lunes, 21 de febrero de 2011

ENTREVISTA CON OSWALDO J. HERNÁNDEZ

Alineación al centro
(El Tren de las Sombras/José Luis Guerin)

¿Por qué novelar el periodismo amarillista?
– Primero, lo real y lo fantástico. Segundo, la forma en que sobrevive un artista en un país como este. Tercero, la relación entre sensibilidad, frustración, miedo y barbarie. Un periodista es capaz de cohesionar estos elementos. Un verdadero periodista es una persona sensible, aunque está condicionado por factores complicados, como los intereses de los grupos de poder que existen detrás de los medios de comunicación o la lucha por mantener siempre una objetividad ante las cosas de las cuales es testigo. Vive constantes episodios en los que el elemento humano se convierte en algo verdaderamente complejo. En el periodismo hay cierto balance literario, una viñeta documental, un registro de la existencia. “El periodismo es la única manera de estar cerca de las palabras”, dice el personaje en una de las páginas iniciales.

La nota roja, cruda, ¿es una forma de trivializar la realidad?
– La pobreza en Guatemala es como un campo de concentración sin paredes. La gente que está cerca de la muerte se blinda, se construye una barrera. La experiencia de la muerte deja de tener un halo místico cuando estás expuesto a ella todo el tiempo. Sabés que la mayor parte de la gente que habita áreas marginales es una especie de sobreviviente. Sobrevive a las maras, a los grupos paramilitares, el abuso de las empresas, del Gobierno, el desempleo, etcétera. No creo que sea trivializar la realidad. En este caso (Días Amarillos) debe entenderse como literatura. Tampoco podemos decir que el arte tiene que estar exento de estos temas o que no los utiliza de manera oportunista. Pero no los simplifica.

¿Cómo plantea la realidad y la imaginación “Días Amarillos”?
– Tengo la tendencia de usar a la ciudad de Guatemala como protagonista principal de mis novelas, de manera implícita (nunca la menciono). Esta novela surge a partir de una interrogante: “¿cómo es capaz de sobrevivir un individuo con cierta pasión en un ambiente tan hostil?”. Lo único verdadero que existe en Guatemala es una violencia que destruye la imaginación. Cuando la imaginación no es creada para algo estético ni aspira a un humanismo, se traslada a formas concretas de barbarie y usura. La brutalidad de las cosas que suceden te hace ver la manera en que piensan las cabezas que manejan la ciudad. Las únicas personas que presentan imaginación son aquellas que se dedican a tratar de generar un lugar habitable.

No obstante, la realidad induce a la fantasía y el cinismo.
– Sí... La fantasía es un elemento que ayuda a eludir la moral. En el periodismo amarillista encontrás cierto tipo de fantasía. Una niña de dos cabezas, un travesti embarazado, los ovnis por ejemplo. Estamos necesitados de recibir algo sagrado, un mensaje, cualquier señal. Te introducen a la leyenda urbana necesaria. Pero detrás de cada una de las leyendas urbanas amarillistas hay un escritor. Se explota el dolor, la religión, el miedo de la religión, la religión como miedo y el erotismo. Cuando hay tanto miedo no asumís una conducta moral. La sociedad da la cara a otro lado. No quiere saber de los asaltos y muertes cotidianas. Lo vemos a diario en los periódicos. La gente que lo sufre mira entonces hacia esa bizarra fantasía. La correcta reacción moral sería en todo caso una revolución, un levantamiento. Pero poco a poco se han perdido las conductas éticas. Sin embargo contamos con la esperanza –entre comillas– del fin del mundo. Que esto se acabe y se dé cualquier tipo de continuación.

¿Qué sucede cuando el soñador confronta la circunstancia?
– Este es el conflicto esencial de la novela. Son dos novelas en una: la novela del personaje sumergido en un medio provinciano, con amigos aspirantes a escritores, que mantienen el arribismo y la ilusión de ser trascendentales; digamos, el sueño de la detestable cultura universal. Y la otra parte que aborda la realidad concreta, llena de personajes delirantes (policías, editores, fotógrafos…) y visiones apocalípticas. La saturación de la muerte convierte cualquier tipo de optimismo en delirio, ya no es sólo cuestión de sobrevivir la circunstancia, sino vivirla e incomprenderla con el mejor de los delirios.

