecista se sostiene frágilmente en ese oleaje.
Luego los enanos. Siempre acompañando a las cebras o a los elefantes, jalando el carrito que lleva una jaula con un león o empujando a un elefante.
Por último, los payasos.
Los payasos siempre parecen ocultarse mejor. No son intrépidos. No tienen habilidades. Los payasos son la poesía del circo. Los factotums, los esmerados en el fracaso de la rutina, los inoportunos, los acróbatas de la lucidez. Un payaso encierra siempre una contradicción. Es un ser incómodo y mágico. Es el humano al revés. Ese eterno monólogo frente al espejo.
Recuerdo un circo. Uno muy pequeño que llevó su caravana de casas rodantes y animales, un desfile colorido que rompía la monotonía de mi barrio. Fui con mi madre a ver la jirafa que pastaba a la orilla del barranco. La gente se amontonaba alrededor de sus enormes patas amarillas, le llevaban frutas, pero la jirafa solo comía la hierba seca que tenía alrededor.
Jamás había cruzado la entrada de una carpa. Para un niño de siete años, aquel espectáculo pobre resultaba ser algo mágico. Una muchachita vestida con un traje verde y plateado se mecía por los aires mordiendo el trapecio. Un león flaco y una jirafa anémica. Un fortachón doblaba dos barras de hierro. Dos payasos abrían su diálogo de cachetadas y patadas en el culo. La música. El equilibrista. Los malabares. Recuerdo personajes viviendo un personaje. Su vestimenta era la misma cuando actuaban o cuando salían a comprar comida al mercado. Se quedaban un par de meses y cada sábado desfilaba el elenco de artistas subidos en la palangana desvencijada de un pick up. Anunciaban el espectáculo más esperado, hasta que toda la gente del barrio se cansaba de verlos, para entonces, el circo, ya tenía preparadas sus maletas. Hacían una última función, luego comenzaban a llevárselo todo poco a poco. Un día, al volver del colegio, ya no encontré la jirafa, ni la carpa, ni las 2 casas rodantes, sólo un terreno baldío, el mismo lugar de siempre a las orillas del barranco. La magia del circo había desaparecido, y con él ese cadencioso recurso de soñar afuera de la gravedad.

viernes 3 de octubre de 2008

CONSEJO DE UN DISCÍPULO DE MORRISSEY A UN FANÁTICO DE BOLAÑO





Es más difícil tener autoestima. Uno garrapatea en los cuadernos porque no sabe hacer otra cosa. Claro. Hay Nabokovs ajedrecistas; Hemingways cazadores y diestros para dar una pirotecnia de golpes a cualquiera. Pero todo eso esconde el mismo miedo. Miedo a no ser leído.






Creo que escribir tiene que ver con cierta sensación de desamparo. Así se comienza. Luego de ganarse el aprecio de los demás, viene la necesidad de conservarlo. Eso lleva de inmediato al cinismo, un cinismo que es ante todo desprecio por el lector, tomando en cuenta que el primer y más estricto lector es quien escribe.




Es muy grato sentarse y ver el vacío en la página, luego aporrear el teclado hasta alcanzar velocidad. Luego cerrar la hoja con una conclusión poética. Hacerlo cada día y de por vida.



Hay que tomarse en cuenta. Tomar en cuenta que nunca se adquiere suficiente soledad.
Escribir es fornicar con los demás. Hacerlo con fluidos y con riesgos. Con todos los riesgos que asedian a la sinceridad.