viernes, 27 de junio de 2014

LA MEMORIA Y EL MINOTAURO



Afiche Luis y Laura / Serio Valdés Pedroni



Parece que sobran las razones para abordar el tema de la memoria. La memoria es la eterna búsqueda de un remoto presente, aquello tan inasible como cercano: la memoria milenaria de los pueblos que se halla en su lenguaje, en sus gestos sencillos y comunes, donde también subyacen las tragedias acumuladas tanto como la imaginación y la esperanza. 

La historia registra episodios de neblina. Esos tramos del camino donde todo se borra y pareciera imposible ver lo más próximo. Tarde o temprano el manto espeso se disipa y surge la claridad. La claridad permite ver lo que dejamos atrás y lo que está por venir. La neblina no borra las huellas, tampoco cierra la brecha, tan sólo oscurece lo que es inobjetable. Hagamos la comparación entonces entre la memoria, el camino y lo velado, negar el camino es un esfuerzo tan deleznable como inventar la verdad. Ninguna verdad impuesta dura lo suficiente, ninguna memoria se hace verdad a la fuerza, tarde o temprano vuelve la luz sobre las cosas.

Guatemala esta inmersa en su propia neblina. No puede ver hacia el pasado ni esclarecer su presente y su futuro. Existen demasiadas fuerzas condensadas en el aire, fuerzas que no van a desaparecer de la noche a la mañana. Hallar verdades acerca de nuestro pasado inmediato es rasgar heridas que no cierran. Retornar a un lugar que nunca dejamos, donde los peores temores se dan cuando todo se ilumina y se exhiben todas las atrocidades.

Creo que fue hasta el inicio de esta década cuando por fin comenzamos la resignación. Luego de la difícil negociación y la confortable jubilación que representaron los Acuerdos de Paz para la clase política comprometida con el exterminio de su propio país, devino el peor de los males, el regateo de los costos de la guerra. Detrás centenas de miles de muertos. Detrás poblaciones enteras destruidas. Detrás exilios, torturas, secuestros. Detrás un crimen bien organizado que cuenta con afiliados sobrevivientes de las ideologías redentoras de nuestra pequeña Guerra Fría.
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Esa construcción que imagino como un laberinto que encierra al peor de los minotauros.

martes, 17 de junio de 2014

¿QUÉ SUCEDE CUANDO SOMOS RAPTADOS POR OTRO MUNDO?: POEMAS DE LA ZONA REINA DE MARIO PAYERAS



Lecciones para una guerra / Juan Manuel Sepúlveda

Para Yolanda Colom

¿Qué sucede cuando somos raptados por otro mundo?: El universo de los libros y de las personas se desvanece en los colores verdes que jamás notamos. La lluvia es una circunstancia de enorme belleza, porque los charcos son pequeños lagos. Las naranjas son aliento contra la sed. El nacimiento de las flores hacen de cinematógrafo y asombro. Aunque de pronto, en medio del cielo, atraviese el vacío una avioneta que ni siquiera puede percibirnos. ¿Qué sucede cuando la filosofía se comparte junto con la pobreza? El asombro de entrar en la vida de los invisibles, la poesía ya despojada de toda acumulación de palabras erráticas.

Poemas de la Zona Reina es una compilación de los versos de Mario Payeras que le acompañaron y que le sobrevivieron. Fugaces, bellos y certeros como el tránsito de las hormigas que levantan sus hojas como subsistencia. Basta un sueño, un poema o una idea para darse cuenta de que no vale la pena ser felices a la vieja manera y de que es necesario marcharse conforme hacia el largo domingo sin barriletes ni pájaros, a la región que en los mapas más antiguos que existen, solía representarse con una ballena triste. Payeras devuelve al lector una experiencia inédita: presenciar la vida en la vida. Es cuando dejamos de participar en un mundo infestado de motivos ruines y compartimos una sola necesidad, entender las razones por las cuales migran los azacuanes o por qué resucitan ciertas flores durante algunos días de verano. Quizá porque uno no entiende la importancia de las estaciones si no ha conocido la intemperie, o el valor del fuego si no sufre los fuertes aguaceros. Todo esto es difícil e imprescindible como la ternura o el amor en su nomenclatura más exacta: el pan o el dolor compartidos.

Este libro de poemas, publicado por primera vez en la década del Noventa por Editorial Artemis Edinter y afortunadamente reeditado por Editorial Cultura para el 2014, es una de las obras imprescindibles de la literatura guatemalteca contemporánea. Quizá uno de los tres o cuatro textos que puedan  considerarse desde ya como un clásico. Lo dicen su claridad sobria y su permanencia descafeinada de cualquier efectismo ideológico, teórico o literario. En este punto es cuando la poesía está en la poesía, como la vida está en la vida y el ser está en el mundo o en la tierra o en la existencia:

En el canto de todas las aves canoras
hay menos variedad melódica que en
un aria de Mozart; pero toda la música
no podría compensarnos, como belleza
del mundo, por la extinción aunque
fuera de los pájaros bobos.

De no ser por el compromiso y el trabajo de Yolanda Colom por dar a conocer la obra de Payeras, este libro no existiría. Yolanda compiló, resguardó y entregó a los editores casi toda la obra de este brillante poeta, filósofo y narrador. De eso que los Poemas de la Zona Reina esté dividido en dos episodios: el período que va de 1972 y 1974 (uno de los más álgidos en la lucha armada en Guatemala); el segundo, 1989 y 1994, durante su difícil exilio en México, país que lo acogió hasta su muerte acaecida el 16 de enero de 1995. Ambos períodos se complementan en el asombro ante la vida y el pensamiento. Palabras y actos que al unificarse forman la coherencia... eso que deslumbró a Albert Camus y lo llevó a reflexionar acerca de El Hombre Rebelde. Eso que se transparenta en las últimas líneas de este poema:

nunca como esta mañanas
estuvimos tan exentos de los envejecimientos del espíritu
ni nuestros pensamientos se parecieron tanto
a nuestros actos

Encontrar poesía entre las líneas de un ensayo científico. Encontrar la ciencia entre las líneas de un poema. Deslumbrarse ante las cosas sencillas y ante la belleza de ser feliz en lo necesario:

"Dos cosas más aprendimos en la lluvia:
cualquier sed de hombre tiene derecho cuando menos a una naranja grande
y toda tristeza a una mañana de circo
para que la vida sea, alguna vez, como una flor
o como una canción"




No existirían estos poemas si no existiera la esperanza. Ese es el motivo que llevó al poeta a internarse en lo profundo de las montañas, el motivo secreto de su lucha y la razón primordial de cualquier espera.