¿Cuál es el delirio de nuestra sociedad?
– Hay guatemaltecos que viven sus propias paranoias al borde de barreras artificiales. Alguien que vive en carretera a El Salvador, o en una colonia detrás de una talanquera no se imagina ni siquiera entrando por el Mezquital, o caminando por el Centro. Todo parece amenazar a la cultura de confort. El amarillismo cómodamente llega con esa intimidación y vende. A mí me fascina ese miedo que plantea Días Amarillos a toda esa sociedad de confort. La cultura de bienestar nunca va a ver hacia sí misma. Saber que todo está y estará bien genera al mismo tiempo un sentimiento paranoide de estar bajo una constante amenaza desde afuera. Integrar el amarillismo en esta situación literaria ha sido delirante y satisfactorio.



viernes, 11 de febrero de 2011

ENTREVISTA CON BYRON QUIÑÓNEZ


(My own private Idaho/Gus Van Sant)



Su hábitat cotidiano es el Centro Histórico, donde lo podemos encontrar en el momento menos pensado, tomándose un café o curioseando en los puestos de películas piratas. "Creo que un buen relato lo hacen sus personajes. Si sus contornos están bien definidos. Si quien lo lee es capaz de reconocerlos en cualquier parte e imaginarlos como algo vivo" afirma en su nueva novela, "Días Amarillos". Y estamos de acuerdo con él.

- Byron Quiñónez: ¿Cómo se originó "Días Amarillos"?

Javier Payeras: Creo que se originó en un largo desempleo y una obsesión constante por caminar todo el día por el Centro. Es un relato que surge de la observación y de la lectura. La lectura de un entorno extraño, rudo y enredado en una relación masoquista con el abuso, la intoxicación, el delirio y la violencia.

-BQ: ¿Cuánto tiempo te llevó esta novela, desde su concepción hasta la última revisión?

JP: Más o menos un año para escribirla, otro año para borrarla, otro para añadirle y otro para que me la publicaran.

-BQ: Te desempeñás igual en la poesía, el ensayo y la narrativa. ¿En qué género literario te sentís más cómodo y cuál te ha dado mayores satisfacciones?

JP: La poesía creo que es todo. Me interesa la poesía, porque un narrador que no lea ni intenta escribir en clave poética es como un niño tonto que trata de contarte una película.

-BQ: Una pregunta inevitable: ¿cómo ves el panorama actual de la literatura guatemalteca, qué libros nacionales te han gustado últimamente?

JP: Me gusta. Está consolidándose una literatura muy vital. Es una rara muestra de novela corta, novela policiaca, novela histórica, poesía barroca y profana. Aparte de Ronald Flores, Francisco A. Méndez y Mario Cordero, se extraña mucho el ensayo.

-BQ: Hablando de ensayo, me gustó mucho tu libro "Lecturas Menores". Repasándolo, en tu prosa veo cierta influencia de Chuck Panahuik, John Fante, Franz Galich y Charles Bukowski.

JP: Sí, ese libro es una bitácora de lecturas que pueden resultar interesantes a lectores más jóvenes. Lectores que no sienten la nostalgia de la vieja guardia europea ni el boom latinoamericano. Me gustan los autores más cercanos a lo que yo pienso de la vida. Claro, admiro a los escritores que escriben como si se tratara de hacer aeróbicos cada mañana, ya sabés: esos que producen libros de más de 500 páginas cada año, pero mucho de lo que dicen se me hace un regodeo entre lugares comunes y palabrerío sin poesía ni sustancia. Creo que un escritor no tiene otro compromiso más que decir lo que piensa de forma clara y concisa. Los autores que elegí para este libro de reseñas, ensayos y viñetas se acercan mucho a mi perspectiva de lo que a mí me gustaría llegar a producir.

-BQ: El personaje principal de tu novela afirma que "el amarillismo es lo que mantiene viva la industria periodística". ¿Creés que la situación del país está realmente tan mala o la ha inflado el sensacionalismo?

