viernes, 29 de agosto de 2008

FRIDAY I'M IN LOVE





"To see you in the middle of the night
You can never get enough
Enough of this stuff
It's Friday
I'm in love"

T.C.



Dedos grises abaten la luz que se descascara como si fuese lepra. Todas las gotas corren al océano. Hielo desde el viento sobre una fila de puertas. Habitaciones limpias con pantallas encendidas. Un viernes y cae arena gris. Cuerpos que ceden como castillos de cartas. Gusanos que devoran el fruto como a sí mismos. Cigarros que yacen aplastados como aviones sin piloto. Las cuatro esquinas del cielo. Ráfagas montadas sobre pequeños humanos que se embarran de óleo y abren los vientres del profeta para beber el agua de sus intestinos. Cielos de papel mojado. Y la esperanza es una casa siempre a punto de caerse. El sonido aeme de los frutos estallando en estas horas de cadáveres en taxi. Las avispas cruzan los cuerpos sobre lodo verde. Las voces se caen de los labios y el calor congela. Alarmas y círculos de polvo. Un festival de huesos fríos. Hierven las flores y el agua es vino desnudo. La pureza es amarga y las ideas oscurecen las ideas. El viernes es un teléfono negro, un perro, un milagro dañado, una coma. Los vasos están furiosos y sedientos.



lunes, 18 de agosto de 2008

RETRATO DEL MAL

Me siento culpable cada vez que escribo. Me siento culpable cada vez que termino una hoja y alguien más la lee. Me siento culpable de creer que puedo hacer literatura. La gente que hace literatura se hace literato. Me siento culpable de eso, de decir que soy literato. Esta es una cadena de culpabilidades que al fin de al cabo resultan siendo pura retórica.

Alguna vez leí una frase que me gustó, algo encapsulado en un libro y que me motivó a escribir. Alguien me dio la receta para hornear el pastel y lo quemé. Alguien me aplaudió y canté 4 canciones más. Alguien me empujó y yo resbalé. Nadie me advirtió que sería más fácil si no tocaba con mis manos impuras la prístina hoja en blanco que tenía enfrente.

Nadie debe ser llevado a la cárcel por el simple hecho de escribir, como nadie debería ser llevado preso por desnudarse. Pero si uno escribe y luego publica, es lo mismo que salir desnudo y asustar a la señora que vende el pan: se desfigura la delgada línea entre el amateur semianalfabeta y el genio. Es un crimen.

Así que convertirse en un mal escritor es lo mismo que transformarse en un genio criminal. Yo soy un criminal: he publicado algunos libros no muy importantes, me he llamado a mí mismo escritor, me han llamado escritor y hasta la fecha no he usado guantes quirúrgicos para tocar ni para decir lo que quiero.

Aprecio mucho a la gente que me hace ver las cosas y que mediante su crítica intenta hacerme entrar en razón. Tengo varias personas que me desalientan por mi bien y por el bien de la literatura. Me acusan de todo: oportunista (eso fue lo primero que me dijeron), pretencioso, degenerado, desencantado, consumista, mediocre, farsante, cínico, iletrado, inseguro, ingenuo, pajero y otro montón de adjetivos de ese tipo. Desgraciadamente escribir es lo mejor que puedo hacer (lo que no significa que lo haga bien).

Quizá lo más difícil de todo ha sido sobrevivir. Cuando llego a pedir un trabajo, los empleadores miran mi hoja de vida y se ríen. Les parece estúpido que diga que soy escritor. Todo el mundo piensa que un escritor es una persona pomposa y no un desempleado que —si ellos lo solicitan— les puede tirar la basura y limpiar sus inodoros. Creen que los escritores vivimos en ciudades cosmopolitas, tenemos dinero, agentes literarios, cenamos con embajadores, dictamos conferencias en auditorios llenos y nos acostamos con muchas mujeres. Entonces me responden

—fíjese que ya dimos la plaza—

y no me dejan otra opción que darme la vuelta y largarme.

lunes, 11 de agosto de 2008

EL ÁNGEL EXTERMINADOR ALGUNOS DÍAS SALE TEMPRANO



  • No existe un gesto heroico esta mañana. Bajo los titulares de los periódicos el día se ha vuelto un número más. Pareciera que caminar buscando trabajo, amor o pastillas es una sencilla y solitaria cuenta regresiva.



