jueves, 26 de agosto de 2010

SÁTURDAY


(Paranid park/Gus Van Sant)

El dolor de cabeza y la sed te despiertan. La mancha amarilla del sol se borra lentamente y descubrís que este no es el techo de tu habitación, que llevás puesta la ropa del día anterior y que estás acostado sobre el sofá de una casa que no conocés.

Después de restregarte los ojos descubrís que a un lado tuyo, sobre una mesita llena de botellas vacías y de ceniceros llenos, está tu teléfono celular: son las 9 de la mañana, tenés 20 llamadas perdidas y ocho mensajes.

Hacés un esfuerzo increíble para levantarte y buscar tus zapatos. Un recuerdo te atraviesa como lejano zumbido: es la casa de la prima de la amiga del amigo que te llevó a la fiesta. Una casa de condominio. La memoria viene como relámpago: estás insultando al vecino que llegó a callarlos, todo en defensa del derecho a la integridad parrandera del sábado. Como premio a tu entereza te obligaron a beberte media botella de whisky en dos tragos.

Tímidamente te acercás a una puerta que está entreabierta. Ves a tu amigo que duerme plácidamente en brazos de la gordita que llegó de último. La habitación de la par está cerrada con llave, te imaginas que es el cuarto de la dueña de la casa.

Antes de salir, enfrentar a tu novia (con la que peleaste a gritos por teléfono) y sobrevivir al solitario y cruel domingo, revisas tu billetera para ver si te queda algo para tomar un taxi. Lo único que encontrás son las facturas de la fiesta que patrocinaste anoche, y entonces, poco a poco, te das cuenta de la verdad.


lunes, 23 de agosto de 2010

CANCIONES DE FE Y DEVOCIÓN


(Accatone/Pier Paolo Pasolini)

Me extendió la mano pidiéndome algo para ella y para el niño que llevaba en los brazos, me agarró justo cuando iba al chiclero a comprarme una cajetilla de cigarros. De un impulso le di a la madre indigente mi billete de a diez, ella respondió con mucha gratitud y me colmó de bendiciones y otras cosas lindas.

Regresé a la mesa del bar donde estaban mis cosas. Es curioso. Una sensación involuntaria comenzó a llenarme, me sentí un hombre bueno, una persona que merecía vivir, alguien que acababa de realizar algo admirable: sacrificar los cigarros de la tarde para que una infeliz pudiera comer ella y su niñito. Sonreí, di un trago a mi cerveza, sentí que debía lavarme las manos.

Mientras bombeaba el jabón líquido, levanté mi vista para verme en el espejo del baño. Me compuse algunos cabellos desarreglados, estiré mi camisa y salí de nuevo al bar. Me senté a reflexionar sobre la bondad y lo saludable que es sentirse bondadoso; los hombres grandes y poderosos son filántropos, por eso el destino los premia con prosperidad y premios Nobel, son hombres buenos que hacen buenas acciones, por eso merecen la vida, así como yo.

Terminé mi cerveza hasta la última gota y salí, había frío. Mientras buscaba las llaves de mi carro se me acercó de nuevo la indigente (ya sin el niño), le dije que no tenía más dinero que darle, ¡tan pronto se le había olvidado! Para serles sincero, admito que me molesté un poco.

lunes, 16 de agosto de 2010

LA HISTORIA SE ACABARÁ ANTES QUE EL ÁNGULO DEL DOLOR NO DETENIDO EN LOS PUÑOS SEA LA HOJA EN BLANCO

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    (El desencanto/Jaime Chavarri)


  • soy el núcleo de una sustancia que en ciclos de la noche ahoga el ruido portátil

  • gira el film y cierra el dolor detenido en los puños de una página

  • aún en la escisión/ un concierto inmóvil nace

  • cada día es una cortina espesa

  • cada noche/ geografías de cosas imprevistas/orillas inestables

  • tatuajes de la música /los pensamientos inútiles/las renuncias

  • giran la palabras/ giran los cambios/giran las pequeñas tormentas