JP: El amarillismo vende. Lo sabe bien un novelista americano que admiro, Stephen King. Las teorías de la conspiración. La amenaza latente a ese culto de comfort que le llena de aire la cabeza a la clase media. Imaginate: las maras, los asesinatos rituales y los secuestros exprés, ¿qué cabida tienen dentro de esta sociedad de vitaminas y de minúsculos aparatos tecnológicos? Creo que el periodismo noticioso -me refiero al que va dirigido al analfabetismo funcional, donde solo importa el impacto y no el fondo- garantiza su éxito a través del miedo. Entre más miedo haya a "los otros" -esa barbarie desconocida-, a los locos, a los ovnis, a los niños de dos cabezas, a los mensajes cifrados en el cielo o en la tierra, más arriba se disparan las cifras en las ventas. Desgraciadamente, el periodismo más atrasado es siempre el que depende estrictamente del gusto del lector más mediocre.

-BQ: El detective Washington Chicas es un personaje muy bien logrado que apenas aparece en un par de capítulos de "Días Amarillos". ¿Pensás utilizarlo en futuras novelas?

JP: Creo que al igual que el detective Pérez Chanan de Francisco Alejandro Méndez, y al Rosanegra de tu libro "El Perro en llamas", Washington Chicas se va incorporando dentro de una escena de novela negra que va consolidándose. Me gusta mi policía, es un poco yo y es mucho este país. Ya lo dije en la novela misma: un policía es un diagnóstico exacto de lo que es una sociedad, su cultura está reflejada en la clase de policía que tiene. Y claro, también en su periodismo.

-BQ: ¿Escuchás algún tipo de música en especial cuando escribís? Hablanos un poco de tu gusto por bandas tan distintas como The Smiths, Primus y Godflesh.

JP: Es preciso escuchar libros y leer música. Mis poetas contemporáneos favoritos son los músicos que han compuesto mi soundtrack personal: Morrissey de The Smiths, Ian Curtis de Joy Division, Tom Waits, Gustavo Cerati, Thom Yorke de Radiohead, Robert Smith de The Cure y -por supuesto- David Gaham y Martin Gore de Depeche Mode, que es quizá el grupo de rock que más ha influido en mi concepción del arte. Si Cortázar tenía el Jazz como el motor de su inspiración para escribir, en mi caso es la música inglesa New Wave y algún tipo de Punk. Con esto no sería raro que ahora me tildaran de fascineroso y alienado. Pero la verdad, me tiene sin cuidado.

-BQ: El personaje principal, un escritor desempleado, comenta que se metió a trabajar a un semanario de nota roja porque "el periodismo es lo más cerca que se puede estar de las palabras" y me recordó que César Brañas, Francisco Méndez, Horacio Castellanos Moya e incluso García Márquez han pasado en algún momento por las salas de Redacción. ¿Qué opinás al respecto?

JP: Es una manera honesta de ganarse la vida con la deshonestidad. Creo que ser un escritor y no tener dinero es un pecado capital en estos tiempos, en que ser un autor latinoamericano significa ser un junior que estudia en universidades gringas y se dedica a lanzarse piropos con los escritores más exitosos de la farándula literaria. Me parece que hemos creado esa atmósfera lite respecto a la literatura porque le tenemos miedo al presente, porque nuestros países apestan a pobreza y a subdesarrollo y no queremos que nos relacionen con ellos.

-BQ: Hablando de periodismo, ¿qué tal recepción ha tenido tu columna El Intruso, en Siglo 21?

JP: Buena. Me interesa escribir una columna sin ese estorboso requisito de tener que hablar de los temas que están agendados. Tengo mucha libertad y mucho aprecio por parte de los lectores y del directorio del diario.

-BQ: "Días Amarillos" entreteje horror urbano con situaciones realmente chistosas, como la de Shakira y el Camello. Es algo muy guatemalteco hacer chiste de las desgracias. ¿Qué opinás de este rasgo de la personalidad chapina, es fortaleza, debilidad, o el cinismo del desencanto?

