
(Benvenuto Chavajay)
a) LA PLAZA
Como cualquier otro vestigio de arquitectura colonial, al centro del Centro hay una Plaza, lugar
por donde camino diariamente.
Desde muy temprano la invaden ancianos, desempleados, prostitutas, niños de la calle,
burócratas y periodistas. Ese lugar donde uno se puede encontrar un lanzafuegos, un músico,
un charlatán, una prostituta, un religioso, un hippie de semáforo, un fenómeno de circo, un
desempleado, un tipo con una serpiente, un adicto al crack, un ladrón de cámaras, un turista
japonés, un militar, un guerrillero, un perro de narcóticos, una niña recién bajada del autobús,
un proxeneta, un violador de cadáveres, un funcionario de gobierno, un secuestrador, un
salvatrucha, un reportero new age, un fashion victim, un suicida, un cineasta, un heavy metal…
todo. En lo que pareciera ser una especie de obra de teatro donde salen personajes y luego
entran otros igual de extraños.
Por las tardes me gusta sentarme junto a la fuente, pues llegan los vendedores de productos
milagrosos.
Desde la médium que diagnostica “entierros” y demás brujerías, hasta el tipo que cada día
instala su venta de vigorizantes.
Vender vigorizantes sexuales es un gran negocio, para ello sólo se necesita un talento
excepcional como orador. El que veo por las tardes en la Plaza no usa micrófono ni
altoparlante: lo hace a viva voz, por supuesto, acompañado únicamente por la mercancía
apilada dentro de una maleta y un gran consolador de hule que sostiene con la mano derecha y
que utiliza para señalar a su público mientras lo agita en un trance cuasi-profético:
“Esto es lo que quieren las mujeres”
dice y los mirones se ríen y se codean. Entonces se detiene y apunta con el mismo instrumento
hacia uno de los espectadores
“Usté tiene cara de que no coge bien. Que no le dé pena, aquí los hombres no sabemos coger…
mire, si usté acaba rápido, la mujer se queda con ganas, entonces qué hace ella…
pues se consigue un policía. Y mientras usté se hace mierda en el trabajo, su mujer mire (hace una
señal con la mano)…
dándole con el policía, y negro para más joder. No me dejará mentir, a veces al llegar a su casa ella
está cansada y sin ganas de aquello, ¿qué será, dice usté? Cuando siente se quedó sin mujer. Ya se la
volaron, y todo por no saber hacerle el sexo…
nohombre, la cosa requiere voluntá y cariño tanbién, si se toma una píldora, oígale bien, una píldora de
éstas, ya va a ver, mire...
dos horas con esa babosada como burro. Ya va a ver que la mujer se va ir con usté hasta el
mismísimo infierno, porque le he de decir que las mujeres le perdonan hambre, infidelidades, maltrato,
cualquier cosa, pero no que no las satisfagan. Viera que a mí me llaman de todas partes, me dicen:
mirá Mingo, voy a necesitar que me ayudés, porque me voy a llevar a mi secretaria… y ahí voy, mire,
por diosito, ¿para qué le voy a mentir?, hasta diputados me han pedido la Esencia Mística, ellos dicen
que el Viagra no les causa el mismo efecto, además que hasta previene el SIDA, sobre todo si a usté le
encanta andar con esas mujeres mañosas, ya va a ver, hasta y derrepente los que van a parar cobrando
son ustedes…”
(...)