  • Con algún párpado pegado por no dormir, algunas veces las palabras no vienen. Pasan horas y los dedos parecen secarse. Todo el sueño se ha ido. Prendemos la Tv. y ese zumbido nos mata las ganas de pensar. Sólo observamos su distancia de nuestras vidas, el insomnio no tiene ventanas.



  • Es mejor rayar el cuaderno una y otra vez. Está de más razonar. Concluimos pateando los platos, quebrando las cosas. El blister de alprazolam está en rojo desde hace varios días. Será necesario tomar una decisión. Uno no puede obligarse a sí mismo. No debe.



  • Nadie hace algo por algo y nadie hace nada por nadie. Todo en realidad es un horóscopo. La vida no es clara. Es vulgar. Una continua promesa de desalojo.



  • Son días torpes en queremos sentirnos grandes. Luego vienen esos días secos, ásperos, sin nada qué decirnos y en los que sólo vemos las instantáneas de los techos y de las patas de las mesas. El muelle está lleno de tablas podridas. Salvar las vidas


  • Fumar reclinado en el asiento del piloto. Quitar el freno de mano. Incrustarse en el tráfico absurdo de la mañana. Los teléfonos celulares que repican sobre un tablero y la marcha leve de los indigentes que piden una moneda. La cola de vehículos sigue sin que nos alcance el mundo.


  • El ángel exterminador algunos días pasa temprano.


  • Las letras van con la marea. Ornamentadas entran como una flecha en el ojo y salen por los oídos. Las letras llevan un vientre ancho y un sexo estrecho. Sepultan el blanco de la pulpa comiéndose el cascajo de mugre que simplifica la últimas gotas de café. Las arterias son entonces un río de lava.



  • Una armadura verde. Un cine porno. La niña que masca chicle frente al semáforo. El motorista que lleva y trae pizzas. Los traficantes de órganos humanos. La ensalada de asteriscos fluorescentes. Los corazones acelerados por la vida.



  • Se interrumpen los ladridos. Una rueda de semen aceitoso en los pantalones. Cuesta hablar de los sentimientos. Dentro de nosotros coexisten todas las cosas, las imágenes más absurdas, las oraciones sin sentido. El reflejo respira el reflejo. Simbólicamente estas palabras se pudren y se devalúan. No tienen sentido. No construyen la trama de una novela. La vida no es literatura.



  • Al fondo de la piscina, un cuerpo. Un objeto que dejó de caer. Sólo los niños creen que podemos volar en el agua. Los locos ven hacia abajo a los que nadan. Sólo algunos poseen el secreto para flotar, la mayoría cae, inevitablemente.

miércoles, 6 de agosto de 2008

RELATOS DE AUTODIDACTAS

1. SCHEREZADE

De qué sirven las palabras, ves, es tan fácil escribir. Basta con un estilo, un estilo sencillo, cómodo, corriente. Basta con vencer algunas dificultades, inventar algunas agudezas, decir que la vida es más o menos algo verosímil o inverosímil según la conveniencia.

Dejar de poner palabras es una opción siempre y cuando se pueda resistir la vida sin hacerlo. Si se llega a apostar la vida por escribir.

No hay que matar a un hombre para matar sus palabras, hay que matar sus palabras y no quedará nada del hombre.

Me pregunto qué pueden saber ellos de lo que cuesta ponerse de pie, escribir algo, aunque sea una hoja estúpida y romántica como ésta. Nadie entiende que detrás de las palabras hay un éxodo, detrás de la huella borrosa de un lápiz una respiración se suspende.

