viernes, 12 de noviembre de 2010

EL IDIOMA DESECHO


(Sandra la mujer de fuego/Juan Orol)

CONTROL REMOTO


Los controles remotos cada vez son más grandes. Encima de sus botones asoman nuevas
abreviaturas que nos dejan indecisos y temerosos de que, entre las múltiples funciones de nuestro televisor, se encuentre la del detonador de una bomba. POWER ¡por Dios santo, qué significa esa palabra!, enciende y apaga el aparato receptor. Rew y fwd, retroceden y adelantan las imágenes del Dvd, eso entre otros angustiosos artificios tales como zoom, menu, title, etc. Así tenemos un nuevo idioma, el de los aparatos domésticos. Un mp3, no sabemos cuál puede ser el origen de su nombre (claro, yo soy un perfecto ignoramus de la tecnocracia), pero aceptamos que es un nuevo sistema para reproducir música y nos importa muy poco su etimología. Nunca nos enteraremos ciencia cierta quién inventó el término on / off tan universal para acceder al servicio de cualquier aparato. Eso sin contar con la multifuncionalidad de los teléfonos celulares, algo tan enredado que ni siquiera memorizando los manuales del usuario se puede llegar desentrañar todos sus secretos. La pregunta ¿Cuántos nuevos signos traerán los botones del futuro?

LA SOBREVIVENCIA DE LA EÑE


Eduardo Espina, en su muy esclarecido libro “La Condición Milli Vanilli”, cita el caso de un
letrero de No Parking que se encontró en una calle de Texas. Era una letra Ñ encerrada en un círculo y atravesada por una línea. La interpretación era precisa: no parquearse, sobre todo hispanos. Desde hace más de un siglo, los estadounidenses se han visto invadidos por eñes de todo tipo. Eñes trabajando la jardinería, eñes cuidando a los niños, eñes en las escuelas, eñes en los letreros, eñes cruzando día a día la frontera. Por más que la Casa Blanca ha implementado severas anti-inmigrantes, no ha logrado desterrar la eñe del crecimiento demográfico de Norteamérica. Ante su fracaso no les ha quedado otra opción que insertarla en algunos espacios, por ejemplo, ahora hablan del fenómeno “El Niño” y los sus meteorólogos de las grandes cadenas de televisión tienen que tomar aire para dar con una exacta pronunciación castellana y nombrar correctamente esta desafortunada fractura en el clima. Ojalá que la virgulilla, ese sombrerito sobre la “N”, sobreviva a la internet y su muy precario sistema de ítems, y que la eÑe tenga una larga vida entre las teclas de nuestras computadoras. LAS SIGLAS Cada vez que nace una sigla, alguien muere en alguna parte. La verdad, no sabemos para qué sirven las siglas, lo que sí estamos seguros es que siempre ocultan algo. CNN (i see no end, dice un poeta beliceño), ENRON, BID, OMS, UPS, KKK, UN... letras que originalmente estaban separadas por puntos han ido corporativizándose, y cediendo el paso al abuso de la globalización y su extraña jerigonza de fluctuaciones y crisis financieras. Detrás de cada sigla hay millones de seres humanos que están involucrados directa o indirectamente con ellas. Quiebra una multinacional como la ENRON y vemos un cataclismo aséptico reflejado en los periódicos, una rutina de suicidios y fideicomisos que vendrán a ser solucionados por otra sigla que responderá por los daños causados por la primera. Con la despersonalización y el trato cada vez más frecuente con las letras separadas y las fusiones de estas con otras, nos estamos acercando al insólito mundo de los nombres sin rostro. Sin lugar a dudas, Kafka tenía razón.

LA POETRY


Alguien se tomó la tarea de traducir al chicano la obra cumbre del idioma español: El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. La Real Academia de la Lengua Española, respondió: “joder, estos tíos nos quieren dar de hostias” y disimularon muy mal su enojo. Al parecer nadie tomó muy en cuenta la propuesta de la comunidad hispana en Estados Unidos y todo se redujo a ese rincón de la crónica cultural anecdótica conocido como “ la nota curiosa”. Al parecer, mixear (no miccionar, eso es aparte) con nuestro amado idioma es algo aberrante para aquellos que desean proteger al Español de cualquier mestizaje. Sin embargo, es comprobadísimo que la literatura abre los márgenes de un idioma, para que por el transiten diversidad de matices. Prueba de ello es que uno de los movimientos literarios más interesantes se está dando dentro de la comunidad hispana en los Estados Unidos. Tal vez olvidándose de los purismos y los manualismos de ocasión, los poetas chicanos han dado con la piedra angular para jugar con la sonoridad de ambos idiomas, matizándolos de una pronunciación bastante original. Desde las improvisaciones de los mc’s del hip hop, hasta los performanceros de la palabra, la nueva literatura chicana define un estilo muy particular, un buen ejemplo es este poema de Raúl Salinas: En aquel Austin maldito / bendito where ragged / jagged tender bits my body / flesh / ¡Peyejo! (…) ¡Sí Se Puede! volver al cantón once again. Total, nuestro idioma no es más que un latín venido a menos.


IDIOMAS DESECHABLES

Nadie garantiza que un idioma llegue a tener una vida larga. Las palabras rotan, se mudan,
emigran. Las lenguas parten de las costumbres y no es extraño que cambien junto con ellas. Con tantas cosas que se añaden a nuestra vida cotidiana, tampoco sería extraño que en un futuro próximo nos encontráramos balbuceando coordenadas en un código muy parecido al de los Teletubbies, sin algo específico qué decir, simplemente señalando y apretando botones. O quizá seamos un poco más elegantes y terminemos armando nuestro propio Esperanto con retazos de lo que quede del inglés y el japonés acentuados con buenas dosis de spanglish. El futuro que le depara al idioma es tan nebuloso que ni siquiera podemos imaginarlo. Nadie pensó que la palabra submarino, acuñada por Julio Verne en una novela S XIX, alguna vez sería incluida en el diccionario junto a una ilustración de esta suerte de barco sumergible. Nunca hemos podido entender cómo las palabras se adelantan al futuro próximo, cómo es que traen siempre cosas de la nada.