JP: En ninguna parte del libro se menciona a Guatemala. Sólo se describe la ciudad y se intuye que hablo de ella. Creo que es un libro con ese sentido negro del humor que tanto nos define. Nosotros nos reímos de cosas que aterrorizarían a personas de otro país. El libro tiene una atmósfera macabra, pero también cómica y sentimental. Yo soy así. Bastante gótico y bastante sentimental; incluso, lloro en el cine. Creo que me parece simpática la crueldad de algunos enunciados que pongo en boca de los personajes. Esa doble moral y ese resentimiento que nos define tan bien a los guatemaltecos.

-BQ: "Días Amarillos" afirma que "la gente, curtida de temas como la miseria y la violencia, ni siquiera se espanta con lo que lee y ve en las noticias diariamente. Ya no busca drogas, porque se intoxica con la realidad"?

JP: Claro. Es parte de nuestra rutinaria militancia en el fracaso.

-BQ: En cierto pasaje comentás que los centros comerciales son modernas casas de opio y los cines un montón de siniestros receptáculos de pop corn y basura acaramelada; que hasta da vergüenza andar con un libro. ¿Creés que ahora hay más lectores en Guatemala, o somos una especie en extinción?

JP: Hay lectores, pero a nadie le interesa acercarse a ellos y fomentar su interés. Las editoriales guatemaltecas hacen lo suyo, pero se necesita que también influyan los funcionarios de Educación y los empresarios. Se necesita una fuerte red de apoyo para que la gente deje ese apego a la ignorancia que nos tiene tan jodidos.

-BQ: Aunque distintos, "Días Amarillos " y "Ruido de Fondo" comparten la misma tónica y en algunos momentos mueven a la risa, mientras que "Afuera" tiene un ambiente más opresivo y carece del humor de las otras dos. ¿Cómo ves la utilización del humor en la nueva novelística guatemalteca?

JP: "Ruido de Fondo" y "Días Amarillos" forman parte de una trilogía que estoy trabajando, donde el personaje central es la ciudad. Son libros distintos que van a formar parte de una sola novela, eso quiero. "Afuera" es parte de otra trilogía que voy a continuar cuando concluya la parte final de estos libros sobre la ciudad. Ese libro es uno de las mejores cosas que he hecho en la vida.



Fuente: www.lahora.com.gt - 140409





miércoles, 2 de febrero de 2011

ENTREVISTA CON ELMER TELÓN


(Control/Anton Corbjin)

Irreverente y provocador, son dos de las definiciones que podrían pintar en un cuadro decente la obra literaria del escritor Javier Payeras (1); él no tiene tapujos en admitirlo, se ha afanado en la búsqueda de sentencias, mismas que no en pocas ocasiones le permiten ser lapidario al servir sus argumentos de lupa ante acontecimientos cotidianos.

Así es como al desnudar la pasividad de muchos de sus paisanos uno de sus ensayos denuncia que "Es muy guatemalteco quedarse en suspenso y en silencio esperando la caída del otro," trágica radiografía de un pueblo que no canta. En ocasiones su agudeza se alza contra blancos poderosos revelándolos como "típica burguesía guatemalteca ignorante, vulgar, sin talento ni criterio, sin nada más que sus costumbres coloniales y provincianas".

Sentencias que recordé en un encuentro casual con el escritor, ocasión que sirvió para proponerle una entrevista, ésta que a continuación se presenta, la cual sirve, a su vez, de pretexto para recordar los diez años que Payeras lleva dedicándose de forma simultánea a la literatura y el trabajo ocasional que en la última década va de profesor de educación media, publicista, periodista o promotor cultural.

El punto de encuentro fue en una cafetería del Centro Histórico, justo cuando la tarde está marchándose; llegó media hora después de lo acordado, protegiendo bajo su brazo "La universidad desconocida", libro de Roberto Bolaño, después de una disculpa que no hacía falta y ya con el café servido la entrevista inicio con una auto pregunta.

¿En que punto del camino estoy?