Es fácil escribir para un hombre libre, pero no lo es para un esclavo. Para un esclavo escribir es la forma de alargar su vida.

Scherezade, en esos mil y un plazos de ficción y realidad, contaba cuentos para sobrevivir una noche cada noche. Aplazar la muerte es uno de tantos motivos para contar una historia.

Qué puede saber el lector de estas líneas acerca de la esperanza que pones al terminar una hoja, un párrafo o una línea.

¿Para qué te sirven las palabras sino es para borrarte detrás de ellas?

2. CAFÉ SITUACIÓN

Existen estos lugares parcos: los cafés. Las manos confluyen, los platos rozan, los cubiertos lanzan chispas.

A cierta hora chasquea la caja registradora y el cajero vive su ajetreo; las meseras van y vienen con todo cuanto pueden llevar en una charola o limpian con toallas arrugadas algo que se ha derramado sobre el individual.

Sentado aquí, pasmoso y ridículo como un oso amaestrado, escribo llevándomelas de interesante.

Mientras yo, que no conozco nada en el mundo tan destructivo como anotar y borrar, corrijo un legajo de páginas manchadas que pueden transformarse en algo o en nada, escribo pensando en desintegrarme en las palabras. Pasan las horas y la frontera de otra tarde abandona la luz. Ya va siendo hora de marcharme.

3. PARQUE

El sol quema hasta la epidermis. La gente descansa sobre las bancas, algunos extienden las piernas, otros lo hacen con cierta mesura, o sea, no se recuestan completamente. Cada quien tiene su muy peculiar manera de descansar. Muchos helados, también cigarros encendidos. Ancianos con zapatos tenis blancos.


4. PIENSO LUEGO INSISTO

Sentado y con un leve dolor de cabeza, tomo un jugo de naranja (o que sabe a naranja al menos) y trato de leer un poco.

Estoy con “Réquiem” de Tabucci. Su lectura es plácida y llena de sensaciones. Tampoco es un libro maravilloso. Recién dejé a un lado el periódico, una guía turística del crimen y la corrupción que francamente me tiene cansado.

A veces me aíslo. Aún dentro de mí mismo me siento lejano. Lejano de mi conciencia, de esa percepción exterior.

Las imágenes, las palabras. Cansa. Y de pensar ni se hable. Pensar todo el día. Abrir la boca y opinar como si uno ladrara.

Pienso luego insisto.

Ahora mismo, mientras escribo, ya estoy planeando otra cosa, no me detengo. No hay tiempo para esperar, voy de prisa.


5. HEMINGWAY FRENTE AL PEZ VELA

Anoche soñé que pescaba un enorme pez vela.

Era impresionante, pesaba muchísimo, casi hundía la pequeña embarcación en que yo navegaba.

Hoy, inconscientemente, tomé un libro con fotografías de Ernest Hemingway y lo primero que me encontré es la foto del escritor junto a un pez vela. Lo sostiene con una mano —la presa esté colgando de un cable de acero— y lo muestra con orgullo.

Hemingway ya estaba cansado de vivir, pero en la imagen (sólo en la imagen) se ve feliz.
De inmediato me conecto con ese sueño tan difuso de la noche anterior. Hago asociaciones inmediatas: el pez, el cazador, el viejo y el mar...

Tengo muchos asuntos pendientes. Escribir y destrozar el silencio. Alejarme de la orilla, lanzar el anzuelo y esperar.

