viernes, 27 de junio de 2008

INOCENCIA




Los bomberos le echaron la chamarra encima, no recuerdo mayor cosa. Mi vieja me agarró del brazo, a pura verga quería que llorara por mi ruco. A mí me daba lo mismo verlo vivo o verlo allí, hecho mierda sobre la carretera. Mi carnal estaba jalado por esos días. Cuando mi centenaria le contó, dijo que “Ya era hora que se muriera ese hijo de puta”. Mi broder tenía razón. Mi viejo chingó durante años. Llegaba bien a talega a sacarnos de la cama a eso de las tres de la mañana y todo el tiempo andábamos con miedo. Una vez le pegó a mi ruca con la plancha. Cuando mi hermano se metió a salvarla, le quitó la plancha y le zampó una patada en el hocico a mi ruco; mi vieja de turbia lo que hizo fue llamar a la tira y mandar a mi carnal al bote.

Lo que no puedo negarle a ese viejo cerote era que mejor zapatero que él no había. Cabrón para eso. Cuando de chirís me ponía dis que a ayudarlo, me dí cuenta de que era pesado. Los chances se hacían bien o no se hacían. Antes que ese carro lo mandara al hoyo, estaba trabajando duro para poner un tallerón lujo. Me acuerdo que la primera vez que llegué bien loco a la casa —yo tenía unos doce años y mi viejo llevaba rato de muerto— entré en su tallercito y chillé. Casi lo podía ver sentado trabajando como animal, porque bretiava grueso, aunque se pusiera a moronga nunca dejaba de echar punta. El recuerdo me hizo mierda. Me puse la chumpa y como le hacía a la cacha salí a ver que onda.

Ese día vi a un chavo que pintaba de feria y lo hice bajado, después lo hice atravesado con un filero y lo deje boqueando sangre en la banqueta. Al bajarme el pedo sentí rabia por mis muladas. Pero de veras me sentí turbio.

La primera vez que caí al refor me hice compadre de un chavo. Nos poníamos a flexear cuando los tichers se descuidaban y nos escapábamos por la pared de atrás que daba a unas milpas. Cuando regresé, mi ruca me echó de la chante. Me dijo un montón de muladas que ya no me acuerdo. Total paré durmiendo en el parque. La tira nos llegaba a levantar a media noche y se llevaba a la güisas flexeras para cogérselas en las patrullas. Desde chirís mi vieja nos mandaba a talonear a mi carnal y a mí a la imprenta del hijueputa del Chema. El muy cerote nos tenía trabajando hasta que le roncaba la gana, pero con todo y eso me puse las pilas y sacaba los chances al chile. Se me quedó cómo se cortaba, se encuadernaba y toda esa paja. Eso fue antes de que jaláramos al norte con mi carnal.

Mi brother sabía cómo era que corría el agua, toda la casaca para llegar a la frontera sin coyote. Pero unos mierdas nos pusieron allí por Beiquers... o Bakers... no sé qué pisados. Mi hermano quería pasar un cacho de cois y cuando la migra le dio color, no nos la acabamos. Aquí hicieron un gran mate, que era narco y demás pajas. Salió en la tele, en la prensa, todo el mundo hablaba de él.

Mi hermano siempre fue pilas ¡qué trances se discutía! Una vez vaciaron una bodega él y otro su compadre. Ese día me llevó a libar. Ahora está jalado por homicidio, se quebró a dos tiras. Cuando se lo llevaron al Preventivo le metieron una gran verguiada como diez chontes y lo dejaron vomitando coágulos de sangre. Él me enseñó a no andar en maras “esos son huecos, todos los quesos hay que discutírselos uno solo” –dice.

Mi vieja hasta nos niega, le preguntan por nosotros y dice que estamos muertos; tiene vergüenza de decir que somos gruesos. Algún día me va a ver en un buen cherris y con buenas chivas y la voy a llegar a sacar del hoyo donde vive. ¡Si yo soy la neta! Lo que pasa es que hay que sacar el día, hay que ser chinche sino a uno le cae. A mí lo que me llega es andar de rollo. Si hubiera sido un bato de feria sería de esos engasados que van a la Universidad, pero ni así se les quita lo mula... nel, prefiero así, callejero, ahí está todo.

Hay un tira que tengo choteado. La vez pasada me sembró mota y me llevó jalado. Pura gana de chingar. Una granada le voy tirar a la pachuca. ¡Nel, si yo soy grueso!
Ayer soñé que estaba jalado. Ni Diosito lo quiera. Me prometí que cuando cumpla 19, voy a cuadrarme. Neta.


1996

(Este fue el primer cuento que escribí )

5 comentarios:

Analu dijo...

que relato más inocente!! excelente. simplemente genial. refleja muchas realidades de aquel entonces... ahora los broders son más gruesos. me encanta leerte, las imágenes abundan en mi cabeza...

Oswaldo J. Hernández dijo...

Qué gusto encontrar este blog, Payeras. Un saludo.

Esta entrada me ha hecho recordar una reciente lectura: Pateando Paraísos, de Fernando Arrabal; sin embargo, la literaturalización de esta "inocencia " es harto idiosincrásica, prosa urbana.

kique dijo...

saludos amigo payeras, Salud.

Alfonso dijo...

Hey, ¿primer cuento? Acá ya se veía al escritor de Ruido de Fondo, y creo que sí, leerte es como ir cambiando la tele en una noche de insomnio :D Salud!!!

Ana González Ewens dijo...

La verdad es que ésa inocencia nos ronda por todas partes...la que nos salva y la que nos mata...todas inocencias...