Javier Payeras: Creo que en la actualidad estoy empezando a escribir; de alguna forma he tenido cierta honestidad intelectual que me ha permitido que los libros publicados no sean del todo deleznables; Pero es ahora cuando tengo una forma de ver las cosas y la escritura en un contexto más claro, con el tiempo vas descubriendo cuáles son tus temas.

Elmer Telón: ¿Y cuáles son esos temas?

J.P.: El que más me ha movido dentro de lo que he escrito es cómo la sensibilidad humana y la capacidad de crear cosas, buscan imponerse ante la circunstancias más adversas; es decir, cómo a pesar del país en que nacés, de la familia, la condición social, la violencia, la pobreza y los problemas individuales, la forma poética de ver el mundo trata de imponerse ante esas dificultades.

E.T.: ¿Cuán adversa es la vida de un escritor en "una sociedad llena de faltas ortográficas"?

J.P.: (Se ríe, reconoce que el texto entrecomillado es de su autoría) Me gusta encontrar ese tipo de metáforas, aunque a veces sin tenerla muy claras. Pero, ¿cómo podés definir una sociedad llena de faltas ortográficas? Es decir, ¿llena de errores?, ¿una sociedad poco limpia?, ¿sin rumbo?, ¿con un sentido abigarrado?, ¿improvisado?, ¿torpe?, ¡eso es! la guatemalteca es una sociedad torpe.

E.T.: ¿Te adversa vivir en una sociedad torpe?

J.P.: No, no lo es, ya que soy parte de esa torpeza; más bien creo que me da herramientas para experimentar y escribir sobre temas que en otras partes del mundo serían inexplicables e insólitas. Ejemplo de ello, la forma tan metafórica de hablar y el humor negro, ese humor violento que nos hace reír a los guatemaltecos.

E.T.: ¿Recordás haber escrito que celebrás la falta de piedad?

J.P.: Sí.

E.T.: Viviendo en una sociedad tan despiadada, ¿por qué celebrar la falta de ésta?

J.P.: Porque el escritor suele ser muy hipócrita; hay libros políticamente correctos tratando de guiar a las masas hacia la lucidez, no hay ningún tipo de censura moral sobre el tema. Además, esa aseveración está formulada en un ensayo del libro "American Psycho", de Bret Easton Ellis, quien es un escritor descarado, sucio y mal intencionado, rompe las reglas, hace una buena novela, y es un best seller, el cual es una apología a la crueldad, únicamente que Pat Bateman, su personaje principal, un individuo adicto a cazar gente, tiene en apariencia todas las características "admirables" de esa sociedad que lo ha creado.

E.T.: En el contexto nacional, la sociedad guatemalteca está inmersa en la violencia y en la "caza de gente" ¿Qué visión tenés al respecto?

J.P.: Se está descubriendo que la gente más adaptada al sistema es la gente más enferma, aunque sin ser una generalidad, esa población "exitosa" son quienes navegan por las páginas más oscuras de la Internet, por ejemplo. Lo más torcido que puede existir en la actualidad es la normalidad, y esto es resultado de habitar en una sociedad absurda. Las normas bajo las que nos educamos y vivimos son absurdas, eso es precisamente lo que libros como "Ruido de Fondo" (2) trata de plantear.

E.T.: En el caso de tu último libro, "Lecturas Menores" (3), el prologuista señala que muchos de los escritores citados "están marcados por el pesimismo, la frialdad, la desilusión, lo escabroso"; más adelante agrega "cabe decir que varios de ellos terminaron suicidándose hastiados de la vida"

J.P.: (Se ríe, y luego de una pausa contesta) Pues, sí (sigue riéndose). La intención de escribir un librito como éste, es introducir nuevos nombres y puntos de referencia, acercar la distancia del lector que por lo regular lee obras de 20 o 30 años atrás. Los suplementos culturales van dos tres pasos atrás de lo que está sucediendo.

E.T.: ¿Cuáles son las características de la literatura abordada en "Lecturas Menores"?