6. EL RESPLANDOR

Cuando no estás es feo…
Andrés Calamaro


Hay cosas malas que se escriben porque no se soportan más. Un escritor desocupado es peligroso. Puede hacer cosas sin ningún valor, como vivir acosando personas que lo detestan, bebiendo torpemente o buscando cierta pornografía sentimental.
Un escritor más, es un asesino menos; así lo veo.
Si no existiera un Bret Easton Ellis novelista, posiblemente habría otro miembro de la R.F.A. disparando a los perros callejeros en Manhattan. Si no existiese Fight Club, habría un Chuck Palanhiuk sindicalizando violadores en la salida de los aeropuertos. Si no hubiera un Estuardo Prado tendríamos otro torturador de colegiales.
Un escritor más, es un fundamentalista menos; así lo veo.
Un tipo que escriba poemas de amor que hagan brotarle escamas hasta al más frígido intelectual, salva la poesía de las catástrofes del ensayo y de la novela aeroportuaria. Escribir es jugar, ni más ni menos que eso. Play the game. Nada mejor que reclutar poetas para evitarle males físicos a la sociedad, en demérito de los bosques y las toneladas de papel que luego serán abortadas en piñatas de los Power Rangers.
Por favor, si su hijo le dice que quiere hacerse literato no lo censure, puede que en realidad quiera matarlo a usted, degollar al vecino o mancillar braguetas en algún callejón oscuro, y tal vez esa vocación por el lenguaje neutralice ciertos instintos decadentes. Déjelo que raye hojas. Regálele libros. Invite a sus amigos artistas a la casa, lo peor que puede sucederle sería una cena saturada de errores y de plagios donde todos los comensales saldrían hartos de sobre valoración.
A mí me gusta escribir porque el mundo se ve chiquito atrincherado detrás de una página. La vida es simple y los deseos parecen cercanos. Todo sería miserablemente feo sin este desalojo ocasional de la imaginación, pues no tendría gracia alguna vivir de técnicas macabras que sustituyeran esta soledad y este olvido.

lunes, 4 de agosto de 2008

LUZ Y CALOR




(1)

abrir siniestro subliminal ge------------
nesis
amnesia del génesis

vista preliminar

mucha luz
mucho calor

(2)

espasmo
velocidad eje de sus manos
todo admite nuevas negaciones
kerosén
filmaciones en playas enrojecidas
mapas

(3)

semen
dioses inmóviles
opacidades
cuerpo como hangar

(4)

palabras por
carreteras
lamentación y colores

(5)

el hilo se tensa
se agota
y no sé dónde termina
ni quien lo toma

(6)

cabeza turbada por festines
música fuera de todo lo posible
quedan ideas y amigos reunidos

(7)

aguja fracturada rapsodia
brillante indolencia

(8)

Los ojos se apagan como puntos. Rostros familiares, nubes y silencio, viendo fijamente el dolor fracturado en instantes. Las pausas de la respiración en un hilo. Una mano se hunde en otra mano y rodean a quien agoniza. Uno a uno los espectadores salen del cuarto. Todos asisten la muerte de todos.

(9)

sangre y luz
líquidos
elementos confusos

(10)

cada renglón estéril
horizonte
la luz seca de una lámpara
quemando párpados al amanecer


viernes, 1 de agosto de 2008

MI LUGAR MORTAL (Para Juan Pablo Dardón)

Miedo de cañerías heladas bajando por el tubo de la conciencia. Miedo interrumpido por los gestores de mi amable exilio en la cuenca de los meses muertos. Miedo a un sol que comienza a escarcharse. Miedo al encierro de los líquenes y de la naftalina. Miedo al desierto. Miedo a las hojas que caen paralizándose. Miedo a ese lugar común tan lleno de turistas. Miedo a todos los remedios que tiene la soledad.
Aunque a veces no distinga entre el riesgo y la veracidad, entre el escritorio y la barra de una cantina, siempre escribo para alguien. Siempre esos trailer de películas con deformes niños-lobo que devoran carne de adulto. Siempre este lugar donde la página es negra y negro es también todo el silencio en torno a ella.
Este mi lugar vulnerable.
Este sitio de donde vengo, pero donde nunca tengo un lugar.