J.P.: Una literatura seca, directa, con un humor interesante y crítica, sin tratar de hacer demasiados juegos con el lenguaje, y es que las narrativas también cambian. Los jóvenes lectores del futuro están siendo educandos por un modelo muy veloz de imágenes y procesos mentales; lo que antes eran ideas demasiados complejas, ahora van reducidas a un par de minutos, y en mi opinión la riqueza de los textos no te la da el volumen; los grandes escritores son escritores para lectores, en esta época necesitamos libros llave, porque la lectura se ha alejado de la gente.

E.T.: ¿No es la gente la que se ha alejado?

J.P.: Sí, pero influida por las condiciones sociales y educativas que van restándole tiempo a la lectura; ahora todo está orientado a lo tecnológico. Un libro llave es el que logra sacudir a las personas y es eso lo que necesitamos.

E.T.: ¿Tiene el escritor que preocuparse por tener un público y gustar?

J.P.: No entiendo qué sentido tiene talar árboles para no tener ningún lector; por lo regular el escritor que dice que escribe para él y que le importa poco si lo entienden; es una especie de narcisismo con una gran dosis de miedo al fracaso y desconfianza a su propio talento.

E.T.: ¿Tenés apego por los escritores trágicos?

J.P.: Me gusta la rudeza, esa forma de plantear realidades tremenda mente humanas; soy un fanático de Albert Camus, que es padre de muchos autores que han hecho una literatura ruda, creando personajes que viven y pelean en realidades tan complejas que llegan a superarlos.

E.T.: Ante la afirmación, "me gusta la rudeza", citemos el caso de las tragedias de la modernidad, ¿qué tiene esa rudeza y tragedia que te seduce?

J.P.: En "Factotum", Charles Bukowski narra la vida de un empleado mal pagado laborando en una maquila, quien por tener problemas con la bebida lo terminan echando; ese humanismo me gusta. Si yo quisiera hacerme famoso, escribiría un libro sobre W. Bush, pero, ¿qué es más importante? Escribir sobre un presidente de Estados Unidos o sobre el transporte urbano guatemalteco y los casos de asesinatos que se dan en ese servicio, o cómo la gente vive en esta ciudad hacinada, o cómo viven los ricos de nuestro país; son las críticas de tu tiempo, de las cuales los lectores pueden aprender mucho.

E.T.: Vos escribiste que "vivir en Guatemala requiere rigor y metafísica"

J.P.: Como te dije con anterioridad, ésas son sólo sentencias, que no lo pretenden ser; pero en cuanto a la cita, quiere decir que en este país se necesita rigor para atravesar una calle, para caminar en la noche, para subirte al trasporte urbano, tenés que estar muy vivo, si no te lleva la chingada; vos no podés estar dentro viviendo un mundo abstracto, aquí se necesita un rigor vital, astucia, malicia. Y metafísica, porque de alguna forma se necesita una visión para soportar la vida en un ambiente tan absurdo.

E.T.: En el mismo contexto recuerdo que uno de tus personajes asevera que no quiere morir en Guatemala, ¿sabés dónde querés vivir o morir?

J.P.: Ronald Flores tiene una línea que dice "Guatemala no existe, Guatemala es un estado mental," si vos falleces en ese estado mental, estás perdido, lo que te hace resistir quizá es la esperanza aunada con la otra alternativa, escapar.

E.T.: ¿Hay lugar a dónde escapar?

J.P.: No. (Guarda silencio) Es el sueño lo que te alienta o te alimenta; es el sueño de escape, como los personajes kafquianos encerrado siempre en el sueño de escapar, todos quieren escapar.
Anotaciones

1 Javier Payeras es un escritor guatemalteco, nacido en 1974. Ha publicado poemarios, compilación de cuentos, novelas breves y ensayos. Actualmente, realiza labores culturales, y es columnista de Siglo XXI.

2 Payeras, Javier. "Ruido de fondo" Segunda edición. Guatemala: Piedra Santa, 2006. Novela breve sobre la visión de un poeta en la ciudad de Guatemala (nota del editor).

3 Payeras, Javier "Lecturas menores". Guatemala: Cultura, 2008. Ensayos, reseñas y anotaciones en torno a obras literarias y escritores.

Fuente: www.lahora.com.gt - 041008